Territorios Vecinos

TERRITORIOS VECINOS

Excursión Nîmes 143

Me encontraba de viaje por las tierras que hay entre el Ebro y los Pirineos. En estas tenía amigos y clientes. Llevaba unas muestras de la nueva colección para alicatar baños y cocinas. El último grito, diseñado en China, fabricado en Corea, con capital japonés y distribuido por una empresa alemana con sucursal en Valencia.

En Barcelona, mis clientes de una sucursal belga con capital holandés, comerciales mal pagados e instaladores sub saharianos, me esperaban como agua de mayo para cantarme las excelencias de su flamante equipo de balón pie, sus altas cualidades cívicas como sociedad avanzada a su tiempo y reprocharme el atraso moral y tercermundista del resto de los territorios que conformaban en aquel momento el estado.

La desproporcionada actuación policial contra los estudiantes en la capital del Turia era el tema de conversación de aquellos días, por abusiva y vergonzosa. Cuando llegó el tema, todas las partes estábamos de acuerdo. Yo respiré. Parecía que las chanzas motivadas por la ignorancia y ese sentimiento de superioridad característico en cualquier cultura habían tocado a su fin. Yo había aguantado estoicamente y había llegado la hora de enseñar las muestras para anotar los pedidos. No me dio tiempo a abrir el primer libro de muestras. Uno de los presentes insistió en que eso, allí no habría pasado. Que la policía del lugar era altamente civilizada y con un alto grado de espíritu democrático. Y para que no me cupiese ninguna duda me invitaba a una manifestación que se había convocado para la mañana siguiente.

Lo cierto es que no tuve más remedio que darle la razón. Estando en la manifestación, se acercó un policía a un joven que estaba a mi lado y le habló en estos términos:

-¿Me permite? Le he de dar con la porra para hacer el cupo de manifestantes golpeados.

-Lo siento,-le dijo el joven,-pero ya tengo el cupo de golpeos de porra de este año,-y le enseñó un certificado con todos los golpes de porra recibidos reglamentariamente aquel año.

-Es una lástima. Por que ayer aprobaron el golpe descuento. Es por la crisis. Un solo golpe vale por tres, y según la parte golpeada, hasta por seis. Con derecho a incluirlos en el currículo para la carrera política o sindical, indistintamente.

Ante la noticia, el joven se lamentó profundamente. Pero unos metros más a la derecha, una joven llamó la atención del agente.

-Agente, agente, yo aún no tengo el cupo de golpes. A mí me va perfecto.

El agente se acercó solícito y preguntó:

-¿Alergias? ¿Embarazo? ¿Mareos?,-a lo que la joven respondió enseñándole su historial médico y sus análisis recientes.- ¡Perfecto! Esto hace de usted la candidata perfecta para recibir un golpe rebaja de mi porra.

-Antes de golpearme, -pidió la joven,- ¿puede hablarme en catalán? Eso aliviaría mi dolor.

-Lo siento,-se disculpó el agente.- Estudié para aprobar el examen de conocimientos lingüísticos de nivel b. Mire, se lo voy a enseñar. Como puede comprobar lo tengo aprobado pero soy incapaz de mantener una conversación sin provocar la aparición de un nuevo dialecto. Por respeto y para la calidad de la conversación prefiero no hablarlo. ¿Es un problema?

-No es una situación ideal. Pero como mínimo la porra estará fabricada en nuestra tierra.

-Casi. Fabricación taiwanesa, según un diseño turco basado en el modelo tradicional de la porra catalana. Ergonómica y testada para la delicada piel del catalán medio. Eso sí, el encargo fue catalán y la porra me fue entregada de manos del President. Y mire, conseguimos que nuestra identidad se reconociese en un territorio más. Fíjese.

Le enseñó la porra que ponía “made in Catalonia”.

-Esto lo escribieron en Taiwan. Todo un reconocimiento a nuestra identidad.

La joven no pudo aguantar por más tiempo su pasión y le suplicó al agente:

-Golpéeme con esa porra.

Pero el agente se contuvo y con buen criterio le dijo a la joven.

-Antes hemos de pactar dónde la golpeo. ¿Le parece bien en la nalga, y con intensidad uno?

-Me parece bien,-dijo la joven.-Rápido, proceda a cumplir con su deber.

El policía la golpeó suavemente por encima de la nalga. Un hombre que estaba al lado empezó a quejarse.

-Bueno, bueno. Lo que hay que ver. Esto es abuso de autoridad. Señora, ha de denunciarlo. Este hombre no ha cumplido. No ha golpeado en el sitio acordado.

-De verdad que lo siento,-dijo el agente.- Puede presentar una denuncia. Por este golpe le corresponden tres sellos de regalo, pero si usted presenta la denuncia, obtendrá dos sellos más. Yo doy fe del incumplimiento de palabra por mi parte. Si es necesario, declararé que no la golpeé en el lugar acordado. Pero normalmente con el testimonio escrito es suficiente. Aquí tiene, señora. Que tenga una buena manifestación.

-Gracias, agente, por cumplir con su deber.

No tuve más remedio que rendirme a la evidencia. ¡Qué alto grado de civismo y amor a la patria!

Josep García

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