PARAULES DE JOAN BUSTOS

Dijous passat va ser la presentació de Paraules de Júlia a la llibreria Maresme de Mataró. Hi va oficiar en Josep Garcia com a mestre de cerimònies, i en Joan Casanovas va parlar fins fer-nos contenir la respiració. Als vincles d’amistat amb tots dos calia afegir les qualitats objectives d’un i d’altre: dicció dramàtica del primer, anàlisi profunda i amena del segon.

En primer lloc Casanovas va fer esment del pacte ficcional que suposa assumir la veu d’una adolescent, l’Helena, que al seu torn assumeix la veu d’una altra, callada per una raó de pes. Raó que no va desvelar, inaugurant el cúmul de motius per llegir la novel·la.

Enllaçant amb això, tot seguit va passar a parlar de les paraules, la tria de les quals no és innocent ni tampoc immotivada (tant a ell com a mi ens pesa la formació com a filòlegs). Parlar (o callar, arribat el cas) és un acte connotat, ja des del moment que algú tria un nom per a algú altre.

Tot seguit va incidir, amb èmfasi especial reblat pel dramatisme d’en Josep Garcia, en desvelar algunes de les referències literàries dins de la trama. Algunes evidents, d’altres no tant.

Després de comentar l’estructura del relat, va fer esment de les crítiques que ha rebut fins al moment. El resultat? Doncs pel que he pogut comprovar, un interès per part dels assistents per submergir-se en la lectura que va més enllà de l’estima que puguin sentir per l’autor.

Va ser extremadament original equiparar el tast d’un vi, real i tangible, que va obrir a davant del públic, al d’un llibre: cap crítica, per motivada que estigui, s’equipara a passar-ne les pàgines.

Va ser emotiu, per acabar, retrobar en la presentació professors meus i companys d’escola que feia anys i panys que no veia.

PARAULES DE JÚLIA, DE JOAN BUSTOS

Paraules de

¿De qué trata la historia? De una amistad truncada por la distancia y el silencio. Tal vez sea la historia de Encadenados (Notorius, 1946,) de Hitchcock pero contada desde fuera y sin Mc Guffin atómico de por medio. Soy consciente de que diciendo esto estoy despistando a los futuros lectores, pues la historia no va de espías, va de adolescentes, brillantes, mediocres, fracasados; va de arquetipos; va de cuentos y de su interpretación, reinterpretación de estos. La historia es el cuento, probablemente el cuento por excelencia: La Caperucita Roja. ¿Quién no lo conoce? ¿Y quién cree que está desfasado, que es un cuento, una historia de otras épocas?

Lo de Encadenados lo he traído a colación mientras escribía estas palabras. Lo cierto es que durante la lectura en ningún momento he pensado en el film. Lo he hecho a posterirori, al reproducir la historia en mi cabeza y recordarme de las palabras de Joan Bustos, que seguramente no sean suyas pero que salieron de su boca en una conversación de esas que solemos tener: “Somos lo que leemos. Nuestras lecturas (historias) están llenas de referentes culturales tan profundamente impresos en nuestra mente que es imposible no tenerlos presentes en el momento de componer una historia. De hecho, debemos asumir que cocinaremos con ingredientes prestados de aquí y de allá y que la gracia dependerá de nuestra habilidad como narradores de historias.” Al nombrar Encadenados, solo he querido mostrar mi cultura relacionando una historia con otra. Sé que eso puede propiciar o conducir al lector a visualizar en su mente lo que está leyendo de una determinada manera. Yo no la he visualizado a la manera Encadenados. Y quiero decir que es una obra muy visual. Con las palabras de Helena, de su recuerdo de Júlia y de la interpretación emocional de su realidad, he visualizado cada escenario en donde se mueven los personajes, pues como sucedía en la tragedia griega, en el relato no sucede nada, todo lo que sucede (los hechos) lo hace fuera del relato. Esto no es un apunte de gafaspasta, es para que seáis conscientes de la magia de Joan Bustos al utilizar las palabras y contar una historia. Cómo con su cuidada elección de la palabra, transmite paisajes y sentimientos.

Estamos, y lo voy a decir, ante una puta obra maestra, en donde toda la obra es una inmensa metáfora de la caperucita roja, en una primera lectura, y que hace del cuento de la caperucita roja una inmensa metáfora de las relaciones de género, con algunos fragmentos deliciosos para aquellos lectores que sean capaces de ir más allá de lo narrado y vean el juego literario que Joan Bustos, de la manera más sencilla, y sin caer en el esnobismo literario, nos propone.

Además, la obra, refleja la variedad y riqueza cultural de nuestra sociedad, de una manera sencilla, sin estridencias. Variedad que tiene su razón de ser en una de las piruetas finales. ¿Quién se enfrenta al lobo? Leedlo, no tiene desperdicio.

Solo decir, que si en lugar de Joan Bustos, el nombre fuese John Bushtowsky, seguramente ya habría alguna empresa visual detrás de conseguir los derechos para la pantalla. Pero eso es otra historia.

Recomendable para todos los públicos y para aquellos adolescentes que deseen saborear un texto no idiota.

MOTÍ AL BOUNTY, DE JOHN BOYNE

Motí

MOTÍ AL BOUNTY, de John Boyne

No habéis leído mal y no es ninguna errata; pongo el título en catalán pues así es como he disfrutado de esta magnífica novela del autor de El niño del pijama de rayas, en su traducción al catalán. Confieso que este autor, del cual me he leído tres novelas, me tiene enamorado. La clava al narrar sus historias desde el punto de vista de la infancia, así es en las tres novelas que he disfrutado; para ser justos, en Motí al Bounty lo hace desde el punto de vista de un preadolescente. Recomiendo la novela, no tiene desperdicio y es impagable la traducción de las palabras, hechos y acontecimientos que la mirada infantil hace del mundo de los adultos. Cómo una mirada pura, sin maldad y sin estar atrofiada, desnuda, igual que sucede en El traje del Emperador, todo lo que sistemáticamente los adultos, deformados por la experiencia de que el mundo es así, dan por certezas absolutas es sencillamente demoledor.

La historia narra lo que ya sabéis por las películas que en su día interpretaron Clark Gable, allá por los años 30, más tarde Marlon Brando, en tecnicolor, por los 60 y posteriormente varias versiones para televisión, siempre con nombres de relumbrón, sobre el enfrentamiento entre el tiránico capitán Bligh y uno de sus oficiales, el teniente Christian. La gracia de esta versión está en ser narrada a través de los ojos de John Jacob Turnstile, un niño de catorce años, que se enrola, como una especie de compensación para escapar de la cárcel, como criado personal del capitán Bligh. Naturalmente la historia que se cuenta sobre el viaje a Tahití, el tiempo pasado allí, el motín, la gesta del capitán Bligh de llegar a Timor tras cuarenta y un días de navegación en una barcaza, con dieciocho almas fieles a su mando, con un estricto orden de racionamiento y el posterior juicio, adquieren una nueva dimensión.  Y aquí vuelvo a recomendar su lectura. Sorprenderá a aquellos a los que la historia les haya llegado a través del tamiz de Hollywood. Ojo, no quiero desprestigiar las películas, que me parecen maravillosas piezas en su género, ambas, con interpretaciones notables y una fotografía muy llamativa la de los sesenta, pero estas… poco o nada tienen que ver con lo que la novela narra.

Una de las cosas que sorprenderá, y que novelas como las de la saga de Patrick O’Brien, han puesto de relieve, es que en los barcos de su Majestad se embarcaban desde muy niños para aprender la ciencia de la navegación, cada uno según su rango social. En los barcos se enrolaba a menores de edad, cosa que, si no recuerdo mal, no se refleja en las películas que he mencionado. Otra de las cosas es que en la novela se tocan temas tan de moda hoy en día (desgraciadamente), como los abusos a los menores, entre otros; impacta, más por lo que no dice que por lo que dice; es una maravilla cómo John Boyne habla de ello, y de otros temas, sin cargar las tintas (algo muy tentador), y cómo sensibiliza al lector a través de la voz de una víctima, que lo cuenta con rabia pero con un instinto brutal por aferrarse a la vida y con el deseo de pasar página y luchar por su lugar en el mundo. El personaje de John Jacob Turnstile, os enamorará desde el principio, por su desparpajo, su humor, su vitalidad, su inocencia… que conserva, a pesar de todas las situaciones adversas que ha vivido. Y aquí os insisto otra vez, leed y disfrutad, no solo de aventuras marinas, también de cómo la mente de un niño desmonta las certezas de los adultos y sobrevive en un mundo hostil con tenacidad, humor y apego a la vida.

HABLANDO CON JOAN BUSTOS

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Conversamos de muchas cosas, sobre todo de la vida. Después de todo, la literatura es vida. Vida vivida, vida soñada, vida añorada, vida de otros o vida propia pero vida.

Joan Bustos es un hombre de cincuenta tacos. Filólogo, profesor y maestro (que no es lo mismo), lector ávido (aunque no lee todo lo que le gustaría, lee mucho, pero muchas de estas lecturas vienen impuestas como parte de su trabajo para la editorial), traductor, escritor. Es una persona que ha vivido, intensamente, y eso se nota. Es muy próximo y accesible, de verbo fácil; a poco que se encuentre a gusto, ya está hablando de su vida, su experiencia, sus intereses literarios y creativos, y escuchando, pues toda persona que sabe, y Joan sabe un rato largo, escucha y observa. Ah, no lo he dicho, pero de todo lo expuesto se deduce que es un trabajador incansable, pues aunque tiene muchos dones naturales con los que podría pasar sin esforzarse mucho, trabaja y se esfuerza por cultivar su talento natural y superarse día a día.

Lleva presentándose a premios, concursos y certámenes literarios desde los 22 años. Perseverante lo es. Por fin ha ganado el premio Enric Valor de narrativa Juvenil del año 2015. Es muy complicado el mundo literario, no es llegar y besar el santo, y Joan es una muestra de ello: un buen escritor, con talento, que lleva muchos años trabajando en textos de gran calidad y empieza a ver los frutos de casi treinta años de trabajo.

La literatura la lleva en vena pero lo que le llevó a presentar sus escritos a las editoriales fue un cúmulo de circunstancias diversas. La primera fue la lectura autoimpuesta de textos para recomendar a sus alumnos: “la de maestros que recomiendan o eligen libros para sus alumnos sin haberlos leído”. (Dato alarmante. Mis ojos como platos) “Noooo.” “Sííííí.” Esto le llevó a realizar un trabajo de lectura para la editorial. Lee textos y da su opinión. Y esto le llevó a conocer cuántos textos infantiles y juveniles son de calidad infame y se dijo, “yo lo puedo hacer mejor.” Una historia adecuada, que enganche y bien escrita. Y doy fe de que con Pa sucat amb somnis lo ha conseguido, libro en que, por cierto, hace publicidad de su novela juvenil, Música amagada. “Eres el primero que me lo comentas.” “No me lo creo.” “Sí.” “¿Y cómo es eso?” “Porque tu lees. La mayoría pasan la vista.”

Pero ya hablaremos de Música amagada (Música oculta), pues ahora toca seguir hablando de lo que le llevó a presentar sus trabajos a las editoriales. Joan habla a sus alumnos de literatura, les habla de libros, les cuenta historias y consigue que se interesen por ellas. Cuando habla, y los que estáis con niños sabéis lo difícil que es, sus alumnos callan y le escuchan, y le piden más historias bellas, incluso en el patio se le acercan y le preguntan por el libro que lleva debajo del brazo, si la portada les atrae (las portadas venden). Naturalmente pensó que si podía captar la atención de un auditorio con la palabra, ¿por qué no intentarlo con una novela?

Y hasta aquí hemos llegado. Otro día, más.