La Legalidad

LA LEGALIDAD

Copia de Excursión Nîmes 010

 Entré en la biblioteca pública. Mi profesor me había impuesto un trabajo de investigación. Yo hubiese querido hacerlo sobre el toreo pero, en aquellos tiempos, su práctica había caído en desgracia y estaba muy mal mirado todo lo relacionado con la brutalidad de la tauromaquia. Cuando se redujo el número de ganaderías y el denigrante espectáculo de muerte, sangre y tortura volvió a dar dividendos, se produjo una recuperación milagrosa de esta antigua arte y volvió a la palestra de la actualidad haciendo las delicias de los paladares más exquisitos.

Pero como ya he dicho, en aquel entonces no estaba el horno para bollos y hube de aceptar un trabajo sobre las instituciones que tenían como objetivo la perpetuación de los sistemas de gobierno en las diferentes culturas. El tema, a mis dieciocho añitos recién cumplidos, no me interesaba en absoluto. Pero donde hay patrón no manda marinero.

En tiempos pretéritos habría hecho un precioso viaje de campo tras haber reunido información suficiente. Pero los recortes en educación no nos permitían ir más allá de los servicios de la vieja biblioteca, y gracias. Los trabajos de campo quedaban reservados para los estudiantes con posibles o para los que pasaban la fina línea entre estudiante y profesor. La vieja institución griega seguía vigente pero sumergida, como buena parte de la economía.

Como todo estudiante bien adiestrado busqué la información entre las vicisitudes de los gobiernos y sociedades de nuestro pasado. Empecé la consulta de viejos, ajados y polvorientos tochos olvidados en los fondos de la biblioteca y que una vez cada lustro veían la luz entre las manos de estudiantes tan desganados como yo.

Al abrir uno de ellos, la nube tóxica de elementos que formaban aquella patina de polvo hizo estornudar repetidamente al lector que estaba a mi lado. Este me miró y me preguntó por la naturaleza de mi trabajo. Se la expliqué y me dijo que me ayudaría, no por simpatía hacia mí, sinó por no ver agravados los síntomas de su alergia.

Lo primero que hizo fue obligarme a dejar aquellos volúmenes siniestros y obligarme a leer el periódico del día. En este venía una noticia de un pueblo que tras un año de democracia pedía una vuelta a la dictadura de la que había salido. Cuando terminé la lectura me dio una serie de fechas y me dijo que pidiese los periódicos de las fechas que me había dado.

Así lo hice. Eran fechas de veinte años, cuarenta años, sesenta y cinco años y noventa y un años atrás. La única condición era que consultase los ejemplares a una distancia prudencial de su presencia. Así lo hice y me sorprendí leyendo la misma noticia. El país, un territorio situado por el centro de Europa, pedía la vuelta a la dictadura tras disfrutar de un año de democracia. En uno de ellos, aclaraban que era una figura institucional el restablecimiento de la democracia a la muerte del dictador de turno.

Tras leer los periódicos y anotar cuidadosamente toda la información volví con mi improvisado tutor de trabajo. Leyó mis notas y me dio una referencia bibliográfica. Fui a pedir el libro. Este era una serie de entrevistas con diversos políticos, próceres y ciudadanos de a pie del país. Incluso había conseguido hablar con un secretario del vicesecretario de uno de los dictadores. Como era tarde, decidí sacarlo en préstamo, a lo que mi tutor se opuso.

-Déjalo,-me dijo-. Ya lo consultarás mañana. Nadie se interesa por este libro.

Agradecí el consejo de mi tutor, ya que andaba flojo de bolsillo y no me iba demasiado bien pagar el euro reglamentario por préstamo que había instaurado el gobierno como forma de ayudar a paliar el déficit cultural. Así que devolví el libro con la esperanza de encontrarlo al día siguiente.

Mi tutor tenía razón. El libro no había sido pedido por ningún usuario. Lo tomé y procedí a su lectura para sacar información en torno a este pequeño país. Tras varias páginas, el entrevistador llegaba a la conclusión de que los poderes de aquel país habían encontrado una buena solución en la institución denominada “interdictatoriado” para perpetuarse en el poder a petición ciudadana.

El secreto era hacer que la democracia costase el triple al bolsillo del ciudadano sin aumentar el poder adquisitivo de este. Al año de democracia, el ciudadano de a pie, ahogado económicamente exigía la vuelta incondicional a la dictadura y a la pérdida de sus libertades. El dictador y sus colaboradores se erigían como voluntarios para salvar al país, sin sueldo. Naturalmente, para subsistir aceptaban toda suerte de parabienes y corruptelas. A la muerte del dictador, los ciudadanos, cansados de la corrupción y de la falta de libertades, exigían la democracia. Los herederos del dictador concedían la democracia a la ciudadanía. Se presentaban políticos profesionales que cobraban un buen sueldo por sus funciones. Estos delegaban en consejeros que cobraban un buen sueldo por sus funciones y además, aceptaban toda suerte de sobornos y corruptelas, con lo que ahogaban económicamente al ciudadano que se lanzaba a la calle a exigir la vuelta a las mieles de la corrupta, fraudulenta pero barata dictadura.

Aún estoy pagando las consecuencias psicológicas de aquel trabajo de investigación.

Josep García

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