Els Millors Relats de Roald Dahl

Hace poco leía el artículo del escritor Joan Bustos, del que tengo el honor de ser amigo, publicado en su blog sobre literatura, que no tiene desperdicio, ni el blog ni el artículo. El artículo iba sobre el yantar, el buen yantar. Bueno, no exactamente. Digamos que comparaba la dieta alimenticia con la literatura, algo que no me sorprende, pues en sus relatos la comida tiene un protagonismo importante, tanto que incluso es el famoso mcguffin hitckoniano de uno de sus relatos infantiles: Pa sucat amb somnis, título tan poético en catalán como imposible de traducir para un novato como yo al castellano. Bien, para ser justos, la comida es algo más que un mcguffin, por lo que seguramente es un buen mcguffin, menuda boutade.

El caso es que al hablar de literatura hablaba del exceso, de todo aquello que agiganta el volumen de la  obra literaria sin aportar absolutamente nada, y, por moda, por partida triple, ¿no querías caldo? ¡Toma tres tazas! Cómo la elegancia, la concisión, la precisión, la exquisita descripción, a la vez que exposición de hechos y elegante muestra de la evolución y sentimientos de los personajes se pierde en aras de conseguir el burdo récord guinness por ver quién llena más páginas con insufribles e imposibles disquisiciones del tipo: ¿me ama o los unicornios son seres pluricelulares con sabor a miel entre nubes sin agua debido a la epidemia de vampiros rubios con pezones alérgicos al lino? Que al lector le importan una mierda y que nada aportan al relato.

Me pregunto, ante este panorama de gula literaria imposible, cuántas grandes obras de la literatura habrían pasado la censura del editor por no sobrepasar las cien o ciento cincuenta páginas. Si nos paseamos por las editoriales y hojeamos algunos grandes clásicos, los hay que sobrepasan las doscientas páginas incluyendo en ellas un exhaustivo estudio de ciento cincuenta. De acuerdo, también hay grandes clásicos con mucha página, pero a diferencia de tanta literatura con sobrepeso, no les sobra ni una palabra, por algo han aguantado la criba del tiempo, juez inapelable. Y si tienen volumen es porque el autor ha considerado que era necesario y sustancial, en épocas menos generosas para el derroche de recursos. Independientemente de su calidad literaria, que considero que la tiene, pocos editores negarían, hoy, la publicación de El Señor de los Anillos, solo por volumen, cuando en su día fue una traba, el volumen, por lo que hubo de ser dividida en las tres partes que conocemos. Y reconozco que me arriesgo al decir que pocos editores se negarían pues no es una obra insustancial, no es adolescente y no tiene como protagonistas a malvados almibarados, melifluos, melosos y empalagosos productores de colesterol en vena, con remordimientos por ser lo que son.

Universos literarios aparte, lo que quiero es reivindicar mi actual lectura: els millors relats de Roald Dahl, con lo que creo es una buena traducción de Ferran Ràfols Gesa. Digo creo pues al no tener grandes conocimientos de inglés no puedo valorar del todo, lo que sí puedo decir es que me seduce, y buena parte del mérito de esa seducción seguro que es del traductor. Y ¿por qué he empezado la reivindicación de esta edición de relatos, muy buenos, con el artículo de Joan Bustos? Pues precisamente porque  Roald Dalh es de esos autores que se dedican al cuento o relato corto y que no necesitan llenar y llenar páginas sin sentido para tejer una historia y atraparnos en ella, con toda su dosis de mordacidad, humor, “maldad” y saber hacer. Tan “sencillo” como disfrutar de la literatura y hacer disfrutar de ella. Es sencillamente mágica su técnica para plantear una situación, meter a unos personajes en ella y crear un ambiente de lo más vívido, y todo con ese estilo único que poseen los grandes de hacerte creer que ese relato es especial para ti y que te lo está contando con la tranquilidad de quien se sienta en una mesa e inicia una cálida conversación como parte de su día a día. Una conversación que adquiere el cariz adecuado para cada historia, para cada momento, para cada personaje. Una conversación inteligente, irónica en donde el lector interviene para darse cuenta de que el autor le lleva por donde quiere y de la que se sale, si eso es posible, más inteligente de lo que se entró en ella, o al menos, con más conocimiento de la vida del que se tenía al principio de ella.

Recomiendo la lectura de los relatos, no sé si los mejores, pero muy bien elegidos y seguro que más de uno de estos relatos si sois ávidos consumidores de cine os va a sonar y recordar algún que otro film que hayáis visto y que habéis alabado como muy original, pero eso es otra historia de la que hablaremos otro día.

Sí, por supuesto, también os recomiendo Pa Sucat amb somnis i  La Fina Ensurts i Paruales de Júlia….

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