ENTRE FANTASMAS

ENTRE FANTASMAS

Ceremonia del te 237

 

Me han enseñado que los fantasmas no existen pero, yo, sé que es mentira. Convivo entre fantasmas; están entre nosotros aunque queramos ignorarlos. Ellos es lo que pretenden, pues nosotros somos su alimento y nuestra ignorancia les da el poder que necesitan para sumirnos en la oscuridad. Yo no me rindo, voy a por ellos. Únete a mi lucha contra los fantasmas. O ellos o nosotros. Si te quedas al margen, eres de ellos. Dicen que los fantasmas no existen pero yo camino cada día entre políticos corruptos. Esto es una guerra, mi guerra.

“Extracto del diario de guerra”

EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN PETIT INDI. Fragmento.

EL CURIOSO CASO DE BENJAMÍN PETIT INDI

Ceremonia del te 237

 

Hoy os dejo con el principio de un relato que forma parte de una recopilación de cuentos, algunos de los cuales ya habéis leído pro aquí. Espero que os guste el principio. Un saludo:

El día que nació Benjamín Petit, en pleno invierno, lució un sol espléndido. Sus padres lo consideraron un buen augurio. Pensaron que con aquel niño venía incluido un paquete de prosperidad para la familia. Las jornadas que siguieron al nacimiento de Benjamín, confirmaron a la familia en esta convicción. Los días amanecían y transcurrían soleados, las nieves se fundían, el crudo invierno retrocedía y dejaba paso a las suaves calores que auspiciaban una temprana primavera.

Benjamín crecía sano. Mamaba bien del pecho materno. La leche que consumía le alimentaba, hecho que dejaba bien claro sus deposiciones, tras el complejo proceso que se desarrolla en el estómago. Aumentaba de peso, tenía buen color, no presentaba irritaciones, poco a poco despertaba a los estímulos de su alrededor respondiendo adecuadamente, lo que entendemos como un proceso normal en el desarrollo de un bebé.

Como a todo niño, llegó el día en que a Benjamín hubo que sacarlo de casa, para que le diese un poco el aire y para que poco a poco se fuese haciendo al día a día de la vida diaria. Ese día, despertaron a Benjamín, le dieron su ración de pecho matutino, esperaron a que el esfínter hiciese su trabajo, le cambiaron el pañal, le pusieron ropa para salir a la calle, le metieron en un precioso carrito y traspasaron el umbral de casa, momento en que el cielo se abrió y empezó a llover. Naturalmente entraron a por un paraguas, pues antes de poner el pie en la calle, el sol lucía como en días anteriores. En cuanto entraron a por el paraguas, el cielo se despejó y paró de llover, por lo que volvieron a salir a la calle sin paraguas, momento en que volvió a llover a cántaros, por lo que volvieron a entrar para coger el paraguas, momento en que volvió a lucir el sol, así, de repente, sin transición. Finalmente, ante los cambios tan bruscos de meteorología, decidieron coger el paraguas, aunque fuese un estorbo. No se arrepintieron de su decisión, pues nada más traspasar el umbral de la vivienda, volvió a llover a cántaros.

NAVEGANDO

NAVEGANDO

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Hoy voy a relatar una anécdota que me sucedió hace algún tiempo, anécdota que prometí a Redalmados, aquí tenéis el link a su blog http://redalmados.wordpress.com/ , os aconsejo su visita, pues siempre encontraréis una emoción, un pensamiento, un fragmento de vida  esperando para susurraros que no estáis solos.

Como algunos sabéis, y los que no sepáis os lo comento, una de mis aficiones y que al mismo tiempo es una de las actividades con las que sobrevivo, es navegar a vela. Hace años, en una escuela de vela, cerré un acuerdo con un chiringuito para que sirviese a los alumnos del centro un menú económico. Los detalles no tienen importancia. El caso, es que en el chiringuito trabajaba una camarera, bastante simpática, que siempre me invitaba a un café o a un agua. Nunca me los cobraba.

En agradecimiento, a esta pequeña atención, la invité a salir a navegar un día en que yo no tuviese nada que hacer y ella tampoco. Los horarios laborales, en verano, en zonas turísticas son devastadores. Ello hizo que no pudiésemos salir a navegar hasta el otoño. Un día de otoño, de esos que no había mucho movimiento, se presentó en mi despacho, y me dijo que si yo lo tenía bien, ella tenía libre lo que quedaba del día. Total, que dejé cuatro mails que podía enviar más tarde, aderecé una embarcación y salimos a navegar.

El día era propicio, soleado, brisa suave, aguas tranquilas… cosa que nos permitió fondear y darnos un baño. El caso es que siempre dejo que la gente que navega conmigo, sean alumnos o invitados, lleven la caña y realicen alguna maniobra, más si el día lo permite. Aquí he de decir que hay un término, arribar, que utilizamos en náutica para indicar, en una de sus acepciones, que hemos de agrandar el ángulo que forma la quilla en relación con el viento, o lo que es lo mismo, alejar la proa del viento. Justo es decir que yo no le había dado la explicación pertinente.  El caso, es que cuando le dejé la caña y le di la voz de: “Arriba”, ella, naturalmente, se puso en pie, con mi natural desconcierto, seguido de mi carcajada y de un rápido rodeo de su cintura, no llevaba camisa ni similar, para hacerla sentar enseguida y librarla del golpe de botavara.

Aquí, los avispados y entendidos diréis: “Pillín, que la podrías haber librado del golpe con un toque de caña, no era necesario ese tocamiento.” Lo cierto es que hombre prevenido vale por dos, pues hice ambas cosas a un tiempo. El caso, es que antes de poder explicarle nada, me besó… pero eso es otra historia. Cuando se lo expliqué, no se por qué se rió más, si por la confusión que había provocado la voz arriba o por haber pensado que la había atraído hacia mí con intenciones diferentes a las de evitar el fatídico golpe con la botavara. Y hasta aquí puedo leer. Espero que te haya gustado la anécdota. Otro día, otra.

HA VUELTO DE TIMUR VERMES. GALLARDÓN ATACA DE NUEVO

HA VUELTO DE TIMUR VERMES. GALLARDÓN ATACA DE NUEVO

Ceremonia del te 237

Ha vuelto, de Timur Vermes, es una novela que relata con fina ironía, cierto humor y una inquietante visión analítica la vuelta a la vida de Hitler, con la misma edad y aspecto físico que cuando se suicidó pero sin ninguno de sus achaques de salud. La novela, mientras la leía, me llegó a inquietar más de lo debido, pues ese Hitler que muestra me caía simpático mientras pasaba una tras otra las páginas del libro. Mi inquietud me llevó a plantearme dejar de leerlo. ¿Cómo era posible que ese monstruo me cayese simpático? La respuesta, supongo que está, no en el monstruo, sino en los que le rodean,  seres grises infumables.  Y es que el autor traza un despiadado retrato, bien es cierto que deformado por la mente enferma del  protagonista, de nuestra realidad más inmediata: la mediocridad política, la influencia de las nuevas tecnologías, la manipulación de la prensa, la pasividad de la sociedad ante la tiranía de los índices de audiencia y la progresiva degradación de los contenidos… todo ello muy inquietante, subrayado por un leivmotiv que se repite el personaje una y otra vez: “Ya lo hice una vez.” “No me rendí ante las limitaciones.” “Empecé de la nada.” Hasta llegar a ese inquietante final en que Hitler, consciente de lo que tiene y con una sola idea en la cabeza, ha asentado las bases para su nueva escalada política. Algo tan impensable actualmente como lo fue en su momento, en aquella Europa de entre guerras.

Tan impensable es que en Alemania vuelva a gobernar un partido nazi, como lo es que en España, un señor llamado Gallardón acabe con las garantías democráticas y con la democracia, proponiendo reformas judiciales que benefician a los corruptos y a esa familia de anormales antidemocráticos que fueron bendecidos en su día por el dictador, con el gobierno, por derecho divino y de nacimiento,  de un cortijo llamado España. Señor Gallardón, le señalo como uno de los responsables de la degradación del sistema democrático. Usted es un corrupto, ya que sus reformas van encaminadas a enquistar el camino de la justicia y a allanar el de la corrupción de sus amigos, sus anómalas amistades y el de sus malas prácticas. Llegará un día en que le veré sentado en un banquillo de justicia internacional, respondiendo por sus crímenes contra la humanidad, pues condenar a la población más desfavorecida al hambre, al paro y a la pobreza, encubriendo a sus amigos con reformas de la justicia es un crimen contra la humanidad del que no puede salir impune.

Termino con un consejo: no se masturbe ante la tumba de Franco, el carnicero de Galicia. Aunque lo que salga de lo que tenga entre las piernas, se cuele entre los resquicios de la losa y alcance a la momia del momio, este no va a resucitar. Le diré, para su información, que las películas de vampiros son una ficción. Iba a decir como usted, pero usted no es una ficción, usted es una mentira, señor Pajón, uy, quise decir Gallardón.

LA ESCUELA. FRAGMENTO DE DONDE HABITAN LOS MONSTRUOS

LA ESCUELA

Ceremonia del te 237

 

La escuela del pueblo era pequeña. Los alumnos de sexto, séptimo y octavo estábamos juntos y teníamos a la misma maestra. Entre todos, no llegábamos a los veinte alumnos. Comparada con la escuela a la que había asistido, hasta entonces, me parecía un lujo. Aunque no me había presentado, todo el mundo sabía quien era y el motivo por el que estaba allí.

Jorge, el hijo de los Dávila, los que tenían la yeguada que había visto desde mi ventana, me invitó a montar aquella tarde. Por la tarde no teníamos colegio. Era otro de los pequeños privilegios de que gozaban los alumnos en aquel rincón perdido de la mano de dios.

FRAGMENTO DE DONDE HABITAN LOS MONSTRUOS.

MI CEREMONIA MORTUORIA

MI CEREMONIA MORTUORIA

Ceremonia del te 237

Estaba el otro día, con una de mis amigas en las fases preliminares del lance amatorio, ya saben a qué me refiero, cuando sucedió lo lógico y normal en estos casos. Se produjo la reacción, descrita en los manuales, de aumento de tamaño y dureza de mi miembro, ustedes ya me entienden. Yo, que había dejado la cámara de fotografiar  preparada, le dije a mi amiga, que también mostraba los síntomas propios de la excitación del momento, que me permitiese tomar una foto. Aquí he de aclarar que la intención era tomar varias instantáneas de mi preciado tesoro pero mi amiga, malinterpretando mis palabras, se mostró dispuesta a posar para una sesión de fotografía erótica, cosa que vi, la excitaba enormemente. Los resultados de este malentendido, que yo me presté a seguir, pues soy hombre abierto e investigador incansable de nuevas fuentes de placer, fueron más que satisfactorios. La sesión amatoria fue…, pruébenla y ya me dirán. No cuelgo las fotos de mi miembro, ni las de mi amiga, no por preservar el derecho a la intimidad de esta, que también, sino por no suscitar la envidia del personal masculino que lea estas líneas.

Pero ¿por qué quería tomar unas fotos de mi creador en el momento de su gloria? Hace tiempo, desde que tengo uso  de razón, vengo pensando en mi funeral. Este pensamiento es una de las razones por las que creo que estoy emparentado con los faraones egipcios, por la fijación que tengo con mi ceremonia de despedida de este mundo. La otra es por mi divinidad. Ustedes saben que soy un dios viviente. No se preocupen, que como dios tengo pocas exigencias, que forniquen y disfruten de sus vidas. ¿Por qué esta fijación, se preguntarán ustedes? Y si no se lo preguntan, me da igual, les pienso contestar de todas maneras. Cualquier ceremonia o momento de la vida puede ser repetido hasta la saciedad, excepto morirse. Esto solo puede hacerse una vez, por lo que hay que prestar la máxima atención a los detalles. Es la ceremonia de las ceremonias, ustedes me entienden, única e irrepetible. Pues uno de esos detalles que quiero que no se descuiden es que la ceremonia la presida una fotografía de mi miembro en todo su esplendor creativo, sin trucos ni photoshops, que uno no los necesita, ustedes me entienden.

Al principio pensaba que esta fotografía debía de ir acompañada con la frase: “Disculpen que no me levante, señoras.”, pero dados los tiempos que corren puede ser considerada sexista e inapropiada, por lo que he decidido reemplazarla por la más anodina: “Que et diguin pene, amb les alegries que m’has donat…” Y ahí queda eso para quien quiera entender.  Ustedes se preguntarán, y si no lo hacen no me importa, yo les voy a responder igual, ¿pero nunca te ha fallado? Bien, aquí entramos en un terreno peliagudo, ustedes saben a lo que me refiero. Un día, estando con una amiga en los lances propios del juego amatorio, confieso que pensé en las ministras del PP, para ser más exactos pensé en sus bocas. Dejadas fuera de la ecuación sus facciones porquiles, esas que las asemejan a la Peggy de los teleñecos, y la bazofia que escupen por esos labios carnosos, ustedes saben a qué lindezas me refiero, no sean hipócritas y no me digan que nunca han pensado en las posibilidades de esas bocas para…, ustedes ya me entienden. El caso es que yo lo hice y la cosa me funcionaba, hasta que se entrometió una barba, y detrás de la barba un bigote con un cabello asquerosamente engominado, y aquella intromisión fue causa de un hecho luctuoso, desafortunado y lógico: la recesión, ustedes ya me entienden. Mi gloria en los cuarteles de invierno. La chica, amable, me dijo:

— No te preocupes, a todos los hombres les pasa alguna vez.

— Pero yo no soy todos los hombres, número _ _ 8, — le respondí. Esto de numerar a las señoras con las que mantengo lances de carácter amatorio, es una práctica de prevención del alzheimer. He obviado los dos dígitos que preceden al ocho para no suscitar envidias, lógicas, entre el género masculino. Por si sirve de algo, diré que la enorme cantidad de mujeres con las que he disfrutado, no siempre se ha debido a méritos propios. La casualidad ha jugado un importante papel en ello. Supongo que en los tres dígitos, algo tiene que ver el hecho de los dos equipos de fútbol femenino a los que he prestado mis servicios. Justo es reconocer, que para redondear mis números, en claro caso de narcisismo, impropio de una divinidad, o no, con la número 100 y la 500 hice trampa, no sé si hasta el punto de que pueda ser considerado dopaje, pero sí antideportivo. Pagué por los servicios prestados. Justo es decir que en el caso de la 100 intenté ser honesto y pedí una factura pero la mujer me miró como quien mira a un marciano. Se ve que en esta clase de negocios no suele haber factura, cosa que me produce desazón, pues a lo que parece, la recaudación, por parte del gobierno, de los impuestos generados por la industria sexual podría aligerar las arcas. Unos días más tarde, a la 500, ni se me ocurrió pedirle factura, me comporté como un auténtico profesional en esto de contratar los servicios de una meretriz, cosa de la que estoy muy orgulloso, entiéndase, de haber dado el pego como cliente profesional, no de haber incurrido en anti deportividad.

A todo esto, ustedes se preguntarán si yo, como dios, puedo morir. La respuesta es obvia, sí, puedo y debo morir, ya que me he de regenerar, cual Ave Fénix, ustedes ya me entienden. Pero si muero y me regenero, ustedes como lectores avispados, habrán pensado que no es la única vez que he pasado por este tránsito y que no va a ser la última. Ello es cierto, en parte, ya que en mi forma actual, un organismo corrupto, para poder estar entre ustedes, en mi forma divina no puedo, debo morir, y ello solo va a suceder una sola vez, y cuando me regenere, por causa naturales, ustedes ya me entienden, lo hago como lo hacen ustedes, simples mortales, a partir de un acto creativo entre un hombre y una mujer, en mi nueva forma mortal y corrupta no recordaré nada de mi deceso, ni de mis otras vidas. Solo tendré la certeza absoluta, esto viene de serie, ustedes ya me entienden, de mi divinidad. Solo soy un dios, no soy todopoderoso, como en su ignorancia en materia teológica aseveran algunos. No tengo todas las respuestas, que como dios, no me da miedo admitir, cosa que no sucede entre los mortales, que en todo momento temen que sea descubierta su incompleta inoperancia, a los hechos me remito con el gobierno este que tienen, el mismo que causó mi pequeño contratiempo, ustedes me entienden.

Para los que os preguntéis cómo terminó el episodio de mi gatillazo, expresado en lengua vulgar, les diré que la dama quedó complacida cuando los demonios salieron de mi mente, tras una complicada ceremonia mental. No he vuelto a utilizar las bocas de las ministras del PP como material estimulante, ustedes me entienden. No solo la dama quedó complacida, el placer fue mutuo, como creo que debe de ser.

En fin, no me extiendo más, señoras y señores, la dama número ­_ _ _ 1, me espera en el lecho, con la cámara de fotos a punto, ustedes ya me entienden…