EL PATRIOTA Y LOS ATENTADOS

EL PATRIOTA Y LOS ATENTADOS

Ceremonia del te 237

¿Se acuerdan del film el patriota? Sí, esa película sobre la guerra de la independencia de Estados Unidos protagonizada por Mel Gibson, con cierto aire a lo Ford, me refiero a John, aunque más se asemeja a Mc Laglen (Andrew, director), hijo de Victor, actor fordiano. En ella se narra la vida de un tipo, durante el período del conflicto, que se erige en patriota, partidario de la causa independentista, papel encarnado por Mel Gibson. Parece que el tipo existió, aunque claro, no con unas cualidades morales tan elevadas como las planteadas en el film; era un hijo de su tiempo, esclavista y matador de indígenas americanos, por los que no sentía ninguna empatía. Pero no me voy a cargar la película por eso; de manipulaciones históricas, que en pantalla quedan bien, o se acomodan al gusto del público, la industria cinematográfica está que se sale. No, no me importa ese asunto; en cine es pecata minuta, sea la película de la ideología que sea. Eisensten, profundo autor “comunista” no estaba exento de estos pecados, y sus películas eran miradas con lupa por los stalinistas. Lo que me interesa del patriota, y por eso la traigo a colación es aquel momento en que un general le dice al protagonista que no está bien matar oficiales, pues son los que dirigen a la chusma y son los encargados de dar rienda suelta o poner fin a los abusos de la soldadesca. Mensaje, no de la película, de la política de cualquier época: hay que proteger a los de la clase dominante.

Me dirán ustedes, ¿y qué tiene que ver esto con los atentados? Bueno, mucho, todo. Hasta el punto de preguntarme quién está detrás de esta patraña. Yo, si fuese un terrorista, altamente preparado y financiado, con medios, tendría muy claro a quién asesinaría, con víctimas colaterales de por medio, pero lo tendría claro. Iría a por las cabezas de la serpiente, los hijos de puta que nos niegan el pan y la sal; aquellos por los que una buena parte de la población, celebrarían con una libación alcohólica su desaparición, lamentando las víctimas colaterales. No malgastaría el tiempo en cuatro dibujantes, ni en personas que acuden a su trabajo o estudios. Esto me hace preguntarme de ¿dónde procede la financiación para estos actos indiscriminados contra población inocente? Actos que consiguen provocar la animadversión hacia las ideas que supuestamente se defienden. Hago mía la tesis del PP, partido de mierda para la mierda; seguramente no se haya de buscar a los terroristas (o al capital que los financia) entre perdidas colinas. Tal vez estén entre nosotros y codeándose y chupándose las pollas entre privilegiados de otras culturas y creencias, cuya creencia última es someter y someter y someter. Tal vez, el capital que financia estos actos esté dándose las manos y deseándose toda clase de parabienes, en el entierro de algún monarca absolutista saudí. Yo no lo sé, pero no encuentro ningún sentido en invertir tanto capital para atentar contra cuatro trabajadores para provocar la animadversión pública, Algo huele a podrido en occidente.

SOBRE LA VIOLENCIA EN EL FÚTBOL

SOBRE LA VIOLENCIA EN EL FÚTBOL

Ceremonia del te 237

 

De un tiempo a esta parte empiezan a darse noticias sobre determinados actos que parecían desterrados de los campos de fútbol y sus aledaños, aquí en este país de charanga y pandereta que es España. Es cierto que la violencia en torno al deporte, en este país, no ha cesado, no hay más que recorrerse algunos campos, los de categoría regional, en que suceden cosas. Se atemoriza al árbitro, y no solo con cánticos y amenazas verbales; se atemoriza al cancerbero visitante golpeando una navaja contra la valla e increpándole a que no se esmere en atajar el esférico; algún padre agrede a un jugador del equipo rival por haberse empleado con excesiva dureza contra su vástago… son cosas que pasan en ese otro fútbol, alejado de las pantallas, por más que lo nieguen y oculten desde la federación. En descargo del fútbol, diré que no es el único deporte en que esto pasa, aunque se lleve toda la fama. Con esto quiero decir, que no es oro todo lo que reluce, por más que se trate de mirar a otro lado en los despachos. Hay corrupción.

Pero no quiero hablar de ese fútbol, solo quería señalar que los malos modos y la violencia no han cesado, aunque se oculte y se tache de esporádica. Quiero hablar del fútbol de los millones y de las incidencias que ha habido en los campos, no las propias del juego, las que ocurren entre el público. Desde los medios se tacha de hechos aislados, de cosas de vándalos, de protestas contra una mala gestión directiva, de enfrentamiento entre ultras y algo de eso hay, pero ¿es todo? Me da en la nariz de que no; de que la violencia que se empieza a generar en los campos y sus aledaños es la de la insatisfacción e impotencia ciudadana contra la miseria que empieza a ser inaguantable entre la ciudadanía y que de momento se manifiesta y encauza en refriegas callejeras entre ultras, actos de sabotaje de partidos e intentos de agresión a directivos y jugadores vistos como sospechosos por los aficionados. La imposibilidad real de ir a por un político, encauza la violencia y la protesta hacia ciudadanos y lugares accesibles. Espero equivocarme pero solo es cuestión de tiempo que tengamos que lamentar una gran desgracia llevada a cabo por un ciudadano o grupo que, impotentes, ven cómo su vida y la de los suyos se hunde en la miseria sin remedio y negándoseles el recurso de la palabra, el derecho de justicia y sufriendo en sus carnes la imbecilidad y mofa de sus gobernantes, organicen un san Quintín sin sentido, allí donde vean la ocasión de dar rienda suelta a su rabia y frustración. Luego, los medios de desinformación dirán lo que quieran pero la realidad será que unos inocentes habrán pagado las iras acumuladas gracias a unos gobernantes ineptos, corruptos y maleducados, herederos del más rancio franquismo.