LA SITUACIÓN

LA SITUACIÓN

 tarde 146

Cuentan que en cierta ocasión, un jefecillo tribal de la vieja Europa, mediocre y pagado de sí mismo, le comentó a su compañera:

— La cosa se está poniendo dura.

A lo que su compañera contestó:

— Lo tuyo es patológico. Hasta en la cama mientes.

Está claro que el presunto hombrecillo, triste e indecoroso esperpento, se refería  a la situación del territorio que le había tocado en suerte gobernar. Su compañera, supongo que con los pensamientos puestos en otros asuntos más cercanos, malinterpretó la confesión del tipejo que compartía en aquel momento la intimidad del cubículo.

¿Cómo se hizo pública la anécdota es incierto? No lo sabemos. Bien pudo ser por las escuchas que practican los servicios secretos, celosos de obtener información al precio que sea, incluso violando la intimidad de una relación personal. Si fue así, solo caben dos hipótesis: Había interés por parte de los servicios secretos en ningunear y vejar al jefecillo, a ojos de la tribu, o los agentes que forman parte del servicio son tan indiscretos y verduleros como el resto de los humanos.

También pudo ser conocida, la confusión, a través del jefecillo, en animada y etílica conversación con otros jefuchos, al calor de la barra de un lujoso bar, de esos en los que suelen reunirse para cerrar tratados y políticas que nos joden a todos. Si esto hubiese sido así, solo cabe concluir que el tipo era tonto, indiscreto y que el gobierno del territorio estaba en malas manos.

La tercera opción es que fuese la compañera la que airease el malentendido, cosa que explicaría muchas cosas sobre los oscuros personajillos que se mantienen en el poder a cualquier precio, mención aparte de la insatisfacción de su compañera.

CIVILIZADOS

CIVILIZADOS

 Visions Urbanes Granollers 018

Estaba el otro día tomando café en un bar. Espero que nadie se entere de que aún me llega para pagarme un café, son capaces de rebajarme mucho más el sueldo por considerar que no necesito de este lujo para vivir. Con esto, con el café, amenizaba mi espera mientras llegaba el tren que debía de llevarme a la gran urbe. Tenía unos asuntos que resolver, que no vienen al hilo de lo que voy a contar.

Como no había ningún diario a mano, todos estaban siendo utilizados por otros consumidores que habían llegado antes, me distraía mirando la televisión. Daban uno de esos programas matinales en donde aparecen tertulianos y comentaristas expertos que dan su opinión sobre la actualidad política, económica, social y todo lo que creen que puede interesar a la gente. En el fondo, lo que consiguen es desinteresarla y desconectarla del círculo de decisiones importantes, pero eso es otro tema que tampoco viene al hilo del relato. En ese tipo de matinales, conectan con diversos lugares y de tanto en tanto, dan alguna noticia o reportaje, en un intento por captar la atención de las personas que, por la razón que sea, están mirando en ese momento el programa.

Justo es reconocer, que esos programas me son de gran ayuda. Me resulta fácil seguirlos sin que suponga un esfuerzo de concentración, y es muy fácil desconectar para dedicarme a otra cosa. No recuerdo haber lamentado desconectarme de uno de esos magazines matinales para atender otras obligaciones. Si en lugar de tener sintonizado ese anodino producto, el responsable del local, hubiese sintonizado una película, por mala que fuese, esa mañana, habría perdido el tren.

En un momento dado, en el programa introdujeron un video de una niña china que era atropellada por un vehículo. El vehículo no se paraba y la gente que estaba alrededor se despreocupaba del cuerpo de la niña, que se quedó tendida en el suelo hasta que alguien llamó a un servicio médico que la recogió.

El video captó la atención de los que estaban en el local, que clamaron indignados contra la deshumanización de la sociedad, no ahorraron insultos contra la población asiática, y como sobraba, de rebote, también recibieron los habitantes de otros continentes, africanos y americanos, siendo mayor o menor la intensidad y cantidad del insulto, según la percepción que los indignados ciudadanos tenían de su proximidad o lejanía a nuestros parámetros culturales.

El vídeo conectó con la gente. Aunó la indignación popular al mismo tiempo que manipulaba su ego dándole una noticia entendible, con la que podía comulgar, sentirse parte del sistema establecido y bendecir la suerte de formar parte de una sociedad civilizada, con valores de respeto hacia la vida, todo lo contrario de esa horda bárbara, sin valores morales e inhumana.

De pronto, mi café vibró, mi asiento se desplazó unos milímetros, el sonido de un choque tremendo entró por las ventanas, apagando cualquier otro sonido a su paso, una humareda de polvo de cemento, elementos plásticos y hierro lo invadió todo. El olor de los elementos sometidos a la alta temperatura producida por el choque se esparció por el ambiente. Fragmentos de partículas volátiles, algunas incandescentes, sembraban el suelo de ceniza.

La cafetería de la estación quedó vacía. La gente salió en estampida por la puerta, corriendo hacia la vía en que se había estrellado el tren. Se metió entre la humareda. Yo, algo más precavido, antes de lanzarme a la vorágine, observé que no hubiese ningún peligro. Ningún vehículo descontrolado, un posible conato de incendio, cualquier elemento, por nimio que fuese, que hiciese inútil mi aproximación para ayudar a la gente. Tras realizar un rápido chequeo, me acerqué, admirado del valor mostrado por las primeras personas que habían acudido a socorrer a las posibles víctimas.

Cuando llegué, observé con asombro, que nadie estaba ayudando a nadie. Los, hasta hacía un momento, indignados ciudadanos, móvil en mano, corrían de un lugar a otro, haciendo fotos del tren siniestrado y de los ocupantes que se esforzaban en salir, sin que nadie se preocupase por ayudarles a abrir las encalladas puertas o servirles de apoyo y guía en su estupor. Mientras ayudaba a alguna gente a salir de los vagones, me sorprendí pensando en si alguna grabación llegaría a emitirse en una televisión china, como muestra de la barbarie e indiferencia occidental hacia su prójimo.

DEPORTE, POLÍTICA Y COLOR DEL CRISTAL

DEPORTE, POLÍTICA Y COLOR DEL CRISTAL.

 aros

Desde hace muchos años vengo oyendo esa frase que parece que algunos periodistas llevan de serie, algunos de ellos, a mi parecer, grandes periodistas: “El deporte no es política.” Esta es una de las más grandes mentiras acuñadas y difundidas por los medios. ¿Quién fue el primero en acuñarla? Es probable que Benjamín Recacha, que el próximo 23 presenta su novela: El Viaje de Pau, en la librería “Espai Literari”, situada en el 45 de la Calle Ramón y Cajal de Barcelona, sepa la respuesta. No es que quiera hacer propaganda del evento, que también, lo digo porque seguramente haya tenido más de un encuentro, como periodista, alrededor de esta frase.

“El deporte no es política”. Sin embargo, cada paso que se da o cada paso que dan los políticos, demuestra radicalmente lo contrario. Las olimpiadas, en su origen funerario, ya eran una declaración política, de hecho, ¿qué actividad iniciada por el mundo que conocemos como “griego” no era política? Unas veces interior, las comedias de Aristófanes, otras exterior, la construcción de una flota. Mensajes políticos con dardo. El deporte es política, ya desde la más tierna infancia. Deporte para caballeros y señoritas, deporte para la plebe. En cualquier estado del mundo hay barreras económicas, que, los interesados, se encargan de hacer bien visibles, que impiden determinadas prácticas deportivas al común de los mortales; y deportes de rancho, para la práctica de la plebe y para que la plebe admire a sus campeones, aunque empiezan a haber sagas deportivas de sangre azul.

Si el deporte no fuese política, no habría habido boicot a diversos acontecimientos deportivos por parte de algunos países; en determinadas épocas no se habrían organizado juegos paralelos; es probable que a un atleta negro jamás se le hubiese permitido humillar a los arios; el dopaje no habría sido una práctica aprobada por el estado para conseguir resultados y no habría facilidades para nacionalizar a los deportistas provenientes de otros países, que destacan en su práctica; por el contrario, tendrían que hacer largas colas, como el resto de personas que buscan una vida mejor en otros países y solo encuentran trabas administrativas.

Si el deporte no fuese política, cuando un deportista expone su credo político o sus preocupaciones sociales, diferentes a las del poder,  no sería estigmatizado, ni insultado, ni se le tiraría de las orejas por salirse del discurso oficial y utilizar su posición privilegiada para difundir su solidaridad. Por el contrario, besar la mano del mandatario de turno, abrazar a expoliadores legales y genuflexionarse ante tarados, (¿por qué os viene a la cabeza la familia Borbón?) es visto como un ejercicio de coherencia y un gran ejemplo para la ciudadanía. Es la típica hipocresía de los poderosos, en que nada está bien ni mal, sencillamente es del color del cristal con el que se mira.

EL CAPITAL DE COSTA-GAVRAS

El Capital de Costa-Gavras

 Ceremonia del te 237

Hace tiempo que quiero comentar en el blogg esta cinta de Costa-Gavras, por varias razones. La primera de ellas es aconsejar su visionado. Estamos ante una cinta transgresora en el panorama del cine actual, de esas que se han podido colar entre lo que la censura económica y el imperialismo globalizador (en su versión más dañina) permiten que se vea en los cines, pantallas televisivas y ordenadores de occidente. Esta es mi contestación a la moto que el señor Salas, economista, nos quiere vender en este alegato http://www.salaimartin.com/randomthoughts/item/692-el-capitalisme-redueix-la-pobresa-al-m%C3%B3n.html en el que faltan datos (tan fanático que es de los datos). Pero no quiero hablar de este señor, por el que no tengo ninguna fijación erótica, lo digo de antemano, no vaya a ser que me acuse de ello, igual que hizo con el Profesor Navarro.

La película relata el ascenso de un ciudadano en el mundo de la banca, y mediante este relato, ya digo de antemano que brechtiano, Costa-Gavras nos muestra algunas de las claves, según él, de la actual crisis económica y financiera. El mérito del director, y evidentemente de los guionistas (http://www.imdb.com/title/tt1951166/?ref_=fn_al_tt_1 para quien quiera más información sobre el film) está en mostrar la normalidad de los personajes que protagonizan y urden los tejemanejes que hunden al mundo en la miseria, y no solo las claves deshumanizadas o tejidas por monstruos. La película lo dice por activa y por pasiva: el monstruo, incontrolable, ha sido creado por las personas que trabajan para el sistema capitalista, en su deseo de conseguir mayor beneficio, a costa de cualquier cosa. Otro punto a favor de la película es la manera, que hemos visto en otras cintas y en muchas novelas futuristas, en que se vende a la gran masa el nuevo estatus quo. Una jugada de trileros de alto standing, tan real como el momento en que vivimos.

La cinta es una joya que nos recuerda al mejor cine político de los sesenta-setenta. Miento, no lo recuerda, está rodada, con los adelantos técnicos de hoy y sin el manierismo de antaño, como se rodaba entonces. El guión es muy brechtiano: el ascenso de un ciudadano al poder, aprovechando las circunstancias y los entresijos. Aupado por unos dirigentes que, en todo momento, creen que podrán deshacerse de su monstruo en cuanto quieran (cuanto puede dar de sí el mito de Franknesntein, el moderno Pormeteo). Y las técnicas son brechtianas: el actor aparca la trama y se dirige a los espectadores con mensajes claros y directos, al más puro estilo de Brecht.

Por todo esto, recomiendo su visión. Vale la pena.

CONFLICTO CAPITAL-TRABAJO, SEGÚN EL PROFESOR VICENÇ NAVARRO

PROFESOR NAVARRO. CONFLICTO CAPITAL-TRABAJO

Mercat i riera 069

Como hace tiempo que no recomiendo ningún artículo del Profesor Navarro, teniendo pendiente uno sobre el enfrentamiento ideológico entre este y el señor Sala, que espero poder publicar esta semana, hoy he decidido recomendaros la lectura de este artículo sobre el conflicto capital- trabajo en la crisis actual. Como siempre, recomiendo su lectura, clickando abajo, sobre el enlace.

http://www.vnavarro.org/?p=9881