UNAS FOTOS

UNAS FOTOS

Nacimiento de venus

Como ya sabéis, una de las cosas a las que me dedico es a la fotografía. Curiosamente, a parte de alguna anécdota en torno a ello, que he publicado, nunca o muy poco he hablado de fotografía en mi blogg. Algún día lo remediaré. De momento no me apetece escribir un ABC de la fotografía, aunque siempre estoy dispuesto a compartir consejos y experiencias.

El caso, es que un día me encontraba tomando una cerveza con una clienta habitual. Tengo clientes de lo más variopinto, como podréis suponer. Algunos de ellos promocionan sus servicios de compañía, en los que entran los sexuales, con el soporte fotográfico que les ofrezco. En algunos casos, de forma totalmente altruista, les escribo también el texto del anuncio. Esta práctica la inicié a raíz de curiosear en uno de los anuncios en que lucía una de las fotos que había realizado y quedar horrorizado por la sintaxis y las faltas de ortografía.

Si os preguntáis cómo son estos textos, os diré que no me complico la vida ni me pierdo con sutilezas poéticas, que el consumidor de los servicios no va a apreciar, además de que, ya sabéis que, yo, de sutil, poco. Sencillamente me dejo llevar por la testosterona y escribo alguna guarrada sin faltas de ortografía y con buena sintaxis. La mayoría de las veces soy vulgar, en nomenclatura y expresiones, otras, a petición del cliente, soy correcto e intento dar cierto aire de sofisticación al mensaje de “te espero para follar.”

El caso es que esta señora con la que estaba tomando una cerveza, me pidió un par de fotos, a bote pronto. Como su cuartel general estaba cerca, nos trasladamos y, yo, que siempre llevo una cámara, se las hice para que pudiese atender la eventualidad que le había surgido, con la promesa de dedicarle una sesión, en pocos días, para mejorar el producto. Al terminar las fotos, cosa que me llevó poco más de quince minutos, lo que tardé en preparar el decorado que tenía a mano y elegir el no vestuario, me preguntó cuánto me debía.

— Nada mujer, con una buena comida, ya hacemos.

Dos horas más tarde, mientras extraía hasta la última substancia de mi, más que satisfecho, pene, acerté a decir:

— No me refería a esto, aunque, ha sido… ¡la ostia!

— Lo sé pero me apetecía. Ah, y la otra comida, también, en cuanto nos vistamos.