MIS PUBLICACIONES EN AMAZON

Aquí los títulos que he publicado en Amazon, con las herramientas de CreateSpace, que recomiendo, para la modalidad de publicación bajo demanda.

Dos recopilaciones de cuentos anormales, una obra de teatro satírica y una novela de aventuras.

A continuación os dejo los enlaces, por si sentís curiosidad. No os las recomiendo, pues sería trampa, por mi parte, es lógico que a mí me gusten, pues todo está dentro de la línea de lo que, a mí, me gustaría leer, que no tiene por qué ser lo que guste a otros. Es evidente que mis preferencias no son exclusivas, pues me gusta leer de todo.

Aprovecho la oportunidad para comentaros que en breve sacaré una entrevista con un escritor de Mataró, cuyas obres, premiadas, van a ver la luz para Sant Jordi. Su nombre es Joan Bustos. Espero que os animéis a leerlo, pues su prosa es elaborada e inteligente, y acumula muchos años de esfuerzo y trabajo. Aquí el enlace a su blogg

http://joanbustossobrellibres.blogspot.com.es/

Aquí los enlaces

http://www.amazon.es/Donde-habitan-los-monstruos-NOVELAS/dp/1523314311/ref=sr_1_2_twi_pap_2?s=books&ie=UTF8&qid=1452515506&sr=1-2&keywords=donde+habitan+los+monstruos

http://www.amazon.es/Cuentos-desde-el-asombro-2/dp/1506150020/ref=sr_1_3?s=books&ie=UTF8&qid=1420910687&sr=1-3&keywords=Cuentos%3A+desde+el+asombro

http://www.amazon.es/Cuentos-Brutos-Josep-Garc%C3%ADa-Fern%C3%A1ndez/dp/1505244544/ref=sr_1_2?s=books&ie=UTF8&qid=1417607035&sr=1-2&keywords=Cuentos+brutos

http://www.amazon.es/El-asesinato-TEATRO-Josep-Garc%C3%ADa/dp/1507683995/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1422294714&sr=1-1&keywords=El+asesinato+de+Josep+Garc%C3%ADa

LAS FOTOS. PARA LAURA MARTOS

LAS FOTOS

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Aquí un pequeño relato que me inspiró Laura Martos, con un de esos comentarios que deja por aquí, así que no tenía más remedio que dedicárselo.

Ah:

https://redalmados.wordpress.com

Aquí su blogg para que os díes un avuelta por él, pero con cuidado, no sea que perdáis la cabeza.

“Siempre que se había de hacer una foto, Laura se ofrecía voluntaria para hacerla con su móvil. La gente aplaudía la disponibilidad de Laura y la alababa, pues no es fácil encontrar a una  persona que siempre esté dispuesta a inmortalizar esos momentos en los que todo el mundo quiere salir en la foto, a pesar de importarles un comino el momento, el acto o la compañía; se trata de poner buena cara, sonreír y hacer constar que se ha estado ahí. Laura era esa persona que siempre estaba dispuesta a hacer la foto y que no le importaba no salir en ella; en más de una ocasión había rechazado la oferta de otras personas para ponerse en la foto y dejarles el móvil, “no me gusta salir, me gusta hacerlas.”

Laura siempre hacía dos fotos; una de ellas la enseñaba a la gente, y la gente la alababa invariablemente: “hay qué bien haces las fotos”, los más educados o el “vaya fotos que hace tu móvil”, los más imbéciles, con una falta total de tacto; la otra, la segunda foto, iba directamente a una carpeta, que por la noche, Laura se descargaba en su ordenador. Era su pequeño y siniestro secreto; en esas fotos, siempre cortaba las cabezas y con esta práctica de hechicería hacia que los cuerpos de los fotografiados la obedeciesen ciegamente. Un pequeño y siniestro ejército de descerebrados para crear a su alrededor un mundo a su imagen y semejanza de amigos, amantes que cumplían todos sus gustos, esclavos y esclavas que atendían cualquier necesidad de su casa… hasta que le dejaban de servir o se cansaba de ellos y ellas, entonces, les devolvía la cabeza o los arrojaba al tren, todo dependía del tacto que hubiesen tenido en su día.”

LA PUTADA

LA PUTADA

Impresión bajo demanda en Amazon

 

Hoy explicaré algo que me sucedió hace mucho tiempo. Una de esas cosas, que en su momento tocan los huevos, y que forma parte de esas pequeñas derrotas diarias que todos sufrimos.

Iba en mi coche al trabajo, cuando me encontré en medio de un atasco, justo en una subida. Por prudencia, dejé cierta distancia entre mi vehículo y el de delante, cosa que a la postre, fue desastroso. En un movimiento de la caravana, la conductora del vehículo de delante, perdió el control y el vehículo vino derecho hacia mí, que aún no había iniciado la marcha. La fuerza de la inercia, hizo que me hiciese añicos los faros y arrugase parte de la carrocería, sus desperfectos aparte.

Como corresponde a seres civilizados, nos apartamos a un lado para no entorpecer el tráfico y nos intercambiamos los teléfonos, para hacer el parte por la noche, en los hogares. Y así nos despedimos.

La señora que conducía el vehículo que chocó contra el mío, llamó primero. Ella no, su marido, que con mucho aplomo me dijo:

—Usted no guardaba la distancia de seguridad, —a lo que pensé, que si algo más de seis metros no es distancia de seguridad, que coño lo es, y siguió—, de todas maneras es usted quien ha golpeado por detrás.

En aquel momento, me arrepentí de haber sido tan cívico y de no haber requerido la presencia de un policía antes de apartar los coches. De hijos de puta está el mundo lleno. A pesar de que me negué a hacer un parte amistoso y ante mi compañía dije que yo no había sido el culpable, desde aquel momento sabía que me tocaría pagar el arreglo de mi coche, y de que me habían jodido bien. Me lo comí con patatas.

PARA AVA. RELATO ERÓTICO

PARA AVA. RELATO ERÓTICONacimiento de venus

Aviso, este relato es para mayores de dieciocho años. Va en serio. Sabéis que soy muy bromista, pero ahora no bromeo. Si algún bloguero/a es menor o se puede sentir ofendido de alguna manera, que no continúe leyendo.

Este relato, ¿erótico?, se lo dedico a Ava Maof, que como muchos sabéis tiene un delicioso blogg

https://avayelsexo.wordpress.com

que os animo a visitar, leer y disfrutar de cada una de sus perlas. El principio de este relato es demostrar a Ava que es imposible que mi rudeza narrativa pueda competir con su exquisitez y la de otros relatos eróticos que disfruto. Todo empezó cuando me quiso animar a escribir “guarradas” para un concurso cuyas bases encontraréis aquí:

http://www.dolcelove.es/bases-del-ii-concurso-relatos-eroticos

Ni mucho menos me atrevo a competir con lo que leo por aquí y mucho menos con Ava.

No, el relato no está escrito para Ava, se lo dedico, y espero que sea condescendiente con la torpeza de este. El relato pertenece a una novela (Caballero y Proxeneta), que tengo en el cajón, que algún día pondré a vuestro alcance. Nada más que decir. En contra de mis principios, la entrada es excesivamente larga, y además con introducción (Uy, como quedo esta palabra como prolegómeno de un relato erótico), pero ha de ser así. Un abrazo a todos, en especial, hoy, a Ava.

FRAGMENTO DE CABALLERO Y PROXENETA

Margarita

“A la mañana siguiente desperté solo en la cama. Pensé que todo había sido un sueño, agradable pero algo decepcionante. Muy real, muy vívido, el olor de un cuerpo femenino, su calor, el roce maravilloso de un pezón, su aliento, su voz, su mirada… un sueño húmedo pero sin pérdidas de flujo. Sólo de pensar en ello el asunto se ponía en pie de guerra. Menudo final para una noche… “trempera matinera” con consuelo manual. Medio adormilado, dejándome arrullar por el placer de mis lascivos recuerdos, sentí abrirse la puerta de la calle. Me sobresalté y medio me incorporé en la cama. Paré mi impulso inicial al quedar sorprendido por el olor de unos churros. Unos pasos y Blanca Azucena quedó encuadrada por el marco de la puerta.
-¿Te excitan los churros?-Al ver mi desconcierto prosiguió,- ¿No estarías pensando en hacerte una pajilla con el recuerdo de mis tetas? Yo preferiría que te contuvieses un poco y guardases ese derroche de energía para después del desayuno. No te molesto más, puedes seguir si ese es tu gusto.
Se apartó de la puerta y fue a la cocina. Oí, como la noche anterior, el trasteo que se traía con los cacharros. Me incorporé y comprobé que estaba en perfecto estado, había dormido bien y no notaba los estragos de la noche anterior. Me puse un pantalón de chándal y me acerqué a la cocina, dónde Blanca Azucena ya calentaba leche. Me apoyé en la jamba y me quedé absorto contemplándola.
-¿Te lo has pensado mejor?
-No hay mucho que pensar… -No sabía qué decir, qué contestar. No estaba seguro de lo que estaba pasando y necesitaba un tiempo muerto para poner en orden mis ideas, de lo que no tenía ninguna gana. Mi razón se había divorciado de mi deseo, y sentía cómo este crecía en mí y no quería hacer ni decir nada inapropiado, no quería meter la pata. Así, que tras tan inteligente frase inacabada me quedé allí, apoyado en el quicio, contemplándola, sin más.
-Parece que estás bien.
-¿Si?
-Que parece que estás bien, ¿no? ¿Te sentó bien la dormida?
-¡Oh!, sí, estupenda…
-Pues puedes ir poniendo la mesa.
-Claro.
Hurgué en un cajón y saqué un mantel limpio, un par de servilletas de tela y puse los churros en un plato, no sin antes preguntar:
-¿Los pongo ya?
-Sí, esto ya está.- Apagó el fuego, removió un poco y cogió un par de tazas. La olor era exquisita. La textura que presentaba al pasar del cazo a las tazas era la de un chocolate cargado, fuerte, cremoso pero sin haber perdido el punto de líquido. Llevé las tazas a la mesa. Blanca Azucena acabó de vaciar el cazo en dónde había elaborado el chocolate, repartiéndolo en diferentes vasos. Luego puso el cazo en remojo. Tomó un par de vasos y una jarra de agua y la llevó a la mesa. Se sentó a mi lado. Tomé un churro y lo mojé en el chocolate. Estaba delicioso. Blanca Azucena me miraba mientras saboreaba el churro envuelto en chocolate.
-Buenísimo.
-¿Los churros o el chocolate?
-Todo. Pero especialmente el chocolate.
-¿No está excesivamente dulce?
-No, me gusta. Tiene un cierto punto amargo que me gusta.
-Me alegro.
Tomé otro churro y repetí la operación. Entonces caí en que ella no había probado el chocolate ni los churros.
-¿No comes?
-Los he traído para ti.
-¿Y para ti?
-No. Son para ti. Quiero ver que te los comes todos.
Cogí otro churro.
-¿Y el chocolate?
-¿Qué le pasa al chocolate?
-No lo has probado. ¿No será también para mí?
-De eso nada. Estoy esperando que se enfríe.
-No sé, no estoy acostumbrado a comer así…
-No te preocupes, no pasa nada.
Y continué comiendo, hasta terminar con la ración de churros. Entonces ella probó su chocolate.
-La temperatura adecuada.
Sonrió y con una mano buscó mi polla. La sacó del pantalón y la metió en la taza. Entonces me la empezó a chupar. No me corrí de puro milagro. Asomó la cabeza y me preguntó:
-¿Tienes sed?- Asentí.- Bebe agua. – Me serví un vaso mientras ella repetía la operación con mi polla. Cuando hubo terminado el chocolate se incorporó de debajo de la mesa y se sirvió un vaso de agua. -¡Exquisita! Pero da tanta sed. Si te portas bien, puede que algún día te deje que juegues así con mi coño. ¿Te gustaría? –Acerté a atragantarme mientras asentía.- ¡Vamos a la cama! Quiero que me metas un viaje con esa verga que tienes a punto de caramelo.
No me hice de rogar, la seguí como un poseso, con un solo objetivo en la cabeza, su entrepierna. Fue abrirse de piernas y encontrarse con mi pene en donde se esperaba para reventar. Fue una suerte que Blanca azucena fuese toda una experta en las lides del sexo.
-No corras tanto; tranquilo, aún no…
Con dulzura sacó mi pene, unió sus labios a los míos y tras un largo jugueteo con la lengua me susurró al oído: “Chúpame los pezones, pero suavemente… muy suavemente.” Deseé tener dos, tres lenguas para saborearlos juntos, al tiempo que recorría su cuerpo. Otro largo beso. “Ahora acaricia mis labios con tu polla… pero no la metas.” Así lo hice, continué saboreando sus pechos mientras mi pene acariciaba su premio. Abandoné sus pechos y recorrí su cuello, sus mejillas, su boca, su oído…” Ahora, métemela ahora… toda… la quiero toda…” Reventé en su interior y en ese momento la vagina de Blanca Azucena tomó mi pene con una fuerza inusitada, salvaje, dionisíaca.”

LAS TOMADORAS DE SOL

LAS TOMADORAS DE SOL

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Las tomadoras de sol pertenecen a la especie Homo Sapiens Sapiens. Dentro de esta especie se caracterizan por su atuendo, bañador o bikini, que utilizan de una manera muy peculiar, según las circunstancias. Toalla y sombrilla son opcionales, dependiendo de la modalidad que practiquen: aficionada, profesional o extrema. Entre el Homo Sapiens, podemos encuadrarlas en el género femenino, debido al desarrollo de sus glándulas mamarias y a la ausencia de genitales externos, observada en un cien por cien de los individuos estudiados, combinando los métodos de la observación directa y la inspección táctil, siempre con el consentimiento del objeto de estudio y siguiendo los protocolos que rigen en los estudios de seres vivos con inteligencia y capacidad de comprensión legislativa, aunque, como científico, he de advertir, que en algunas inspecciones táctiles no se les informó correctamente de los artículos relativos a la experimentación con seres vivos inteligentes, pero eso no anula la validez de las observaciones referidas. He de decir que el objeto de estudio, también mostró interés en un reconocimiento táctil del estudioso, incluso, para mi sorpresa, en buen número de casos, su curiosidad les hizo experimentar con los orificios hallados en su cuerpo, cosa a la que, como científico ávido de saber, no me negué. Si por ésta interactuación soy expulsado de la comunidad científica, he de decir que no me importa, y mucho menos después de haber investido como Doctor Honoris Causa a un parásito paleto como Felipe el “preparao”. Me niego a mostrar pleitesía a este tipo de gentuza.

Tras esta introducción, aquí va uno de mis relatos con una de esas tomadoras de sol. Un día, vigilaba a un objeto de estudio. Por sus aptitudes y hábitos, su práctica era profesional, y se iniciaba en la extrema. Prescindía de sombrilla, que es el primer paso hacia la extrema, pero conservaba la toalla y se untaba la piel de protector solar. Prescindía del sujetador pero conservaba una mínima braguita. Yo estaba atento a sus movimientos, por si en un momento dado, se salía de la toalla y había que acudir en su auxilio. Era admirable la técnica que aplicaba al distribuir la protección solar en sus pechos, cómo se la distribuía por la caída y el cuidado que aplicaba en los pezones. Me quedé enamorado del arco que formaba para aplicarse crema en la espalda, con una pericia que solo se consigue con años de experiencia y duro entrenamiento. No dejó ni un solo poro de su espalda por cubrir, y además con una distribución perfecta. Luego las piernas, unas piernas largas e interminables acabadas en unas uñas pintadas de azul. Al acabar su preparación, dejó el bote en una cuca y colorida bolsita de punto y se estiró para iniciar su práctica en decúbito supino. En ese momento me acerqué a ella, pues corría un grave peligro.

— Perdone, pero no he dejado de observar que no se ha aplicado crema solar en las orejas.

— ¿Eso es importante?

— Aunque ínfima, está dejando una pequeña, y debo añadir que sabrosa, parte de su cuerpo sin protección. Debe de saber que el número de cánceres de piel iniciado en las orejas ha crecido en los últimos años.

— Muchas gracias por la información, — estiró un brazo y tomó el pote de crema de la bolsita.

— Permítame, — tomé el bote, me puse en las manos y se las extendí por las orejas, dibujándolas con mis dedos. Ella dejó escapar un gruñidito de placer, como el ronroneo de un gatito.

— ¿Es usted masajista profesional?

— Depende de lo que entienda por masajista profesional. Si se refiere a terapeuta, no. En absoluto.

— Y ¿Cómo entiende usted el ser un masajista?

— Digamos que me defiendo con las carantoñas eróticas. — Bajé mis manos hacia su cuello, que me acarició con la vibración de su voz.

— Eso suena muy bien, pero ¿qué diría mi pareja?

— Yo no soy celoso, y si él tampoco… — alargué la última sílaba hasta convertirla en un susurro gutural mientras una de mis manos se deslizaba hacia su pecho, suavemente… y aquí lo dejaremos. Eso forma parte de otro estudio.