Cadáveres Exquisitos

XX

UN SUCESO INESPERADO

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Tantos años sobre la tierra y aún los hombres te siguen sorprendiendo. ¿Qué es lo que mueve a un hombre a rechazar a toda su especie y a declararse en guerra continúa contra la humanidad? A lo largo de los tiempos, aquellos que han decidido actuar al margen, llevar un comportamiento diferente al esperado, no actuar según las reglas acordadas, han recibido diferentes nombres… brujas, demonios, monstruos… denominaciones que persiguen tranquilizar las conciencias y sembrar la semilla del miedo entre los débiles que se dejan someter y dominar.

Ya es la hora. Oyes los pasos de Ugo. Abre la puerta. Toma un petate y lo abre. En pocos segundos monta una estación de radio y empieza a emitir.

-Ugo, Ugo, Ugo a Puerto, Puerto, Puerto… ¿me recibe? ¡Cambio!- Al no recibir respuesta vuelve a emitir el mismo mensaje.

-Puerto, Puerto, a Ugo, alto y claro… cambio.

-Comunicación rutinaria de las 13 horas. Sin novedad. Cambio.

-Recibido. Vigentes órdenes última comunicación, Cambio y corto.

Ugo procede a desmontar la estación y guardarla en el petate. Sale de la habitación. El detective le sigue por el subterráneo. Ugo se dirige a la máquina de café. Saca un capuchino. Con el capuchino en la mano se dirige a la sala de control, en dónde es recibida y procesada gran cantidad de información. Ugo se sienta en una mesa desde la que domina varios monitores, entre ellos el de la delegación japonesa. Es un hombre afable, comenta cosas con los compañeros, ríe algún chiste, se ofrece a traerles café, se interesa por su familia, su trabajo… Tras un largo rato de observación decides hacerte presente en la sala. Paseas, observas, preguntas, intentas descifrar lo ya descifrado. ¿Qué es lo que pretende la organización criminal? Ha desplegado todo un dispositivo de medios y hombres para tener controlados todos y cada uno de los movimientos de los delegados, pero ¿por qué? ¿Extorsión? Se puede extorsionar a una persona pero extorsionar a un grupo, con poder para tomar ciertas decisiones, es demasiado arriesgado.

-¿Cree que hemos disuadido a los posibles terroristas?

-Al menos hemos añadido una dificultad a su objetivo, – responde Ugo.

-Sí, hasta es posible que no hagan nada. Creo que tenemos la situación bajo control.

-Yo también lo creo, señor.

-¿Por qué cree que han elegido la delegación japonesa para actuar?

-No le sé decir…, si es una mafia japonesa…, supongo que tiene que estar relacionado con el dominio de una industria… unos contratos de producción… no lo sé.

-¿Cree que si revisamos los últimos grandes contratos y seguimos los movimientos de algunas compañías, tendremos la clave para hallar la solución?

-Seguramente, señor.

-Pediremos las revistas de economía de los últimos….

-Seis meses, señor. Creo que con seis meses podremos tener una visión clara del asunto.

-Quiero que pida esas revistas y se encargue personalmente de analizar todos y cada uno de los movimientos relacionados con empresas japonesas.

-Sí, señor. – Ugo sale de la sala. Te diriges a un teniente.

-Teniente, quiero la lista de todos los miembros de las diferentes delegaciones. – El teniente teclea unas palabras y empieza a salir un listado ordenado por países y nombres.

-¿Esta es la lista real o la oficial?

-¿Qué quiere decir?

-¿Es la que les han proporcionado los diferentes países o se trata de la gente que realmente ha venido?

-Es una lista protocolaria sujeta a cambios. Los que nos han notificado han sido actualizados.

-Quiere decir que pueden haber nombres pendientes de actualización.

-Sí. Unos cambios mínimos que serán actualizados en cuanto nos lo notifiquen.

-¿Cuándo podremos disponer de la lista definitiva?

-Mañana, en torno a las doce.

-Perfecto. Solo quiero las listas de las delegaciones que ya se encuentran en la ciudad y con la identidad de sus miembros confirmada.

El teniente procesa la orden. Cancela la impresión del listado anterior y pide el listado confirmado. Cuando las hojas terminan de salir das las gracias y te retiras con ellas. En la soledad de tu camarote repasas las listas. Algunos de los nombres que aparecen los reconoces o te suenan. Nombres, cargos que ejercen. Señalas aquellos que te parecen más interesantes o relevantes. Ecónomos, empresarios, directores de departamentos, embajadores… Demasiados puestos llamativos, demasiados datos… Un atentado que asombre y aterrorice al mundo… no, no puede ser. No hay indicios de explosivos y Taica es un artista del crimen, no un terrorista. Aunque la hipótesis de sembrar el terror es atrayente no cuadra con la empresa criminal. A las grandes organizaciones criminales no les interesa un terror sin control. Demasiado riesgo para un premio que se puede volver contra el que se atreva a accionar la palanca. Como toda empresa deben de cuidar de que el miedo generado esté bajo control. Vuelves a repasar los nombres. ¿Son los objetivos que elegiría una organización criminal? ¡Empresarios, hombres de estado, diplomáticos! ¿Y si te centras en los que han tenido algo que ver con Japón? No, sabes que la comitiva japonesa es la distracción que has montado. No puedes llegar a identificarte hasta tal punto con la distracción. ¿Cuál es la clave? Tal vez tengas ante ti la solución y no la ves. ¿Qué persigue cualquier organización? Riqueza, poder, control… ¿Cómo se consigue el control? ¡Información! Saber cualquier información antes que nadie. No, no preparan un atentado, buscan información, acceder a la información. ¿Información privada?

Porta deja la habitación. En recepción paga por adelantado un mes y da una cuenta para que cada mes descuenten el alquiler hasta nueva orden. Taica observa cómo sube al taxi y este inicia el camino hacia el aeropuerto. Piensa seguirla hasta el aeropuerto y asegurarse de que coge el vuelo sin ser molestada y piensa asegurarse de que, sea cual sea el destino, el vuelo es seguro. Taica ama la vida y Porta es vida. En las afueras de la ciudad una avioneta vuela demasiado bajo, tan bajo que una rueda golpea el techo del taxi. Porta contempla cómo el piloto intenta un aterrizaje desesperado pero la avioneta acaba haciéndose añicos. Porta indica al taxista que se acerque. Porta llama comunicando el suceso. Corre hacia la avioneta para prestar su ayuda. No hay ningún superviviente. Observa que uno de los cadáveres ha perdido un brazo que curiosamente no se ha separado del cuerpo por estar ligado con unas esposas. Memoriza los datos de la avioneta y espera a que lleguen los bomberos y la policía. Taica lo observa todo en la distancia. Antes de actuar decide pedir instrucciones. Al otro lado suena la voz de Totlopot.

-No se puede decir que estemos muy contentos contigo.

-¿Le he preguntado? Escuche atentamente, usted decide…- Taica le expone la situación.

-Limítate a comprobar que sea imposible identificar el cadáver. Que desaparezcan los registros de vuelo.

-Bien.

Cuando la policía y los bomberos llegan, Taica se mezcla con ellos. Primero se centra en el cadáver. Comprueba que es imposible que le identifiquen por las huellas. La dentadura y posibles prótesis las deja para la morgue. Se centra en los planes de vuelo. Cuando los consigue sube a la ambulancia que transporta el cadáver esposado y se centra en la dentadura y una prótesis de la rodilla izquierda.

Porta cancela sus planes e intenta conseguir información sobre la avioneta. Antes de regresar al hotel se dirige a un pequeño aeródromo que hay en las proximidades. La avioneta pertenece a una compañía que realiza vuelos para turistas. Antes de llegar al aeropuerto telefonea a la compañía para saber quien la ha alquilado.

-Lo sentimos mucho, pero esa información es confidencial y no se la podemos proporcionar.

-La avioneta se ha estrellado y necesitamos identificar a las víctimas para contactar con los familiares lo antes posible.

-Lo sentimos, pero telefónicamente no le podemos proporcionar la información que solicita.

Porta no pierde el tiempo y piratea los archivos de la compañía. Comprueba que no hay registros informáticos de alquiler. Se lo comenta al inspector que va con ella. Prueba de introducirse en la base de datos del aeródromo para acceder a los planes de vuelo. Comprueba que el plan entregado establece una ruta entre islas. Durante la comprobación detecta que otro intruso está borrando los archivos. Imprime la página y trata de bloquear la intrusión para acceder a planes de vuelo anteriores, pero el intruso es rápido y ya la ha bloqueado. Solo puede imprimir el plan visualizado en pantalla. Todo lo que pasa lo pone en conocimiento del inspector. Llegan al aeródromo. Piden los planes de vuelo de la avioneta siniestrada. Primero los buscan en el ordenador. El inspector y Porta esperan pacientemente, a pesar de que saben el resultado de la búsqueda. Tras comunicar que han desaparecido de la base de datos, los buscan en los archivos con idéntico resultado. El administrativo que les atiende les dice que el piloto siempre entregaba el mismo plan, siempre realizaba la misma ruta desde hacía dos años, y que el nuevo piloto se ha atenido a la ruta del antiguo.

-Hace dos semanas que veo por aquí a Gabilondo. Es, o era el nombre del piloto. No, a Luigi no le pasaba nada. Tendrán que preguntar a la compañía el por qué del cambio de piloto. No es de nuestra competencia.

Sin más preguntas suben al coche y se dirigen a la compañía del avión siniestrado.

-¿Usted qué haría?

-Han de contactar con mi jefe. Creo que puede ser importante para el caso. En cuanto a los planes de vuelo puede ser que sean ciertos, puede ser que no. Yo creo que son medianamente ciertos. Los cumplían pero es probable que se desviasen un poco de la zona para soltar cadáveres. Deberíamos buscar cadáveres en el mar.

-Es imposible.

-Se que no podemos disponer de hombres rana, pero se debería poder mandar un submarino a realizar una cata. Se que es prácticamente imposible que encontremos un solo cadáver, ni tan solo sabemos si se dedicaban a lanzar cadáveres al mar o este es el único, un socio que no entró en razones. Trabajamos sobre suposiciones, pero deberíamos de intentarlo. Pero lo principal es que contacten con mi jefe.

El inspector realiza unas llamadas mientras llegan a las oficinas de la compañía turística. En la puerta espera una unidad. Uno de los policías se acerca al inspector y le da una orden de registro. El inspector y Porta entran, escoltados por la unidad que esperaba en la puerta. Se presentan y entregan la orden de registro. Habilitan un rincón para llamar a los empleados.

-¿Por qué fue substituido el piloto habitual de la avioneta?

-Una orden de la oficina central.

-¿Dónde se halla la oficina central?

-En Sydney.

-¿Sydney? Una compañía australiana se dedica a realizar vuelos turísticos por unas islas de nuestro país.

-La compañía no es australiana. Allí tienen las oficinas centrales.

-¿Y de dónde es la compañía?

-Tailandesa. –Ante la cara del inspector, el director de la oficina añade,- así es el mundo actual.

-¿Ustedes tienen autonomía para tomar pequeñas decisiones de carácter logístico?

-Tenemos para hacer recomendaciones. Si no hay respuesta de la central, tiramos adelante la recomendación, si se produce respuesta nos ajustamos en la mayor medida posible a lo que nos marca la central.

-¿Y en el caso del piloto?

-Nos vino impuesto desde la central. Formaba parte del pack turístico.

Entra un policía y habla en privado con el inspector. El inspector mira a Porta y esta asiente:

-Ni base de datos ni rastro en los archivos. Necesito hablar con mi jefe cuanto antes. Aquí no vamos a sacar nada más. Vamos al depósito.

El inspector asiente. Mientras se dirigen al depósito el teléfono del inspector echa humo. Vuelve a llamar al ministerio. Da las instrucciones oportunas para que el departamento realice una petición formal a las policías de Australia y Tailandia. Habla con el instituto de estudios oceanográficos.

-Vamos a probar. El instituto oceanográfico nos ofrece una nave para buscar en las coordenadas que le proporcionemos.

-Mientras usted movía los hilos necesarios yo he pedido una simulación de las condiciones de un posible vuelo en estas dos últimas semanas, y las variaciones de ruta teniendo en cuenta condiciones meteorológicas, combustible, peso del pasaje… Si partimos de la suposición de que se desviaron de la ruta para arrojar cuerpos, nos salen estas coordenadas. Si a ello le añadimos profundidad y la fuerza de la deriva… nos quedamos con estas coordenadas.

-Bien, proporcióneselas cuanto antes.

-Está hecho.

El vehículo para ante la puerta del edificio forense. Bajan. Se identifican y entran.

-Lo siento, pero la identificación del cadáver va a llevar su tiempo, si es que lo logramos identificar. Ni huellas dactilares, ni dentales… y nos falta una rótula. Una prótesis que le han substraído.

-Cuando comprobé si estaba con vida tenía toda su dentadura.

-No se lo voy a negar, pero hasta mi ha llegado sin esta.

-¿Dónde están los sanitarios que lo han traído?-Pregunta el comisario.

-No se moleste. Esto es obra de Taica. No habrán visto ni oído nada. Es el mejor.

Cuando empiezan a salir, Porta se gira:

-¿Y su ropa?

-Dentro del plástico, esa que está colgada. La tenemos que analizar, por si nos dice algo.

-¿Pueden proporcionarme unas fotos de la ropa?

-Haga venir a un fotógrafo,- ordena el inspector.

Se oyen unas cuantas voces y entra un fotógrafo.

-¿Señor?

-Quiero que haga unas cuantas fotos de las ropas del difunto.

Con cuidado, le quita el plástico y procede a realizar varias tomas desde diferentes ángulos.

-¿Quiere algún detalle en especial?

-Sí, -contesta Porta.- Quiero detalles del corte del cuello de la americana, de los botones y del forro. También de los bolsillos. El cuello de la camisa también, y los botones. El dobladillo del pantalón. Sí, los detalles de la cintura. ¿Me pasa la tarjeta? –Porta se graba las imágenes en el portátil.- Gracias. De momento no podemos hacer mucho más. Este es mi número de teléfono. Estaré en el hotel, hasta que hable con mi jefe. –El inspector hace ademán de acompañarla.- No es necesario. Pediré un taxi.

Porta toma un taxi y le da la dirección del hotel. Cuando el recepcionista la ve, queda sorprendido:

-Cambio de planes. Me quedo durante algún tiempo. No quiero que me molesten hasta nuevo aviso. No es necesario que suba nadie a hacer la habitación.

Cuando Porta abre la puerta, te encuentra sentado en el sillón. Hace rato que esperas.

-¿Qué quieres?

Porta relata los últimos acontecimientos.

-Sí. Es más que probable que todo lo que has visto forme parte de la misma trama. Enviaremos un par de barcos de la fundación a indagar. Ocúpate de ello. Envía las imágenes que has sacado a Giusseppe, que este se encargue de localizar las sastrerías. En cuanto a ti, ve en ayuda de Li. Que Giussepe no se preocupe de contactar conmigo. Seré yo quien lo haga con él. Si damos con la identidad del asesinado y descubrimos posibles cadáveres, podremos detener lo que ya se ha iniciado. Gracias por todo. Lo has hecho muy bien.

Vuelves al centro de mando. Empiezas a tener claro lo que tienes que hacer pero tienes que pedírselo a la persona adecuada. Te diriges al secretario.

-Voy a pedir a uno de mis agentes que acceda al centro desde nuestros ordenadores. Necesito pinchar todos los teléfonos de compañías que alquilen cualquier vehículo con el que pueda ser transportado un hombre para hacer desaparecer su cuerpo.

-Esto es bastante inusual. De hecho no se ha hecho nunca. En cualquier otra circunstancia le diría que no, pero nos hemos puesto en sus manos. ¿Le puedo preguntar por qué?

-No quiero que, por accidente, el hombre al que encargue la misión lo comente con ninguno de sus compañeros.

-¿Sospecha que entre nuestro personal hay un espía?

-Hay un infiltrado. No es de su personal, pero hay un infiltrado.

-¿Y me quiere decir que no hemos detectado al infiltrado?

-Así es. Sé cómo se infiltró, pero no sé por qué no ha sido detectado. Supongo que su primera misión fue manipular de alguna manera los protocolos de seguridad.

-¿Sabe quién es?

-Sí, lo sé. Lo tengo controlado pero no quiero que sepa que he dado la orden de pinchar teléfonos. Le diré que la orden de vigilar la misión japonesa es una tapadera. Quiero que crean que he mordido el anzuelo. Sus hombres no corren ningún peligro en la misión japonesa, creo.

-¿Por qué me lo explica?

-Le quiero mostrar mis cartas para que confíe en mí. No se lo puedo pedir si yo no confío en usted. Necesitamos esa tapadera hasta descubrir los propósitos de Totlopot. Su organización es quien está detrás de todo esto. No lo puedo afirmar con certeza, pero es de las pocas organizaciones criminales con infraestructura y capacidad logística para abordar una operación a gran escala.

-¿Cómo se infiltró entre los nuestros?

-Utilizó el asesinato de su agente. Por eso montaron toda la escenografía en el despacho. Rompieron una ventana, que procedieron a reparar para colar el cadáver y al infiltrado. Quedaban restos de polvo de vidrio en el sillón en el que pusieron el cuerpo de su agente. El infiltrado no tuvo nada más que esperar en el despacho y hacerse presente con el disfraz adecuado para ser uno más en medio de la confusión.

-Nuestro hombre cantó.

-Es probable. Pero también es probable que se enterasen por otros medios. Tienen muchas influencias y muchos agentes por todo el mundo. En los sitios adecuados, allí dónde nunca pasa nada. El basurero adecuado, correctamente aleccionado e incentivado tiene más información sobre las costumbres de un rey que alguno de los miembros destacados de su gabinete. El destino de la tierra media en manos de un Hobbit.

-Tiene permiso para proceder. ¿Me puede decir quién es el infiltrado?

-Ugo. Si me permite, voy a dar las instrucciones oportunas a mis colaboradores.

CADÁVERES EXQUISITOS

XIX

LA CAZA DEL HOMBRE

Ceremonia del te 267

– Ya he elegido. Capitán Donadoni, Capitán Rissotto, Capitan Bocanegra, Teniente Rosso y Teniente Vanzetti. Saldrán inmediatamente con un grupo de hombres para proteger a la misión nipona. Capitán Bufón, Teniente Rotta, Teniente Marabatta, Sargento Rossi, Sargento Fellini. Ustedes se dedicarán a adiestrar a las fuerzas que han de proteger a la misión japonesa. Cuando los hombres no estén de guardia, estarán bajo sus órdenes, adiestrándose.

– ¿Puedo preguntar para cuando está previsto el atentado contra la misión japonesa?

– No lo sabemos con certeza. En cuanto tengamos esa información la facilitaremos. ¿Alguna pregunta más? Ya pueden salir hacia sus destinos.

Todos salen hacia el destino marcado. Todos obedecen, aunque todos dudan. Entienden la decisión pero no la comparten en la manera en la que se desarrolla. Son conscientes de que se está debilitando el sancta sanctórum de la logística y, aunque obedecen, no comparten tu decisión. Tú lo sabes, has visto sus corazones. Pero sigues adelante, sabiendo que estás solo ante una decisión que nadie más que tú puede entender. No te importa, no es la primera vez que cargas con todo el peso del destino. Forma parte del trato. Tú decides, ellos obedecen, recelan y te odian para acabar admirando tus grandes dotes de resolución. Siempre es lo mismo. Aunque alguna vez lo hizo, ya no te quita el sueño. ¡Sueño! ¿Se puede llamar sueño a tu descanso, a tu recarga de energía? ¿Cuánto queda de humano en ti? La sala de la reunión se ha desalojado hace rato. Sumido en tus pensamientos no reparas en el oficial que reclama tu atención, que acaba desistiendo y abandonando la sala para dejarte ¿solo?

Cuando acabas tus reflexiones y te diriges al comedor, en las miradas de los oficiales y subalternos, notas la desaprobación y la desconfianza, el recelo… el odio que produce tu indiferencia a su mensaje silencioso. Desearían oír unas palabras, pero no tienes nada que decirles, nada. Cualquier comentario podría ser malinterpretado y podría empeorar la difícil situación que se vive en el búnker. Coges un plato y maquinalmente lo llenas de comida. Ya es el cuarto día sin ver la luz del sol y sin recargar tus baterías con la máquina del descanso. El alimento que ingieres es un pobre sustitutivo energético para el desgaste de tu organismo. ¿Cuánto aguantará tu organismo antes de que tus reservas energéticas se agoten y empieces a cometer los errores propios de una maquinaria agotada? Decides retirarte a descansar. Tienes que ahorrar energía. Ya sabes los horarios del personal y de sus costumbres, así que no tienes que perseguir a nadie por los pasadizos. Te limitas a hacer el mínimo esfuerzo y a esperar noticias. ¿En qué piensas? Sabes los horarios en que cada uno de los habitantes del búnker realiza sus acciones. Puedes salir al exterior y alimentarte con luz solar directa. ¿No estás a punto de cometer un error? ¿Conviene abandonar el búnker? ¡Dudas! Tu sistema empieza a notar el cansancio. No puedes dudar. Los hombres a los que ordenas pueden no estar de acuerdo con tus decisiones pero no pueden verte dudar. Sabes el horario de Ugo, y sabes que lo respetará… no hay dudas… hay que salir para que el sol recargue el sistema. Te concentras, te cuesta conseguir la intangibilidad necesaria para llegar a la superficie. Otra mala señal. No puedes dejar que el cansancio pueda contigo. Has de cargar tu batería con luz solar directa. Haces un esfuerzo por controlar cada molécula de tu cuerpo, en busca de la intangibilidad necesaria para superar las toneladas de hormigón y tierra que te separan de la superficie, del sol, de tu fuente de vida. Luchas por mantenerte consciente mientras ganas metros hacia la superficie, caer rendido por el cansancio significa quedar atrapado en un proceso en el que tus moléculas se irían dispersando para formar parte de las gruesas paredes del refugio. Has de aguantar mientras asciendes, los segundos te parecen eternos, pero eres consciente de que todo es psicológico, de que tu meta está al alcance de la mano y de que vas a llegar, no te puedes rendir, la sensación que tienes de que tu mente puede estallar en cualquier momento es solo eso, una sensación. Tu mente no va a estallar y tu vas llegar… vas a llegar… aunque empiezas a no controlar tu cuerpo y este empieza a actuar por su cuenta, con actos reflejos que no controlas, como el brazo que se estira con toda la palma de la mano abierta, en un intento por llegar cuanto antes. Es un gesto inútil, no vas a llegar antes y supone un gasto de energía extra, pero no lo puedes controlar, tu máxima prioridad es no dejarte vencer por el sueño que se apodera de ti, por el sueño y por el pánico. Has de controlar el pánico que te produce la ansiedad de no llegar a tu objetivo. No puedes controlar tu cuerpo, pero has de controlar tu pánico, eres tú el que provoca el pánico, no puedes ser presa de él. La luz llegará, siempre llega. Concéntrate en seguir consciente para llegar a la luz. La luz está llegando, distingues las primeras capas de la tierra, humedad… agua… alcantarillado… adoquines… aire, aire… aire… no paras de ascender… ya has recibido el primer impacto, tu cuerpo empieza a sentir la dulce sensación de la embriaguez que te fuerza a seguir elevándote, elevándote, elevándote para gozar de la dulce sensación que hace que por un momento te olvides del mundo y no te importe llamar la atención.

Transeúntes, turistas, desocupados, curiosos, trabajadores, cazadores… al acecho, que no se dan por vencidos, a pesar de llevar varios días sin pistas. Taica, rey de asesinos; es su oportunidad, la oportunidad de conseguir la mayor de las victorias, un hombre a su altura, una pieza única, la recompensa a toda una vida de perfección en el arte de eliminar. El olor de la emoción es intenso. Sale del acecho, apenas puede disimular sus rápidos movimientos para pasar inadvertido entre le gente, la cacería ha empezado. Se acerca a su presa. No puede llegar hasta ella, pero se acerca y mientras la ve elevarse calcula, rápida, instintivamente y se aproxima al lugar en donde sus cálculos le dicen que su presa tomará tierra. Una terraza, corrige… un balcón, corrige… una terraza, no, la siguiente, la calle, no, no puede ser la calle… la siguiente terraza, desierta… con algunas prendas secándose, ondeando como inquilinos sin cuerpo que cubrir.

Taica oculta su presencia. Tomas tierra allí donde Taica ha calculado. Mantienes cierta intangibilidad. Te giras hacia donde se oculta Taica, Este se muestra. Te mira:

-No estás en plena forma. Dime un lugar y dame tu palabra de que nos encontraremos allí cuando estés en tu plenitud.

-¿Por qué?

-Deseo enfrentarme a ti y derrotarte.

-Eso lo han deseado muchos.

-Yo lo conseguiré.

-¿Y qué harás cuando me hayas derrotado?

-Seguiré mi camino.

-No puedo dejarte seguir tu camino. Quiero tu palabra de que no volverás a asesinar si yo cumplo con la mía.

-No te la puedo dar. Soy lo que soy y mi odio hacia el ser humano es demasiado grande.

-Has sufrido mucho, pero… no consigo ver odio en ti. Eres un artista, utiliza tu arte para ayudar a la gente.

-Nunca ayudaré a nadie, pero si me derrotas te ofrezco un año de mi vida.

-Me pensaré tu oferta. Cuando todo haya acabado te esperaré en la isla de los muertos. No utilices tu arte hasta entonces.

-Tienes mi palabra. –Se miran. Se hablan con la mirada.- Ella está bien. Y no he ido contra nadie de tu equipo.

-En ti no hay odio…

-Carga tus baterías en paz.

Fragmento de cadáveres exquisitos de Josep García

Cadáveres Exquisitos

XV
EN LA SALA DE CONTROL

Copia (2) de Excursión Nîmes 016

Pides una entrevista con el secretario y tomas el camino del ministerio. Cuando llegas, pasas directamente al despacho. El secretario te aguarda.
-¿Sabe quién me atacó?
-No. Estamos investigando, pero tenemos pocos efectivos y no los podemos dedicar a…
-Ni lo haga, a menos que quiera ver cadáveres. Mi atacante se llama Taica. Es un profesional. No lo busque. No lo va a encontrar, a menos que quiera ser encontrado. Anteriormente había oído hablar de él, pero pensaba que era una leyenda… seguramente lo que él debía de pensar de mí. Es un maestro del asesinato. Vive por y para; en él, asesinar no es una cuestión de vida o muerte, es una arte…
-Habla de él como si sintiese cierta admiración.
-No admiro sus actos pero sí, admiro la perfección que ha conseguido en su trabajo. Fue educado por una sociedad secreta nipona, la mejor en su campo y la más temida y respetada.
-¿Quiere eso decir que los japoneses están detrás de atentar contra la cumbre?
-Eso no quiere decir nada. No creo que los japoneses estén detrás. No podemos descartar que una de sus sociedades criminales lo esté, aunque Taica es un agente libre. Desde luego, preparar toda la infraestructura de una operación del calibre que intuyo sólo lo puede hacer una gran organización y no descarto que se trate de la sociedad secreta que educó a Taica. A pesar de ser un agente libre, se debe a la sociedad que le educó y le hará tantos trabajos como le pidan. Créame cuando le digo que debemos centrar todos nuestros esfuerzos en la protección de la comisión nipona. Qué es lo que va a pasar no lo sé. Pero sí sé que el objetivo u objetivos son los miembros de la comisión nipona. Si estos sufriesen un atentado, la cumbre fracasaría y probablemente estallaría un conflicto armado global.
-La tercera guerra mundial…
-Sí, quiero que ponga a sus mejores efectivos protegiendo a la comisión japonesa.
-Lo ordenaré inmediatamente.
-Quiero estar presente en el proceso.
-No hay nada que objetar, – sentencia la voz que se deja oír por el intercomunicador.
Tu interlocutor se levanta mientras se abre la puerta disimulada en la pared. Te invita a seguirle:
-Creo recordar que la conoce, de nuestra última entrevista.
Haces un gesto afirmativo y aceptas su invitación. Cuando entras compruebas que se trata, como ya sospechabas, de un ascensor. Bajáis a las entrañas de la tierra. Cuando el ascensor se para y se abre la puerta ves un pasadizo con varias puertas blindadas, todas ellas custodiadas. Avanzáis hasta llegar a la sala de mando, una cámara con una mesa ovalada en la que esperan sentados los máximos responsables de la seguridad nacional. Permaneces en un segundo plano mientras el secretario del secretario del secretario se adelanta:
-Caballeros, empezamos a vislumbrar a lo que hacemos frente. En estos momentos tenemos fundadas sospechas de que una importante organización que podría ser definida como criminal, ya que actúa al margen de cualquier gobierno civilizado,-sonríes ante el uso del vocablo civilizado y el significado de este para los allí reunidos,- prepara un atentado contra la delegación japonesa. Hemos de establecer como nuestra máxima prioridad la protección de dicha delegación.
-¿Qué pruebas son las que avalan la teoría para tomar esta decisión?
-Sabemos con certeza que uno de los implicados en el asunto que nos ha traído de cabeza todo este tiempo es un asesino educado por una sociedad criminal japonesa. Es uno de los seres más letales que trabajan hoy en día. Solo lo hace por dinero o por obediencia a su sociedad secreta.
-Pero hasta ahora hemos tenido indicios de que las personas implicadas tenían diversa procedencia geográfica, incluso se utilizaban diversos enclaves geográficos para la comunicación u otros menesteres.
-Es cierto. Pero hasta el momento en que ha aparecido en escena este asesino no hemos tenido a un personaje de primera fila, y perdonen por la expresión. La teoría o hipótesis sobre la que fundamentamos nuestra decisión tiene un alto porcentaje de ser correcta.
-¿Quién es el asesino?
-Taica.
El silencio se adueña de la habitación. Todos han oído el nombre y saben a lo que se enfrentan. Una persona, varias personas que trabajan bajo el mismo nombre… los resultados son los mismos: muerte y sólo muerte.
-Si es cierto lo que conocemos de Taica, podemos estar más que tranquilos, -tomas la palabra-. Nuestra misión es imposible, está condenada al fracaso, no tendremos éxito. Creo que es un buen punto de partida saber que estamos derrotados antes de empezar. Hagamos lo que hagamos, Taica, conseguirá su objetivo. Hasta ahora no ha fallado nunca.
-No es del todo cierto, señor,- interviene un coronel, joven para el grado, según tus apreciaciones.- Con usted ha fallado.
-¿Era yo su objetivo? No lo sabemos. Probablemente solo frustré un objetivo o no tenía la intención de matarme, solo de anunciar su presencia.
-¿Cómo cree que debemos proceder?
-Como siempre lo hacen. No deben variar sus protocolos.
-No le entiendo, Debemos de aplicar nuestros protocolos, a pesar de que no vamos a tener éxito.
-No he dicho que no vaya a tener éxito lo que vamos a hacer, he dicho que no debemos preocuparnos por el fracaso, hagamos lo que hagamos nuestras posibilidades son casi nulas pero debemos hacerlo, el casi es una posibilidad, pequeña pero al fin y al cabo es algo. Quiero aprobar personalmente a todos y cada uno de los hombres que formarán parte del equipo.
-Pero esto no es lo habitual…
-Mi colaboración forma parte de ese casi.- Todos los rostros miran al secretario. Este asiente.
Te conceden una sala en donde miras los expedientes de las personas elegidas. Los lees sin demasiada atención. Recibes a los miembros y conversas con ellos. Aprovechas los descansos de las entrevistas para recorrer las instalaciones. Pareces poner interés en las tareas que realizan los hombres allí destinados. Te acercas a alguno y le realizas preguntas sobre su trabajo, te ganas su confianza y como quien no quiere la cosa deslizas preguntas sobre hábitos y sobre asuntos particulares. Pides un sitio para descansar. Te dan una habitación que tienes que compartir con tres personas más. Habitualmente nadie duerme en las instalaciones, lo hacen en sus casas, pero dada la situación, y tu presencia, se ven obligados a quedarse. Aprovechas la noche para recorrer las instalaciones sin ser visto. Sabes dónde están situadas las cámaras, dónde los controles de vigilancia y aprovechas tus características para desplazarte a través de los objetos. Estás cerca de tu objetivo pero debes mesurar las fuerzas, ya son dos días en los que no has utilizado la máquina y tampoco has visto la luz solar. El alimento que ingieres no es suficiente para reponer la energía que necesita tu cuerpo. Si Taica decidiese atacar, estarías muerto.

Fragmento de Cadáveres exquisitos de Josep García

Cadáveres Exquisitos

XIV

TORTURA

 Copia (2) de Excursión Nîmes 077

-Señor Li, ¿es ese su verdadero nombre?

-Sí.

-¿Es consciente de que cuanto antes acabemos menos sufrirá?

-Soy consciente de que me puedo dar por muerto.

-Me hubiese gustado llegar a un acuerdo, quería contar con un hombre como usted en mi organización, pero después de haber matado a cinco de mis mejores hombres tras rendirse no me queda otra opción que hacerle matar. Yo le voy a matar, bueno, no personalmente…

-Por supuesto, un cobarde con medios siempre puede contar con que otros le realicen el trabajo sucio.

-Sus insultos no me molestan. ¿Cree que se puede llegar hasta donde yo estoy y controlar toda esta organización sin tener un par de cojones?

-Le diré lo que creo. Antes de ponerme la mano encima, vaya a consultarlo con su amo, no sea que se enfade por no haber sido de su gusto el trato que me quiere dispensar.

-Diga sus bravuconadas, es lo único que le queda y muy pronto… o muy tarde, pero con mucho dolor, ni eso. Depende de usted.

Se abre una puerta y entra un individuo todo nervio, ni un ápice de grasa. Su tez es blanquecina, se nota que no está acostumbrada a recibir la luz solar. Es la tez de un hombre que se pasa las horas encerrado entre cuatro paredes, aún así no presenta la flacidez característica de la inacción.

-Le presento al doctor Wu. Su título no es honorífico, como el de tanto parásito occidental que medra en estos tiempos por esas decadentes cortes europeas. Es un verdadero doctor, en ambas acepciones, la académica y la práctica. Un gran conocedor del cuerpo humano. En su otra vida fue un gran sanador. Se lo disputaban los principales centros médicos.

-Papá se portó mal con mamá, a la que estaba muy unido y eso le llevó a la depresión, la bebida y la tortura…

-A mi padre no tuve el placer de conocerle. En cuanto a mi madre… fue una mujer extraordinaria. Mi afición a la tortura se debe a mis debilidades humanas. Gano mucho dinero ejercitando mi arte y eso me permite follar con las mujeres más bellas y darme una vida con la que no puede soñar ni el mejor pagado de mis colegas. Una historia anodina, sin interés y nada maléfica.

-Eso si que acojona. ¿Le puedo ofrecer un trato?

-Soy todo oídos, señor Li, aunque le seré sincero, cualquier trato se reduce a una muerte rápida y sin dolor.

-Bueno. Mis padres no estarían de acuerdo con eso… pero si es lo que hay…. Mire. Odio morir sin saber por qué. Usted me cuenta y yo le cuento…

-Diviértame, señor Li.

-Yo vine a averiguar quien era uno de sus clientes o si esta empresa estaba bajo la órbita de alguna organización criminal.

-No estamos bajo la órbita de ninguna organización. Somos una empresa independiente que trabajamos, eso sí que lo reconozco, para cualquier organización que ponga su dinero sobre la mesa.

-¿A qué cliente…?

-Señor Li, me toca preguntar a mí. –Li asiente – ¿Para quién trabaja?

-No trabajo para nadie… alquilo mis servicios.

-¿Y quién…?

-Respete las reglas del juego. – Ahmentollah calla.- Me toca preguntar a mí… ¿Quién es el cliente T, el que compró grandes cantidades de cobre que no figuran en los archivos oficiales?

-No lo sé. Es una tapadera europea, una empresa ficticia para realizar determinadas operaciones, no conozco nada más, recomendación de mi médico. – Ríe -. Ya empiezo a hacer chistes tan malos como los suyos. ¿Quién le ha pagado para que investigue mí empresa?

-Un país europeo preocupado por las importantes evasiones fiscales que está detectando en el sector del cobre. ¿A dónde hacen los envíos?

-A ningún sitio. Enviamos el material al muelle y allí se preocupan de embarcarlo. Aquí deja de interesarme el asunto. ¿Qué país le paga?

-Alemania. El ministerio de industria está muy preocupado por la competencia desleal de las empresas que evaden impuestos y dañan la estructura económica del país. ¿En qué puerto dejan los envíos de cobre del cliente T.?

-Hong Kong. ¿Cómo consiguió llegar hasta nuestra empresa?

-Por pura casualidad. Tenía que elegir entre las principales empresas abastecedoras. Creí que era a partir de empresas como la suya por dónde había que empezar a deshilachar la trama de corrupción administrativa. Tuve suerte que a la tercera fuese la vencida. ¿Me podría nombrar alguno de sus principales accionistas?

-Entre nuestros accionistas no hay ningún ciudadano alemán… ni ninguna empresa alemana. De hecho no hay ninguna empresa occidental como accionista. ¿Qué empresas había investigado con anterioridad a la nuestra?

-La G. C. E. C. y la E. A. C.  Entre sus accionistas, naturalmente, hay miembros de las mafias orientales.

-Naturalmente. Dígame el nombre de mis colegas en el cargo, en las compañías que ha citado.

-¿Ha comido con ellos últimamente? –Ahmentollah sonríe.

-Señor Wu, es todo suyo. Le aseguro que yo he respetado el trato.

-Lo sé. Le prometo inmunidad en cuanto salga. Haré todo lo posible para que sus socios no le molesten.

-Cómo echaré de menos sus ocurrencias.

-¡Qué hipócrita!

-Señor Li, – habla el señor Wu- empezaremos por algo suave. Amo mi trabajo y, como todos aquellos que aman su trabajo, no me gusta que la gente sufra sin necesidad. Mire este sencillo martillo. Si le golpeo aquí, -lo hace en la articulación de la rodilla,- su pierna se mueve en un acto reflejo que para los niños resulta gracioso. No es necesario golpear muy fuerte. Pero si aplico este mismo golpe aquí, -lo hace en los testículos.- con la misma intensidad, el resultado es el dolor. – Li se retuerce todo lo que le dejan las ligaduras. Cuando deja de retorcerse, Wu continúa con su monólogo. – ¿Está bien? ¿Ya pasó? ¿Ya no le duele? Imagine lo que puede ser si este mismo golpe lo aplico con bastante más fuerza. –Lo hace. Li se retuerce de dolor.- ¿Por qué imaginárselo cuando lo puede experimentar? La experimentación es la base de la ciencia. No se preocupe, de momento va a conservar sus testículos. No voy a seguir trabajando esa zona. Era sólo un avance de lo que le espera si no me da la información que quiere mi cliente. Lo que hay entre usted y yo no es nada personal. No le odio, sólo quiero cumplir mi contrato. Vamos a empezar por bajar la temperatura. Le mojaremos. Es increíble lo que baja la resistencia del organismo y, con esta, la voluntad de oposición del individuo con un poco de frío. Este gotero, convenientemente colocado, cumple la función de humedecer con una gota de agua su oreja. No duele, solo molesta. –Toma unas tenazas.- Esto es para demostrarle que no estoy en contra de la mutilación. También pienso llegar a ella. De momento va a recibir un aviso. – Le coge una uña de un dedo del pie y se la arranca.- No tiene por qué aguantar el grito. Puede desahogarse. Sé que duele. No tiene la necesidad de mostrarme indiferencia. Estamos entre profesionales. No es necesario que me oculte su dolor. ¿Quiere hablar? Lo suponía. Volveré dentro de unos minutos. Su capacidad de resistencia habrá disminuido y le volveré a hacer la misma pregunta. ¿Quiere hablar? Se que no me va a decepcionar.

Li oye cerrarse una puerta tras de sí. Escucha atentamente. Sabe que no está solo. Alguien le vigila. Su mente no se ocupa en  saber el tiempo que pasará o en si hablará o no. Por el momento esa posibilidad queda desechada. Como ha dicho Wu, su voluntad es aún firme. Solo tiene una cosa en la cabeza. Cómo liberarse y huir. Sus extremidades están inmovilizadas. Zafarse de las ligaduras que las inmovilizan es perder energía. Tiene que conservar su calma y esperar un error de sus captores. Observar atentamente y estar al acecho del primer error que puedan cometer. Ahora está en una silla. Es probable que para próximas torturas quieran trasladarlo a una bañera, a un palo, a una polea… Y es probable que cuando realicen el traslado se confíen en su número y en su deterioro físico. Aguantar, aguantar y observar, esa es la consigna… Concentrarse y no dejarse perturbar por la puta gotita que le está tocando los cojones. Debe liberar la mente para descansar.

Una puerta se abre y se cierra. Ha perdido la noción del tiempo. Allí, junto a él, vuelve a estar Wu. “¿Quiere hablar?” Li le mira. Esa es suficiente respuesta para Wu que le palmea con fuerza las orejas. El dolor es impresionante. Li intenta no retorcerse de dolor pero no lo consigue. Las ligaduras le hienden las carnes. Pasado un rato, la misma pregunta. “¿Quiere hablar?” Li ni se molesta en mirar. Sabe que mirar es enfurecer a su torturador y no quiere que su torturador muestre más saña de la necesaria. Li se esfuerza por ocultar su ira, no quiere que esta le asalte y le nuble la mente, quiere tener claridad de ideas, en la medida de lo posible. No le pegan, no le hacen nada. Nota que le empieza a subir el calor corporal. Le están haciendo entrar en calor.

-¿Se encuentra bien? ¿Podemos continuar? ¿Quiere hablar?

Ante su silencio, con un martillo,  le machacan el dedo pequeño del pie izquierdo. Dolor, mucho dolor y la misma pregunta y la misma puta gota y otra vez le mojan y le bajan la temperatura del cuerpo y otra vez la misma pregunta. Le dejan otra vez solo, con un dedo machacado, mucho frío y la gota cojonera. Cuando la puerta se vuelve a abrir los dientes le castañean y los huesos machacados le duelen lo indecible.

-¿Quiere hablar?- Aún no está todo perdido. Se contiene y de su boca no salen las verdades de los que han perdido toda esperanza. Calla. Observa los movimientos de su torturador y se prepara para recibir una palmada en las orejas. Nada, su verdugo se contiene y ni siquiera le roza. Se siente aliviado. En medio del alivio nota un pinchazo en el brazo y siente un líquido que le penetra. Le han inoculado algún tipo de suero. Han calculado que su voluntad ya está lista para recibir el suero de la verdad. Wu está parado ante Li, esperando que el suero surta su efecto. -¿Quiere hablar? – Li menea la cabeza ligeramente. – Sé que no quiere hablar, pero me temo que no esté en su mano el decidir lo que quiere y lo que no. Dígame, ¿cuál es su nombre?

-Me, ¿Cuál es su nombre?

-Estamos graciosos. Le vuelvo a preguntar. ¿Cuál es su nombre?

-Li, Señor Li.

-¿A qué se dedica señor Li?

-Soy ayudante de campo.

-¿Qué hace como ayudante de campo?

-Buscar información.

-¿De qué tipo?

-La que me pidan.

-¿Qué información buscaba en los archivos de la E. I. C.?

-Envíos de cobre fraudulentos.

-¿Para qué empresa investiga?

-No investigo para ninguna empresa.

-Para qué tipo de asociación jurídica.

A pesar de su enorme resistencia, el cansancio y el castigo físico le empiezan a pasar factura y es consciente de ello. Por más que se esfuerza en concentrarse las palabras brotan de su boca:

-Para una fundación.

Wu no puede resistirse, empieza a saborear el triunfo y descuida su tono de voz:

-¿Qué fundación?

Esas notas musicales de triunfo en la voz de Wu son las que encienden la chispa en el cansado y confundido cerebro de Li, y le proporcionan la reacción que se esfuerza por conseguir:

-¡La de tu puta madre!

Wu no puede ocultar su decepción, aunque, como buen profesional, reprime su rabia:

-Vamos, vamos, no es necesario insultar… no es necesario. Somos profesionales, lo nuestro no es nada personal. ¿Qué fundación? Yo no quiero que sufras más de lo necesario. Sabes que todo el sufrimiento va a ser inútil. Al final vas a hablar. Estás solo, nadie va a venir a socorrerte y nadie va a ser testigo de tu derrumbamiento. ¿Qué fundación? Yo, ya lo sé. Aunque te parezca mentira es una respuesta que ya me sé. Tengo la información, pero deseo, por tu bien, para que dejes de sufrir, para convencer a estos matarifes, oír la misma respuesta de tus labios. ¿Qué fundación?

Li desea contestar algo así como “No era un insulto, era la verdad…” o “Claro que sabes la respuesta, la mamaste de tu madre…” algo ingenioso pero sabe que eso no conduce a nada y que tiene que apostar por reservar fuerzas para la posibilidad que se le presente de escapar. Con aire de vencido, de colgado, de desubicado total mira lo que puede de la estancia y lo interioriza. Mientras piensa en la inexistencia de cámaras, apenas balbucea…:

-¿Qué fundación? La fundación. ¿Qué fundación…? ¿Y el pajarito…? La fundación…

-Sí, la fundación, concéntrate… dame el nombre de la fundación para la que trabajas…

-La fundación… nombre…

-Sí, solo un nombre y serás libre…

-¡Libre…! ¿Y podré darle recuerdos a tu madre? ¿Tú no serás mi hijo? –Li calcula todas y cada una de sus palabras. Procura decirlas con toda la calma del mundo, sin rabia ni ironía, no busca zaherir, quiere guardar fuerzas para el próximo escalón en la tortura. Hay una probabilidad de que quieran trasladarle para hacerle degustar una nueva exquisitez del chef Wu. Confía en que sus guardianes, confiados en su deterioro físico no tomen las precauciones debidas y si esto es así, esa será su oportunidad. Tras decir esta frase baja la cabeza. Guarda un silencio. La levanta y mirando sin mirar sonríe a Wu para dejarla caer de golpe y cerrar los ojos. Wu le da unos golpecitos en la mejilla. Li reacciona como un boxeador tocado. Wu toma la decisión, se ha tragado el anzuelo, pide a sus guardianes que se acerquen para cambiarlo de sitio. Ha decidido utilizar un aparato más sofisticado. Sus captores le quitan las ligaduras, lo levantan y cometen el último error de su vida. Li no tiene piedad, no se la puede permitir. Caen y con ellos cae Wu. No pierde ni un instante. Le quita la ropa a uno de ellos y se la pone. Se dirige a la puerta. La abre y ve un pasillo. Al final de este hay un guardián. Le hace una seña para que se acerque. Mientras se acerca comprueba que en el pasillo tampoco hay cámaras. Esté donde esté, sus captores no quieren pruebas fílmicas de tortura. Esa decisión le favorece.

-¿Qué pasa? –Pregunta el guardián que ha acudido a las señas de Li.

-Tú por la puerta.

Sin darle tiempo a reaccionar le reduce, le quita su arma y le apunta a la cabeza.

-Eres hombre muerto. Si no te mato yo lo hará Ahmentollah. Solo tienes una oportunidad y es escapar conmigo. Cuando estemos fuera de aquí, tu por tu lado y yo por el mío. Ahora me conducirás a la salida y…

-No podemos salir hasta que no llegue el relevo.

-¿Y si hubiese alguna emergencia?

-No podemos abandonar el puesto. Debemos aguantar, aguantar y aguantar.

-¿Cuánto queda para el próximo relevo?

-Dos horas.

-Bien, me vas a contar paso por paso cómo se realiza y cuántas personas vendrán por el pasillo. Tómatelo con calma y no olvides ningún detalle. Tenemos dos horas. Tu vida depende de tu memoria.

Cadáveres Exquisitos

XIII

UNA ENCRUCIJADA

 Visions Urbanes Granollers 065

Al abrir la puerta de la habitación lo percibes. ¡Es tarde! El golpe ha sido rapidísimo. No habías alcanzado la intangibilidad y el golpe, certero, te ha descentrado y neutralizado. Para cualquier otro habría sido mortal. Tú, aunque tarde, has reaccionado y has amortiguado el efecto pero aún así estás atontado. Aunque atontado percibes la sorpresa en tu atacante, seguramente eso también te ha salvado, la sorpresa. Nunca, antes del momento presente, nadie había percibido su presencia. Es un invisible para todos aquellos que él desea, pero tú has notado su presencia y él lo ha advertido.

No puedes hacerte intangible, estás demasiado atontado para conseguirlo, y ello requiere concentración y todos tus sentidos trabajan para averiguar qué ha sido de Porta. Sabes que está en la otra habitación, sin sentido pero viva. Taica, el invisible que te está apretando el cuello sabe lo que se hace. Ha sido un breve instante pero tus ojos se han cruzado con los suyos y el invisible vuelve a quedar sorprendido. Lo notas. Es un buen profesional, sabe lo que se hace. A pesar de la sorpresa no logras zafarte de él y ya es tarde para conseguir la intangibilidad. Tienes que dar con un punto débil y rápido. Con gran esfuerzo haces que los cuerpos se estrellen contra el vidrio del balcón, pero su presa sigue igual de fuerte, unos cuantos arañazos en el brazo y un corte en la oreja pero no ceja. Como puedes, te sujetas a los barrotes del balcón y lo aprietas contra ellos, consigues ponerte de pie pero sigue atenazándote el cuello con la misma fuerza. Tú única salida es tirarte al vacío. El lo advierte y se separa de ti. La vista se te nubla pero tú le coges por el brazo y le dejas colgado en el vacío. Otra vez se cruzan las miradas. No ves miedo en sus ojos. La vista se te nubla y estás a punto de perder el sentido. Balanceas el brazo y haces que tu presa caiga en el balcón del piso inferior. Necesitas recuperarte, no puedes perder el sentido. Te mantienes en pie. Sientes alguna sirena y dejas de notar su presencia, ya no sientes la amenaza, vas hacia donde esta Porta y tras asegurarte de que está bien, te dejas vencer por la noche.

Sentado en el rincón, mirando el movimiento del agua, Taica piensa en lo que acaba de suceder. Es la primera vez que alguien percibe su presencia sin que él lo permita. La situación es completamente nueva. Supone un desafío a su técnica, un reto digno de su nivel. Un contrincante a su altura. Resulta muy gratificante para él, después de tantos años de duro entrenamiento en el seno de la mejor sociedad secreta nipona, asumir el que probablemente va a ser el mayor desafío de su existencia. Ha de enfrentarse a su contrincante y vencerle pero tiene que renunciar a su contrato. No puede cumplirlo. Quiere vencer pero no dar muerte. Su oponente es único en el mundo, lo que ha visto en sus ojos no lo había visto nunca. Sus ojos son un pozo de sabiduría inmensa, sabiduría de siglos, tal vez milenios de existencia. Sus ojos son lo más cercano que él ha estado del concepto de inmortalidad. Todo en ellos es humano pero sobrepasan el límite de lo humano. Son los ojos de una criatura maravillosa, única, que no puede ser destruida. Su decisión está tomada, renuncia al contrato pero no a la confrontación.

Despiertas en la cama de la habitación. Preguntas por Porta y esta se aproxima a ti. Te incorporas:

-¿Qué haces? Tienes que descansar.

-A mí solo me dejó sin sentido. No sentí absolutamente nada. Estoy bien, era un profesional y sabía lo que se hacía. No me quería asesinar. Tú eras su objetivo. El escáner revela que estás bien, aunque te llevaste la peor parte.

-¿Quién nos socorrió?

-En un principio la policía, pero enseguida se hizo cargo el ministerio del interior. Querían hospitalizarnos pero les convencí de que yo tenía los conocimientos y el equipo adecuado para la ocasión.

-¿Y Giussepe?

-En su puesto. Nunca perdimos el contacto.

-¿Sabes si nuestro atacante hurgó en tus ordenadores?

-No lo hizo.

-Por tanto es probable que no sepa nada de Giussepe. Pero no me quiero arriesgar. Es muy bueno. Si se propusiese matar a Giussepe, este no tendría ninguna posibilidad. Que recoja el equipo y se retire. Sabemos a quien nos enfrentamos, no es necesario el apoyo logístico de Giussepe. ¿Tenemos alguna noticia de Li? – Porta niega.- ¿Qué hora es?

-Las seis.

-Vamos, ya hemos perdido mucho tiempo.

Totlopot no pestañea cuando recibe la noticia. Solo comenta, “Bien, que nos devuelva el dinero. Quiero al señor Molesto aquí, antes de dos horas.” Nadie da un duro por Molesto pero a todos los presentes les recorre un escalofrío al pensar que ellos pueden ser los elegidos para sustituir a Molesto. Totlopot piensa, sabe que el escarmiento que de a Molesto no será suficiente para mantener a sus vasallos sumidos en el miedo pero también sabe que no puede enfrentarse a Taica. Los servicios que ha prestado a su organización constituyen una serie de argumentos suficientes para desestimar cualquier ajuste de cuentas con el asesino.

Alfred Molesto recibe la noticia de que Totlopot le quiere ver inmediatamente cuando está a punto de tomar un avión para supervisar personalmente el asunto de Venecia. Se encuentra en la disyuntiva de tomar el avión y enderezar el asunto de Venecia para contentar a su jefe y salvar la piel o hacer acto de presencia para ser ejecutado. La primera opción no es válida. Si desobedece y toma el avión puede darse por muerto antes de poner un pie en el aeropuerto de Venecia. Si obedece tiene una ligera posibilidad, puede que convenza a Totlopot de la necesidad de tomar el vuelo hacia Venecia, incluso podría encontrar apoyo entre algún miembro de la organización, deseoso de no recibir el encargo envenenado. Permanece quieto, en pie, en la terminal, aferrándose desesperadamente a lo que probablemente sean sus últimos minutos de vida. Desea convencerse de que ha sido él, Alfred Molesto, y no Totlopot, el que ha tomado la decisión de acudir a la cita con Totlopot. Desde la terminal, contempla cómo el avión hacia Venecia se le escapa. El avión se le ha escapado. No tiene otra cosa que hacer hasta el siguiente vuelo, así que acudirá a la cita con Totlopot.

-Porta, es importante que averigüemos cuanto antes el objetivo de Totlopot. El es quien se halla detrás de todo esto. Solo su organización tiene la infraestructura necesaria para acometer una operación de la envergadura que nos muestran los indicios. En cuanto sepamos el objetivo de Totlopot te adelantas para averiguar lo que puedas sobre Li. Yo te seguiré en cuanto haya desbaratado la operación.

-Como tu digas, aunque no estoy de acuerdo.

-No espero que estés de acuerdo, sólo que obedezcas.

-Cuando quieres puedes ser todo un caballero…

-En estos momentos eres un miembro de la organización… si crees que no puedes…

-Si puedo. – Os miráis a los ojos.- Sí puedo.

 Capítulo de Cadáveres Exquisitos de Josep García