EL LINGÜISTA

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Ceremonia del te 237

Hace algunos años, en mis inicios como monitor, que aunque parezca mentira no se remontan a la prehistoria, conocí a un personaje singular. Era un señor, de edad indefinida, muy baqueteado por la vida y la bebida. Se dedicaba a limpiar el centro, un colegio en donde hacíamos el Casal de Verano.

Un día, mientras hablábamos, después de la jornada, el hombre vio un papel en el suelo y fue a recogerlo, mientras mascullaba:

— Es que semos unos guarros.

— Somos, — le corrigió alguien.

— No, — insitió—, semos, sois vusotros.

Y YO MÁS

Y YO MÁS

1997 072

 

Hubo un año en que entró a formar parte del equipo de monitores uno de esos tipos que si tú habías ido a la luna él había ido y vuelto dos veces. Según radio macuto, había sido un antiguo monitor, que tras un accidente había quedado un poco tocado de la azotea. Tocado o no de lo que tenemos sobre los hombros, el tipo tenía un trato bastante nefasto con los chavales que hacían actividades en la casa. Si un chaval veía un pez y lo comunicaba entusiasmado, él enseguida borraba el entusiasmo de su cara: “Eso es una mierda, ¿a qué nunca has visto un tiburón cara a cara?”, y lindezas de este estilo. Una vez, su trato y excentricidad llegó hasta el punto de destrozar una estrella de mar, ante la mirada aterrorizada de los chicos. El saber que este es el sistema de reproducción del equinodermo en cuestión no les sirvió de consuelo.

El caso es, que un día estábamos algunos monitores descansando en nuestra sala. Nos encontrábamos en animada conversación hasta que hizo acto de presencia el tipo de marras. El momento estaba siendo mágico, pues nos empezamos a hacer algunas confidencias del tipo: “Tengo un juicio y estoy preocupado.” “A mí me pasó algo similar en un discoteca.” “Yo pasé a la sala y no me enteré de nada.” “Mi novio me pilló en la cama con mi último ligue.” Sí, los temas saltaban, dependiendo de lo que le preocupase a cada uno. Eso nos ayudaba a conocernos y a consolidar el equipo. Estábamos condenados a pasar muchas horas juntos y tanto en los mejores como en los peores momentos, solo nos teníamos a nosotros, unos perfectos desconocidos, unidos por un objetivo común.

El caso es que cuando entró este tipo, la magia se acabó. Él había tenido el mayor juicio de todos los tiempos, su accidente de coche había sido el más grave y le había acarreado una hospitalización de aúpa, en una discoteca se tuvo que enfrentar a cuatro tíos con navajas él solo, le había pillado en la cama con otra toda la familia de su novia, se había liado con tres trillizas y la madre… sin comentarios. De pronto, uno de mis compañeros comentó:

— Te has quedado muy callado. Cuéntanos algo.

Yo, me removí en el asiento con cierta indolencia y con voz pausada solo se me ocurrió decir:

— En cierta ocasión, me dieron por culo.