LA TETÍADA

LA TETÍADA

Margarita
Flor que crece en las empinadas cimas del monte Athos y cuyo ligero roce es altamente estimulante. Su utilización provoca claras reacciones fisiológicas. Su consumo continuado, eleva la moral y provoca un estado de felicidad.

En una ocasión, iba en el catamarán con un grupo de señoras que estaban celebrando una despedida de soltera. Como sucede en estos casos, el alcohol consumido con amplia generosidad surtía su efecto y a la alegría, propia de toda celebración, se sumaba la del alcohol.

En un momento dado, uno de los barcos que hacen la ruta por la zona para llevar a los turistas de cala en cala pasó por nuestro lado, suceso que produjo el consabido intercambio de saludos entre los pasajeros del barco y los ocupantes del catamarán. Hasta aquí, todo dentro de lo habitual; pero entonces hizo su aparición la suma de alegrías, la de la fiesta y la del alcohol, y una de las señoras, mientras se desabrochaba el salvavidas, preguntó:

— ¿Les enseñamos las tetas?

No hubo respuesta, fue una reacción inmediata. Las cinco chicas, se desabrocharon el salvavidas y liberaron sus pechos de la suave caricia de la tela del bikini. ¡Menudo festín visual! Pechos y pezones de todo tipo y tamaño, más o menos erectos y de diferentes tonalidades, desde el suave rosáceo hasta el delicioso rojo oscuro. Quedé saturado.

Una de las chicas, al darse cuenta de mi cara, llamó la atención del resto para reducirlas al orden:

— Chicas, que hemos avergonzado al instructor, pobrecito.

A lo que respondí:

— Para nada señoras, solo ha sido exceso de información, no sabía sobre que pechos posar mis ojos. La próxima vez, de una en una, por favor… Mi sistema nervioso lo agradecerá.

Todas rieron.