ÉXODUS: DIOSES Y REYES

Exodus: Dioses y Reyes

EXODUS

La película no me ha gustado pero tampoco me ha disgustado. Y creo que nos hallamos ante una buena película, con grandes fallos pero con cosas interesantes y arriesgadas desde un punto de vista estético y conceptual.

Hacer una película sobre Moisés, la esclavitud en Egipto del pueblo israelita y su lucha por la libertad es un proyecto arriesgado, sobre todo cuando hay una obra maestra como Los Diez Mandamientos, obra denostada por muchos teólogos que no entienden que hablamos de cine, no de aburridas controversias en torno al concepto de un dios determinado. Primer riesgo que asume Ridley Scott, enfrentarse a una obra maestra, como es la de Cecil B. DeMille sabiendo que las comparaciones, por parte del público cinéfilo y el que conserva la memoria de la obra protagonizada, entre otros, por Charlton Heston van a ser en detrimento de su film. Yo mismo, me he tenido que quitar de la cabeza la obra anterior para apreciar la protagonizada por Christian Bale, por sí misma. Me explico, yo quería volver a ver una reinterpretación de Los Diez Mandamientos, en manos de uno de los mejores directores del momento. Y no ha sido así. Para bien, o para mal, Ridley Scott ha hecho su película, y a la espera de una más que probable versión extendida, cosa que no entiendo, ha salido airoso.

Para empezar, El director parte de la misma premisa de la que en su día lo hizo el señor DeMille: una película basada estrictamente en los hechos narrados y descritos en el Éxodo no funcionaría en taquilla. Recordemos que el cine, como cualquier arte que busca un público, es un negocio. Partiendo de esta premisa, es un acierto desarrollar la película en su parte egipcia, y a partir de aquí fabular posibles relaciones entre los personajes.

Tras esta premisa inicial, Ridley se separa de DeMille y nos presenta un film más frío, menos melodramático que Los Diez Mandamientos, con un par de escenas en que sube  la tensión, (hemos de esperar a la versión extendida, por si queda algo en el tintero). Yo creo, y bastante público coincide, que al enfrentamiento Ramsés/Moisés, le faltan escenas, pues queda un poco diluido. A ojos de un buen observador, se verá, que en lo poco que queda de ese enfrentamiento, palpitan las pequeñas historias que poblaban el film de De Mille, y que aquí se han sintetizado en menos personajes, aunque se han mantenido diálogos muy similares. Esta decisión tomada por Scott redunda en perjuicio de los actores secundarios, y evidentemente del personaje que desarrollan, terreno en el film de DeMille es sublime. Por otra parte, Ridley en la película, recurre al trío de padre, hijo y asimilado, que tanto éxito le reportó en Gladiator, y en el que confía para que el público empatice con lo que ve en pantalla. Este recurso, que no es nuevo, y que ha sido utilizado con gran maestría por grandes directores, ya existía en la obra de DeMille.

Debido a la actitud fría que decide tomar Ridley, el momento de las plagas es soporífero y plano, carente de tensión dramática, todo lo contrario que en el film de De Mille, en que había un crescendo perfectamente orquestado, pero gracias a ello gana la batalla en el momento álgido de la historia, en que todo es un crescendo, y da la sensación de que todo el film esté planificado para ese momento, el paso del mar rojo, muy superior, y no por la superioridad de los efectos, a la de su precedente. Scott ha pensado en lo que la gente iba a ver del film, igual que en su día lo pensó DeMille, y ha realizado la película en torno a ese momento, consiguiendo un film, más equilibrado que Los Diez Mandamientos, película que pierde fuerza conforme se acerca al final, todo lo contrario que la de Scott, que consigue ganar fuerza en el tramo final.

Por lo demás, en el epílogo adopta una situación muy similar a la tomada por DeMille en su momento, y creo que a Scott le queda mejor.

En el terreno conceptual creo que es muy interesante la forma en que presenta a dios y la causa por la que Moisés lo empieza a ver.

Que nadie vaya al cine esperando ver una película histórica, ni lo eran Los Diez Mandamientos, por muchas autoridades que apareciesen en los créditos, ni lo es Exodus. Son puro entretenimiento fílmico, y ambas cumplen, con creces, para mí, un poquito más Los Diez mandamientos que considero una obra maestra, que Exodus, a la que de momento considero una buena película, tal vez, como tantas veces ha sucedido con Scott, el tiempo, un nuevo montaje y una reutilización de la banda sonora la conviertan en una nueva obra maestra.

Mi consejo: id a verla sin prejuicios y olvidando el film de DeMille. Gustará más o menos, pero esta es la película de Scott.

GALL, APUNTES SOBRE UN GUERRERO SIOUX

Gall, jefe sioux

Hoy os quiero remitir a este pequeño artículo que he encontrado navegando por estos lugares.

El articulo da unos apuntes sobre Gall, uno de los jefes de guerra que participó en la batalla de Little Big Horn, uno de los grandes desastres del ejército de los Estados Unidos.

Espero que lo encontréis tan interesante como yo lo he encontrado.

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/08/06/actualidad/1375814265_762098.html

Secesión. La Guerra Civil Americana

SECESIÓN. La guerra civil americana de John Keegan

 secesión

Quiero hablar de este libro por varias razones. Primero para felicitar a la editorial, a pesar de haber sido publicado con una subvención de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura, para su préstamo público en Bibliotecas Públicas, de acuerdo con lo previsto en el artículo 37.2 de la Ley de Propiedad Intelectual. Menciono lo de la subvención por creer que, sin esta, la traducción de la obra no hubiese visto la luz en nuestro  mercado. También por no creer en la política de subvenciones, creo en la de inversiones.

Dicho esto, pienso que este libro era necesario en nuestro panorama, huérfano de un estudio monográfico, serio, sobre el conflicto bélico que estalló en la segunda mitad del siglo XIX en Estados Unidos. Es cierto que hay un esfuerzo interesante y de valor divulgativo por parte de Jesús Hernández con su aportación: Norte contra Sur. Historia de la Guerra de Secesión, y que se ha ninguneado desde algún sector, y que a mí me parece de gran valor para el lector que quiera aproximarse por primera vez a un conflicto, tan complejo, como el de la guerra de secesión. Es claro, está bien escrito y el lector, a poca atención que preste, si sitúa perfectamente en el desarrollo de los acontecimientos narrados, pues hilvana muy bien las diferentes fases del conflicto en tan vasto territorio. Ya quisieran otros esa habilidad para relatar períodos más cortos en espacios reducidos y bien acotados. Pero el objeto de este artículo no es la aportación de Jesús Hernández.

La labor de John Keegan es destacable, ya que hace un resumen encomiable del conflicto para que el lector pueda entender la gran complejidad de este. Complejidad, no solo en sus causas, que en muchas ocasiones se suele simplificar bajo el epígrafe de  un conflicto por la abolición de le esclavitud, o como mucho ampliándolo al estallido de las tensiones entre una economía agrícola y otra industrial. Evidentemente algo de eso hay. Keegan nos habla del rápido crecimiento y desarrollo de la economía, del avance hacia nuevos territorios, de los modelos políticos, sociales y económicos que se quiere para estos territorios, del encaje de bolillos para mantener un equilibrio entre estados, siempre celosos de conceder demasiado poder al gobierno federal, de la gran contradicción política y social, que suponía una institución como la esclavitud en una nación que había luchado contra la tiranía y los privilegios de la corona.

La parte en que se dedica a explicar todos los antecedentes de la guerra y la organización de los ejércitos, la economía, la industria, las infraestructuras, la logística, la irregularidad de la cartografía, la educación, el retrato social, las ideas políticas y culturales y su relación con otras sociedades del momento, tal vez sean lo más destacado del libro. Personalmente me ha resultado instructivo, y me ha ayudado a entender la forma en que se llevaban las operaciones militares, como se organizaron, prácticamente de la nada, dos ejércitos profesionales en un país en que, por motivos evidentes, no había ejércitos profesionales como los de Europa y lo poco que había estaba reducido al mínimo. En las formaciones de estos ejércitos, sobre todo por parte de la Unión,  se intuyen las alegalidades en las que incurría el gobierno federal presidido por Lincoln para el reclutamiento. En este caso, es una lástima que el libro no ahonde más en la legislatura durante la guerra y en las leyes que se debatían y aprobaban, pues es un momento clave para entender el fortalecimiento de las estructuras del poder federal frente a los estados. Precisamente una de las causas de la derrota de la Confederación, el celo de los estados en no ceder el control de sus ejércitos para una actuación coordinada.

Leyendo la obra de Keegan, no solo entendemos el conflicto que narra, también podemos entender los planteamientos que Estados Unidos hizo en los conflictos que intervino con posterioridad, en su propio territorio: guerra, exterminio y confinamiento en reservas de la población autóctona, en el continente americano, en Europa y Asia. Conflictos en los que no se plantea ganar, le basta con imponer su superioridad numérica y técnica hasta dejar al adversario sin margen de maniobra.

La obra es rica en anécdotas curiosas, de esas que gustan al lector, como saber que algunos episodios del conflicto tuvieron lugar en lugares tan distantes como las costas europeas, africanas, incluso australianas, en donde un barco confederado reclutó marineros para su tripulación. O la sorpresa de saber que, si bien el escenario principal de la guerra fue terrestre, los ingenieros probaron submarinos, siendo este el primer conflicto en que un submarino entabló combate.

Por poner una pega a la edición, diré que los mapas no están a la altura de este trabajo. El tamaño, la monocromía y una simbología poco acertada, dificultan enormemente su lectura y no tienen ningún atractivo para el lector poco habituado. A pesar de esta laguna, Secesión, la guerra civil americana, considero que es un libro altamente recomendable si queréis introduciros en este interesante y popular, gracias al cinematógrafo,  periodo de la historia.

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Los Números

LOS NÚMEROS

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La guerra había terminado. Dos días después del armisticio se pasó el último parte de bajas. Sumado a los partes anteriores daba el siguiente resultado: Dos millones de muertos, seis millones de heridos y trescientos mil desparecidos. Entre los muertos no se contaron a los heridos que lo hicieron durante los dos años siguientes al término de la contienda, ni a los que se quitaban la vida o mutilaban por no poder reconstruir su propia vida. Tampoco se contó entre las bajas ningún civil que hubiese muerto a causa de un bombardeo, víctima de un francotirador, del saqueo sistemático de los soldados, del hambre o de un ajuste de cuentas. Entre los heridos tampoco figuraban los civiles que habían sido víctimas de las vejaciones que los soldados de uno y otro bando inflingían a la población.

Pasaron los años y un día se publicó un libro en que un historiador argüía que no habían sido tantos los muertos ni los heridos, ni mucho menos los desaparecidos. Que las cifras se habían inflado para llamar la atención internacional y que en estas se habían incluido muertos por causa natural y enfermedades comunes. Que a causa de la guerra solo había habido un millón de muertos, poco más de dos millones de heridos y descartando desertores y tránsfugas que corrían a prestar su servicio al otro bando no había habido más allá de cincuenta mil desaparecidos.

Al poco tiempo de este estudio se inició una corriente crítica que argumentaba que esos números no eran fiables. Que era imposible tal magnitud de muertos. Que los bandos contendientes habrían llegado a un acuerdo mucho antes y que entre las cifras se hallaban los ajusticiados por crímenes comunes que nada tenían que ver con la contienda. Y que la cifra de heridos se debía a la picaresca para cobrar una indemnización, muchos soldados hacían pasar por herida de guerra cualquier cicatriz que tenían de accidentes pasados o de trifulcas con otros soldados a causa de la ingesta alcohólicas durante los permisos. Las cifras que barajaban era la de medio millón de muertos, no más de setecientos mil heridos y unos mil desaparecidos.

Pasado un tiempo llegó una nueva corriente revisionista. Esta corriente sostenía que las cifras habidas no eran fiables. Que los métodos de control eran tercermundistas y que se firmaban partes sin haber sido debidamente corroborados. Que esas cifras eran imposibles por que no había suficiente población. Se habían falsificado cédulas para el cobro de subsidios sin ningún tipo de control, cosa habitual y fácil en una época en la que no había medios informáticos. De ninguna manera podía haber habido más de cincuenta mil muertos, cien mil heridos y las desapariciones eran un mito.

No tardó en salir una corriente que decía que la guerra no había sido cruenta. Que había sido una guerra entre caballeros. Que a lo largo del tiempo solo había habido tres batallas importantes y que el resto habían sido pequeñas escaramuzas sin consecuencias. Que de ningún modo podía haber habido más de diez mil muertos y poco más de quince mil heridos.

Un estudio posterior rebeló que todo había sido un pequeño conflicto localizado. Que a lo sumo se habían producido mil muertes y poco más de mil heridos, que era lo que se venía produciendo durante los conflictos localizados. Que un mayor número de bajas era económicamente inviable. A este estudio siguió un estudio revisionista que dijo que nunca había habido una guerra. Se había tratado de una serie de disturbios callejeros a causa de una decisión arbitral en una competición deportiva. Por eso estuvo prohibida la práctica del deporte y el acceso a los estadios durante tres años. Y que las casas destruidas no lo habían sido por los bombardeos, lo habían sido por explosiones de gas provocadas por los alborotadores. Que se habían producido poco más de cien muertes, debido a los alborotadores, y algunos heridos, pocos debido a la profesionalidad con que actuaban las fuerzas del orden, que a su vez pudieron evitar un número mayor de desgracias.

Josep García