EL CRIMEN DE PORFIRIO

EL CRIMEN DE PORFIRIO

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Nuestra amiga Gaviota nos ha invitado a participar en un juego, se trata de escribir un pequeño relato y publicarlo en su blog: Gaviotas con amor.

Las personas que participen, además de publicar el relato, deben elegir a seis compañeros para que hagan lo  mismo. El mejor texto se llevará el premio honorifico: El Corazón de Chocolate. En mi caso he sido invitado a participar por Rotze Mardini, en su estupendo blogg http://rotzemardini.com/2013/12/07/un-angel/

Aquí van mis invitaciones, espero no repetirme:

http://iraultzaaskerria.com/

http://benjaminrecacha.com/

http://despuesdelsexo.wordpress.com/author/despusdelsexo/

http://elbosquesilencioso.com/

http://halcondelanoche.wordpress.com/2013/12/09/vecindario-fco-javier-irazoki/

http://palabrasaflordepiel.com/category/literatura/

Me gustaría nombrar a más.

Y aquí el relato:

 

EL CRIMEN DE PORFIRIO

Porfirio era el hombre más perseguido por los servicios de represión del país. Para ser totalmente sincero y hacer honor  a la verdad, era el hombre más perseguido por los servicios de represión de los países de varios continentes. Seguramente, si fuese posible la comunicación interplanetaria con otras culturas inteligentes del Universo, Porfirio, sería el hombre más perseguido del Universo conocido y explorado, por los servicios de represión del crimen en cualquiera de sus manifestaciones.

No voy a excusar a Porfirio. Según el código penal o civil, no soy legislador ni abogado, y nunca he tenido clara la diferencia, Porfirio era un ladrón, y no era político ni banquero, por lo que no tenía ningún descargo en su favor. Como no tenía vicios conocidos y su tren de vida no era de excesivo gasto, el robo lo convertía en un enfermo mental. Era un cleptómano que sentía la imperiosa necesidad de robar, jodiendo la propiedad ajena. Ese aspecto molestaba profundamente a la administración. Como enfermo mental necesitaría atención en un psiquiátrico, lugar sensiblemente más caro que la cárcel pura y dura. Si la administración pudiese hacer encaje de bolillos con su captura y derivarlo a un centro privado, aún habría margen para el negocio tras su captura pero, por desgracia, había plaza en las instituciones públicas.

A un oscuro agente de los servicios de represión se le ocurrió una solución. Había que recuperar los antiguos métodos. Una defenestración o un tiro por intento de fuga. Limpio, económico y sin problemas de jurisdicción entre penitenciaria y psiquiatría. La orden, no escrita, se extendió a todas las comisarías. Y si, Porfirio era apresado fuera del país, mejor: la patata caliente para el país que detuviese su criminal carrera, nada de pedir extradiciones. Había que enterrar y silenciar las hazañas criminales de Porfirio. ¡No robaba para él! El producto de sus robos iba a las manos de desahuciados y hambrientos. ¿Podía haber un crimen mayor que generar esperanza? Y para colmo de males, ninguno de los robos se había producido con violencia, incluso se había permitido el lujo de sentir compasión por sus superiores, la élite de la sociedad, crimen imperdonable y sin posibilidad de amnistía. Porfirio era el ejemplo vivo de hasta dónde podía llegar la maldad humana.