LAS FOTOS. PARA LAURA MARTOS

LAS FOTOS

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Aquí un pequeño relato que me inspiró Laura Martos, con un de esos comentarios que deja por aquí, así que no tenía más remedio que dedicárselo.

Ah:

https://redalmados.wordpress.com

Aquí su blogg para que os díes un avuelta por él, pero con cuidado, no sea que perdáis la cabeza.

“Siempre que se había de hacer una foto, Laura se ofrecía voluntaria para hacerla con su móvil. La gente aplaudía la disponibilidad de Laura y la alababa, pues no es fácil encontrar a una  persona que siempre esté dispuesta a inmortalizar esos momentos en los que todo el mundo quiere salir en la foto, a pesar de importarles un comino el momento, el acto o la compañía; se trata de poner buena cara, sonreír y hacer constar que se ha estado ahí. Laura era esa persona que siempre estaba dispuesta a hacer la foto y que no le importaba no salir en ella; en más de una ocasión había rechazado la oferta de otras personas para ponerse en la foto y dejarles el móvil, “no me gusta salir, me gusta hacerlas.”

Laura siempre hacía dos fotos; una de ellas la enseñaba a la gente, y la gente la alababa invariablemente: “hay qué bien haces las fotos”, los más educados o el “vaya fotos que hace tu móvil”, los más imbéciles, con una falta total de tacto; la otra, la segunda foto, iba directamente a una carpeta, que por la noche, Laura se descargaba en su ordenador. Era su pequeño y siniestro secreto; en esas fotos, siempre cortaba las cabezas y con esta práctica de hechicería hacia que los cuerpos de los fotografiados la obedeciesen ciegamente. Un pequeño y siniestro ejército de descerebrados para crear a su alrededor un mundo a su imagen y semejanza de amigos, amantes que cumplían todos sus gustos, esclavos y esclavas que atendían cualquier necesidad de su casa… hasta que le dejaban de servir o se cansaba de ellos y ellas, entonces, les devolvía la cabeza o los arrojaba al tren, todo dependía del tacto que hubiesen tenido en su día.”

UNAS FOTOS

UNAS FOTOS

Nacimiento de venus

Como ya sabéis, una de las cosas a las que me dedico es a la fotografía. Curiosamente, a parte de alguna anécdota en torno a ello, que he publicado, nunca o muy poco he hablado de fotografía en mi blogg. Algún día lo remediaré. De momento no me apetece escribir un ABC de la fotografía, aunque siempre estoy dispuesto a compartir consejos y experiencias.

El caso, es que un día me encontraba tomando una cerveza con una clienta habitual. Tengo clientes de lo más variopinto, como podréis suponer. Algunos de ellos promocionan sus servicios de compañía, en los que entran los sexuales, con el soporte fotográfico que les ofrezco. En algunos casos, de forma totalmente altruista, les escribo también el texto del anuncio. Esta práctica la inicié a raíz de curiosear en uno de los anuncios en que lucía una de las fotos que había realizado y quedar horrorizado por la sintaxis y las faltas de ortografía.

Si os preguntáis cómo son estos textos, os diré que no me complico la vida ni me pierdo con sutilezas poéticas, que el consumidor de los servicios no va a apreciar, además de que, ya sabéis que, yo, de sutil, poco. Sencillamente me dejo llevar por la testosterona y escribo alguna guarrada sin faltas de ortografía y con buena sintaxis. La mayoría de las veces soy vulgar, en nomenclatura y expresiones, otras, a petición del cliente, soy correcto e intento dar cierto aire de sofisticación al mensaje de “te espero para follar.”

El caso es que esta señora con la que estaba tomando una cerveza, me pidió un par de fotos, a bote pronto. Como su cuartel general estaba cerca, nos trasladamos y, yo, que siempre llevo una cámara, se las hice para que pudiese atender la eventualidad que le había surgido, con la promesa de dedicarle una sesión, en pocos días, para mejorar el producto. Al terminar las fotos, cosa que me llevó poco más de quince minutos, lo que tardé en preparar el decorado que tenía a mano y elegir el no vestuario, me preguntó cuánto me debía.

— Nada mujer, con una buena comida, ya hacemos.

Dos horas más tarde, mientras extraía hasta la última substancia de mi, más que satisfecho, pene, acerté a decir:

— No me refería a esto, aunque, ha sido… ¡la ostia!

— Lo sé pero me apetecía. Ah, y la otra comida, también, en cuanto nos vistamos.