DEUDA DE HONOR

DEUDA DE HONOR (The homesman), de Tommy Lee Jones

Deuda de honor

El western es uno de los géneros más antiguos que existe. Técnicamente nació casi a la par que el cine. La primera película, que yo conozca,  considerada como tal fue Asalto y Robo de un tren (The Great Train Robbery, 1903) de Edwin S. Porter. Para mí, dentro de lo considerado como cultura occidental o judeo cristiana, si se quiere ampliar el abanico, pues la base del judaísmo no sé si podría ser considerada occidental en el sentido clásico, aunque lo que ha configurado durante siglos el pensamiento europeo ha sido un reduccionismo brutal de esta base para adaptarlo a los cánones del poder en sus diferentes variantes, geográficas e ideológicas, el western empezó con la biblia y los ciclos épicos griegos. Mi conocimiento es incompleto, y estoy seguro de que hay westerns anteriores, productos de otras culturas y tradiciones. Claro que técnicamente no se les ha llamado westerns pero tienen todo lo que muchos westerns tienen, o la mayoría de ellos, luego, técnicamente vienen las clasificaciones, que nos vienen de fábula.

¿Qué tiene un western? Unos arquetipos enfrentados, que pueden ser absolutos como el bien y el mal, la barbarie y la civilización, el caos y el orden…

Un destino manifiesto, una promesa sagrada, un sentido predestinado, un objetivo, una misión…

Una llamada, un sueño, una visión…

Un viaje, un recorrido, un camino lleno de dificultades y penalidades.

Un dios… sí, en todo western que se precie está presenta la divinidad, de una u otra manera, aunque sea para blasfemar y mostrar las diferencias que hay entre el mundo de la divinidad y el del hombre.

Una recompensa, de la que muchas veces, el héroe se va a ver excluido.

Era necesaria esta presentación antes de entrar a hablar de Deuda de honor, el último trabajo de Tommy Lee Jones como director y actor. Es curioso que los dos trabajos que ha realizado este cineasta para la gran pantalla sean westerns, tanto la película de la que estamos hablando como Los tres entierros de Melquíades Estrada (2005); hay quien pueda pensar que Los tres entierros no sea un western, pues salen coches y radios y temáticas de actualidad…; para mí es un western y un buen western. Además de westerns, no pienso poner etiquetas, ya hay demasiadas, coinciden en su punto de partida: en ambas, el arquetipo realiza un viaje con un objetivo que es en sí una locura. En los tres entierros, el objetivo consiste en transportar un cadáver para enterrarlo junto a su familia; en deuda de honor se trata de un viaje para transportar a tres mujeres con trastornos mentales para que puedan recibir mejor atención.

Aquí no acaba todo. En ese viaje, el protagonista hace el proceso inverso, y no voy a poner adjetivos; parte de la tierra prometida para volver al origen, al punto de partida, a la tierra de la que los personajes salieron en busca de una promesa. Resulta curioso ver cómo en ese viaje, la “loca determinación” del arquetipo adquiere nuevas connotaciones en la reinterpretación del espectador, dependiendo, claro está de su educación cultural. A mí, personalmente, el film me produjo una gran tristeza e inquietud.

No es una película perfecta, tal vez ninguna película lo sea, pero es un buen film, bien rodado y estructurado. Es un film que se ha de ver con la mente abierta, pues aunque es convencional en la narración, no lo es en lo que el espectador espera habitualmente de estos personajes; no hay un gran duelo interpretativo, con frases geniales para que se luzcan los intérpretes, cosa que no quiere decir que no haya buenas interpretaciones. No hay un abanico de lugares comunes, aunque suceden aquellas cosas que se suceden en los grandes westerns, pero no se resuelven de la misma manera.

Para cerrar solamente diré que es un trabajo muy interesante y que merece la pena verse, aprovechando que está en cartelera. Su fotografía merece ser degustada en una pantalla cinematográfica, cosa que comento para los que prefiráis esperar a su visionado por otros medios. Admito opiniones.

LA NOCHE DEL CAZADOR

LA NOCHE DEL CAZADOR DE CHARLES LAUGHTON

La noche

Aquí os dejo con una reseña con la que colaboré el último número de la Revista de Salto al Reverso, que podéis encontrar y descargar en el enlace, cosa que os recomiendo. Un abrazo y Feliz año nuevo.

Este film, dirigido por el gran actor Charles Laughton, me entusiasmó y atrapó desde la primera vez que lo vi. Digamos, que a la inversa de lo que hoy sucede con los cuentos vertidos al cine, en que para darles un enfoque diferente se intenta ir hasta los “pretendidos” orígenes de la historia para sacar a la luz los componentes reales de esta, La noche del cazador parte de sucesos ordinarios para explicar un cuento perverso y cruel. La película no es un cuento, es el cuento por excelencia, es la historia eterna con todos sus ingredientes: Un tesoro, una promesa, unos huérfanos, un monstruo, un camino, una niña desobediente, un hada buena, un rey, un heraldo que imparte justicia… lo tiene todo, al menos lo que yo considero esencial en los cuentos clásicos, incluida la magia.

¿Qué me atrapó de esta película, si lo que cuenta es lo que me contaba mi abuela, o mi madre, la misma historia oída (leída, vista) una y mil veces? La sencillez de su historia, la historia en sí y cómo es narrada. Cómo ilumina a los personajes, cómo juega con las luces y las sombras, cómo casan con la música, que seguramente no sea de las más célebres de la historia del cine pero forma un todo con el film. Y sus maravillosas interpretaciones, de todos y cada uno de los personajes, desde los principales hasta los anecdóticos. Charles Laughton hace maravillas con la sobriedad interpretativa de Robert Mitchum y nos regala una maravillosa interpretación de Lilliam Gish en el esplendor de su senectud.

Para acabar, ya sabéis que no suelo extenderme al comentar sobre películas, pues no me gusta destripar la historia para aquellos que aún no la han disfrutado, quiero hacer hincapié en el aire perverso de que sabe dotar a la historia. Decir que la historia transcurre durante la gran depresión del 29 en Estados Unidos, como tantas historias de ese maravilloso género, llamado cine negro. En la historia se dan cita elementos comunes al imaginario colectivo de la cultura yanqui (término que no quiere ser peyorativo). Dichos elementos, llevados al terreno del cuento, con una inteligencia perversa por parte de Charles Laughton, nos enfrenta a nuestra propia realidad, la realidad humana: “Película cuya historia (ya lo hemos dicho), transcurre en la gran depresión, en un momento en que Estados Unidos tiene varios frentes abiertos (caza de brujas, racismo, desigualdades sociales, la fobia al comunismo), sus creadores nos dicen con inteligencia dónde están los auténticos monstruos, solo hace falta mirarse a un espejo. O lo que es lo mismo, los actos, malos y buenos, tienen su origen en el ser humano.”

ÉXODUS: DIOSES Y REYES

Exodus: Dioses y Reyes

EXODUS

La película no me ha gustado pero tampoco me ha disgustado. Y creo que nos hallamos ante una buena película, con grandes fallos pero con cosas interesantes y arriesgadas desde un punto de vista estético y conceptual.

Hacer una película sobre Moisés, la esclavitud en Egipto del pueblo israelita y su lucha por la libertad es un proyecto arriesgado, sobre todo cuando hay una obra maestra como Los Diez Mandamientos, obra denostada por muchos teólogos que no entienden que hablamos de cine, no de aburridas controversias en torno al concepto de un dios determinado. Primer riesgo que asume Ridley Scott, enfrentarse a una obra maestra, como es la de Cecil B. DeMille sabiendo que las comparaciones, por parte del público cinéfilo y el que conserva la memoria de la obra protagonizada, entre otros, por Charlton Heston van a ser en detrimento de su film. Yo mismo, me he tenido que quitar de la cabeza la obra anterior para apreciar la protagonizada por Christian Bale, por sí misma. Me explico, yo quería volver a ver una reinterpretación de Los Diez Mandamientos, en manos de uno de los mejores directores del momento. Y no ha sido así. Para bien, o para mal, Ridley Scott ha hecho su película, y a la espera de una más que probable versión extendida, cosa que no entiendo, ha salido airoso.

Para empezar, El director parte de la misma premisa de la que en su día lo hizo el señor DeMille: una película basada estrictamente en los hechos narrados y descritos en el Éxodo no funcionaría en taquilla. Recordemos que el cine, como cualquier arte que busca un público, es un negocio. Partiendo de esta premisa, es un acierto desarrollar la película en su parte egipcia, y a partir de aquí fabular posibles relaciones entre los personajes.

Tras esta premisa inicial, Ridley se separa de DeMille y nos presenta un film más frío, menos melodramático que Los Diez Mandamientos, con un par de escenas en que sube  la tensión, (hemos de esperar a la versión extendida, por si queda algo en el tintero). Yo creo, y bastante público coincide, que al enfrentamiento Ramsés/Moisés, le faltan escenas, pues queda un poco diluido. A ojos de un buen observador, se verá, que en lo poco que queda de ese enfrentamiento, palpitan las pequeñas historias que poblaban el film de De Mille, y que aquí se han sintetizado en menos personajes, aunque se han mantenido diálogos muy similares. Esta decisión tomada por Scott redunda en perjuicio de los actores secundarios, y evidentemente del personaje que desarrollan, terreno en el film de DeMille es sublime. Por otra parte, Ridley en la película, recurre al trío de padre, hijo y asimilado, que tanto éxito le reportó en Gladiator, y en el que confía para que el público empatice con lo que ve en pantalla. Este recurso, que no es nuevo, y que ha sido utilizado con gran maestría por grandes directores, ya existía en la obra de DeMille.

Debido a la actitud fría que decide tomar Ridley, el momento de las plagas es soporífero y plano, carente de tensión dramática, todo lo contrario que en el film de De Mille, en que había un crescendo perfectamente orquestado, pero gracias a ello gana la batalla en el momento álgido de la historia, en que todo es un crescendo, y da la sensación de que todo el film esté planificado para ese momento, el paso del mar rojo, muy superior, y no por la superioridad de los efectos, a la de su precedente. Scott ha pensado en lo que la gente iba a ver del film, igual que en su día lo pensó DeMille, y ha realizado la película en torno a ese momento, consiguiendo un film, más equilibrado que Los Diez Mandamientos, película que pierde fuerza conforme se acerca al final, todo lo contrario que la de Scott, que consigue ganar fuerza en el tramo final.

Por lo demás, en el epílogo adopta una situación muy similar a la tomada por DeMille en su momento, y creo que a Scott le queda mejor.

En el terreno conceptual creo que es muy interesante la forma en que presenta a dios y la causa por la que Moisés lo empieza a ver.

Que nadie vaya al cine esperando ver una película histórica, ni lo eran Los Diez Mandamientos, por muchas autoridades que apareciesen en los créditos, ni lo es Exodus. Son puro entretenimiento fílmico, y ambas cumplen, con creces, para mí, un poquito más Los Diez mandamientos que considero una obra maestra, que Exodus, a la que de momento considero una buena película, tal vez, como tantas veces ha sucedido con Scott, el tiempo, un nuevo montaje y una reutilización de la banda sonora la conviertan en una nueva obra maestra.

Mi consejo: id a verla sin prejuicios y olvidando el film de DeMille. Gustará más o menos, pero esta es la película de Scott.