Y YO MÁS

Y YO MÁS

1997 072

 

Hubo un año en que entró a formar parte del equipo de monitores uno de esos tipos que si tú habías ido a la luna él había ido y vuelto dos veces. Según radio macuto, había sido un antiguo monitor, que tras un accidente había quedado un poco tocado de la azotea. Tocado o no de lo que tenemos sobre los hombros, el tipo tenía un trato bastante nefasto con los chavales que hacían actividades en la casa. Si un chaval veía un pez y lo comunicaba entusiasmado, él enseguida borraba el entusiasmo de su cara: “Eso es una mierda, ¿a qué nunca has visto un tiburón cara a cara?”, y lindezas de este estilo. Una vez, su trato y excentricidad llegó hasta el punto de destrozar una estrella de mar, ante la mirada aterrorizada de los chicos. El saber que este es el sistema de reproducción del equinodermo en cuestión no les sirvió de consuelo.

El caso es, que un día estábamos algunos monitores descansando en nuestra sala. Nos encontrábamos en animada conversación hasta que hizo acto de presencia el tipo de marras. El momento estaba siendo mágico, pues nos empezamos a hacer algunas confidencias del tipo: “Tengo un juicio y estoy preocupado.” “A mí me pasó algo similar en un discoteca.” “Yo pasé a la sala y no me enteré de nada.” “Mi novio me pilló en la cama con mi último ligue.” Sí, los temas saltaban, dependiendo de lo que le preocupase a cada uno. Eso nos ayudaba a conocernos y a consolidar el equipo. Estábamos condenados a pasar muchas horas juntos y tanto en los mejores como en los peores momentos, solo nos teníamos a nosotros, unos perfectos desconocidos, unidos por un objetivo común.

El caso es que cuando entró este tipo, la magia se acabó. Él había tenido el mayor juicio de todos los tiempos, su accidente de coche había sido el más grave y le había acarreado una hospitalización de aúpa, en una discoteca se tuvo que enfrentar a cuatro tíos con navajas él solo, le había pillado en la cama con otra toda la familia de su novia, se había liado con tres trillizas y la madre… sin comentarios. De pronto, uno de mis compañeros comentó:

— Te has quedado muy callado. Cuéntanos algo.

Yo, me removí en el asiento con cierta indolencia y con voz pausada solo se me ocurrió decir:

— En cierta ocasión, me dieron por culo.

DE PSICÓPATAS

DE PSICÓPATAS

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Antes de nada, agradecer a Julia Ojidos, escritora y bloguera, su nominación al Versatil Bloguer Adward, cosa que agradezco. Aquí abajo encontraréis un enlace a su blogg, que gira en torno a la lectura y la satisfacción que esta comporta, con hermosas viñetas que hacen sonreir.

http://juliaojidos.wordpress.com/

Os aconsejo su visita, pues aparte de sus divertidas declaraciones de principios en torno a la lectura y sus beneficios, encontraréis fragmentos de su obra y acceso a su lectura. Leerla os hará más altos, más fuertes, más sabios y, probablemente más peligrosos para el sistema.

Y a continuación, mi anécdota divertida, de la semana, o no

DE PSICÓPATAS

Hace algunos años, como colofón de una actividad de verano, hicimos una acampada en la playa. En mitad de la noche, la policía, haciendo su ronda rutinaria, se acercó a las instalaciones y se detuvo para hablar con los monitores. La noche es larga y algo de entretenimiento nunca viene mal. Uno de los chicos preguntó por la policía. Aprovechamos la circunstancia para elaborar una historia:

— Han venido a avisarnos de que un psicópata, violador y asesino de niñas, se ha escapado del manicomio y ronda por los alrededores.

A partir de esta premisa, enriquecimos la historia y, a lo largo de la noche, creamos un clima de suspense con la proximidad del psicópata.

Poco antes del amanecer, vimos un hombre que corría por la playa, cercano a la orilla. Nosotros, estábamos sacando los kayacs para tirarlos al agua y ver la salida del sol desde el mar. Estábamos dando los remos, cuando el hombre pasó por nuestro lado. En ese momento, una de las chicas mayores, cogió el remo y empezó a correr tras el hombre, al grito de:

— ¡A por el violador! — De pronto, el hombre aceleró su carrera al verse perseguido por una treintena de adolescentes blandiendo un remo. Cuando los monitores conseguimos salir de nuestro estupor, nos lanzamos en pos del grupo para interponernos entre este y el pobre hombre, que, de bien seguro, jamás había previsto lo que su práctica deportiva le iba a deparar aquella tranquila madrugada que, apuesto mi mano derecha, no habrá olvidado.

LA PREGUNTA

LA PREGUNTA

1997 072

En cierta ocasión, me destinaron a una casa de colonias en la que se trabajaba el cielo. No en su acepción religiosa y mítica, sino en su acepción científica y racional, naturalmente aderezado con su toque de fantasía. La historia que se trabajaba era que la casa era un centro de de una agencia espacial, y que bajo su estructura se hallaba un moderno laboratorio de investigación. Naturalmente la historia tenía sus variantes. En una de ellas, los monitores éramos robots, aunque sería mejor decir androides o replicantes.

Esta versión, la de los robots, me encantaba pues habíamos de responder a todas las preguntas lógicas que nos hacían los chicos, cosa que nos obligaba a afinar el ingenio y la memoria. Las preguntas eran en torno a ¿por qué sudábamos?, ¿por qué mostrábamos cansancio?, ¿por qué llevábamos gafas?, ¿por qué ingeríamos alimento?… si éramos robots. Al responder a las preguntas había que tener buen cuidado en no contradecirse, para no romper el hechizo en las mentes infantiles. Era maravilloso ver cómo se les iluminaba la cara a los chicos al encontrar una contradicción y creer que nos habían pillado, para seguidamente ver su cara, entre la decepción y la ilusión de haber errado y seguir manteniendo la fantasía.

El caso, es que el último día de la colonia, cuando los autocares estaban prestos a marcharse y los monitores cumplíamos con el ritual de la despedida del grupo, un niño, de los que había realizado más actividades conmigo, se me acercó y me dijo:

— Josep, es el último día y no nos vamos a volver a ver en la vida. Dime la verdad: ¿Eres un robot o no?