HARRY POTTER. Parte 3. Y una disculpa

HARRY POTTER. Parte 3. Y una disculpa

Reliquias

Antes de nada, os quiero pedir disculpas por haberme ausentado tanto tiempo y no haber dado señales de vida. No me ha ocurrido nada y estoy bien. Mi ausencia ha sido debida a motivos laborales. Sabía la hora a a la que salía de casa pero nunca a la que entraba. El caso es que no tenía tiempo material para sentarme ante el ordenador, ver vuestras publicaciones con un mínimo de atención y publicar. Es por esto que os pido disculpas..

Y ahora entro en materia, regresando como me fui y publicando el capítulo final de mi aportación al universo Potter. Espero que os guste;

En el siguiente film vuelve a haber cambio de director, siendo David Yates el elegido. La Orden del Fénix, es según mi criterio, con todos sus defectos, que los tiene, la mejor de las novelas adaptadas. Sus grandes aciertos son las peleas de magos, muy bien realizadas y en donde se aprecian las habilidades, características, destreza y poder de los contendientes; un potente tema musical (tenemos nuevo cambio de compositor); y una maravillosa y odiosa villana, Dolores Umbridge, además de la sádica Bellatrix, encarnadas por Imelda Staunton y Helena Bonham Carter, respectivamente. De entre todas las escenas me quedo con dos: el maravilloso vuelo con escobas y el duelo entre Dumbledore y Voldemort, el mejor, con diferencia, de toda la serie. Lo peor del film y de la saga, es la forma chistosa en que se presenta la convivencia de algunos magos con los mugles, cuando en los libros queda muy claro que, aunque con sus excentricidades, esta convivencia, con desconocimiento de los “no mágicos”, es continua. Cada vez me parece peor la forma chistosa que se da a esta relación a través de la figura del señor Arthur Wesley, que además es un mago que se interesa por el mundo mugle. Cada vez que veo esas escenas de humor pienso: “Es un mago, no un imbécil.” ¿Por qué, algo que considero bien resuelto en el libro, adquiere una forma tan patética en el film? Lo puedo entender como esas manías de directores y guionistas de incluir la típica escena graciosa, aunque no pegue ni con cola, y no cuadre con el personaje; pero queda tan mal en un film casi perfecto. Aún siendo la mejor de la saga, creo que peca de lo mismo que la anterior, necesita una pausa para enfatizar algunos momentos. Creo que es un error no explotar la figura de Kreacher en este film; supongo que los cineastas no lo hacen para no sobrecargar la película con dos relaciones similares, aunque yo creo que esta relación dotaría a la saga de mayor peso emotivo, dramático y épico. Otro gran error, para mi gusto es no haber mostrado el Hospital San Mungo, pero supongo que los motivos serían presupuestarios y donde manda Don Dinero…

El siguiente film, El príncipe mestizo, es el que habría divido en dos. Si tomo como referencia lo que se cuenta en este y en los dos siguientes. Este habría necesitado profundizar más en la figura de Voldemort y en su afinidad con Harry, y todo queda reducido a un par de escenas; sin comentarios. Lo mismo que en la relación Harry, Snape, Draco. Sin embargo se recrean en construir una escena que no viene en el libro, que no casa con el resto de la serie, visto como es Voldemort y la relación que tienen con sus súbditos, como es la destrucción de la madriguera. Supongo que es un guiño hacia la taquilla, y había que dar un poco de acción. Lo único que considero un acierto es la no inclusión de la reyerta en Hogwarts, por buscar engrandecer la batalla que tiene lugar en Las Reliquias de la Muerte. Parte 2.

Sobre Las Reliquias de la Muerte. Parte1, decir que me parece la mejor de las dos partes, aunque algo desigual y realmente tediosa en algún momento. Mi pregunta es ¿Por qué muchos cineastas siguen anclados en clichés caducos en lugar de tomar prestados elementos tan fascinantes como mediante un par de imágenes de apenas diez segundos hacerte creer que ha transcurrido un largo periodo de tiempo? Luego hablaremos de los clichés caducos. De este film destacar el papel de la radio como sonido que acompaña algunas escenas. Peca de más de lo mismo, se pierde en escenas sin sentido en lugar de explicar más y profundizar en lo importante. Desperdicio de haber hecho dos partes.

En la siguiente y última película el mayor defecto de todos es la duración de la batalla y los clichés pasados de moda, que se aplicaban a las películas bélicas cuando la guerra no podía ser representada con todo su horror en pantalla, por motivos de censura. Me refiero a los típicos comentarios vistos en tantos y tantos films, con lo que tienen por explicar en esta película y se pierde el tiempo entre bromitas sin sentido, de cara a la taquilla. Lo peor de lo peor de lo peor, ese desastroso y poco inspirado epílogo. Tal vez sea uno de los diez peores finales de la historia del cine, a nivel visual, superado por El retorno del Rey y La Batalla de los cinco Ejércitos. Otros finales que me parecen cutrísimos, comparados con el peliculón que habían sido hasta la última escena: Los Diez Mandamientos, el final no hace mérito al film; Matrix Reloaded, menuda metedura de pata volver a explicar otra vez la biblia, cuando tenían un final redondo… y, en otro momento más.

Entiéndase que no considero malo el final de la saga de Harry Potter, lo considero visualmente horrible y mal realizado. Aún con todos estos defectos, la considero una buena saga, que merece la pena verse y considero que el nivel de la producción está muy bien y es uno de los mejores productos cinematográficos de los últimos tiempos.

HARRY POTTER. Parte 2

HARRY POTTER. Parte 2

Azkaban

Y tras estas dos maravillas llega Alfonso Cuarón que aún ofreciendo una gran película, creo que, de largo, la mejor de la saga es la peor dentro del conjunto. En ella se producen varios cambios visuales con respecto a las dos anteriores, no solo en la fotografía, de tono más oscuro y visualmente más dinámica, también en las localizaciones, escenarios y vestimentas, haciendo cambios significativos en bastantes aspectos, eliminando de un plumazo personajes que no volverán a aparecer en toda la saga, así como algún episodio que provocará pequeños cambios, bien es cierto que sin importancia para el argumento general, incluso atreviéndose a romper las reglas de la saga en lo que a las normas del ministerio se refiere (los menores no pueden hacer magia fuera de Hogwarths). No creo que Alfonso Cuarón fuese el único responsable de todas estas decisiones, algunas de ellas de cierta importancia. Uno de los cambios, por necesidad, fue la substitución del actor que interpretaba a Dumbledore, debido a la muerte de Richard Harris. Michael Gambon, el actor que lo substituyó, fue todo un acierto, pues dotó al personaje de toda una gama de matices, necesarios para el desarrollo de la trama. En El preso de Azkabán,  una pequeña joya desubicada dentro del conjunto, hay varias decisiones que considero desacertadas; una de ellas es restar importancia al quidditch y reducirlo a una muy breve secuencia (aunque excelente), en la que además se renuncia a introducir a uno de los personajes que va a resultar importante en el posterior episodio. En este film se eliminan tramas enteras que, aunque no aportan nada a la general, perjudican notablemente el resultado final (de la saga).

En el siguiente film, El cáliz de fuego, se recupera en cierta manera, la estructura de los films anteriores a El preso de Azkabán, aunque se omite la escena en casa de los Dursley, y se recuperan algunos de los clichés establecidos por Columbus. La composición fotográfica retorna al clasicismo de Columbus pero conservando esa tonalidad más oscura que ya no abandonará la saga hasta la última escena de Las Reliquias de la Muerte. Parte 2. En este film se vuelve a cambiar de director, confiándole la batuta a Mike Newell, que hizo un buen trabajo retornando la saga a los cauces de los que había salido con Cuarón. Desafortunadamente, John Williams decidió abandonar la parte musical, siendo substituido por Patrick Doyle. Doyle hizo un excelente trabajo, y la desafortunada marcha de Wiliams, que hizo temer por los aspectos musicales, quedó en anécdota. Después de todo, ambos compositores tienen unos estilos similares y trabajan algunos aspectos de las bandas sonoras, de manera similar. Aunque me hubiese gustado la continuidad de Williams, el trabajo de Doyle es muy bueno. Supongo que un musicólogo profesional apreciaría diferencias entre uno y otro… yo soy incapaz. Me costaría mucho saber quién es uno u otro si, “a priori”, no lo sé.

En El cáliz de Fuego creo que falta algo de pausa para acabar de encajar bien algunas piezas de la historia. Aquí se siguen eliminando cosas que a la larga van a ser importantes, escenas que pueden dar mayor emoción, a nivel dramático, a la historia que se narra; estos elementos o se eliminan o se maltratan siendo presentados deprisa y de manera zafia. No creo que El Cáliz de Fuego esté entre las mejores de la saga, aunque para bien o para mal, forma parte de esta. Aún siendo, según mi opinión, de las menos acertadas de la saga, está dentro del tono del que se salió Cuarón, y tiene el mérito de haber devuelto a la saga las señas de identidad de las que la dotó Columbus.

COMERSE UN HELADO. ADIVINA QUIÉN VIENE A CENAR ESTA NOCHE

COMERSE UN HELADO. ADIVINA QUIÉN VIENE A CENAR ESTA NOCHE

Adivina

Cuando pienso en el film Adivina quién viene a cenar esta noche, el de Stanley Kramer, no la porquería perpetrada posteriormente, la boca se me hace agua pensando en una de las escenas del  film, la que más disfruto, la que más me gusta, la que más me emociona.

Antes de hablar de la escena, permitirme que lo haga de la película. El film es una buena película de tesis, con un guión sólido, de tesis, guión con el que los actores se lucen, supongo que gracias al buen hacer del director y a darles el protagonismo, como hacían otros directores de la época, que dejaban al buen actor comunicar y expresarse. Esto no quiere decir que esta sea la única manera de hacer cine, ni la mejor, pero era una manera honesta y efectiva de cara al público. Y sí, me gustan las películas de actores, sin histrionismos, en dónde a estos se les deja crear cadencias en las frases. Y me gustan los guiones sólidos, esos que transmiten a través de los actores ideas y sentimientos, esos en que los personajes argumentan y fluye un discurso bien elaborado, y que atrapan sin cambiar de plano o mover la cámara cada tres segundos. Insisto, no es la única manera de hacer cine. Este tipo de cine, me gusta, y muchas veces lo añoro.

Para los que no lo sepan, la película va sobre un matrimonio blanco (Caucásico), maravillosos Spencer Tracy y Katherine Hepburn cuya hija se presenta con su novio, que resulta ser negro (Afroamericano), estupendo, por no repetirme, Sidney Poitier, excelente actor que es la punta del iceberg de toda una serie de excelentes actores, como lo son el matrimonio (en el film) de color negro (afroamericano) formado por Beah Richards y Roy Glenn o Isabel Sandford, actriz que hace de asistenta negra (afroamericana) de la familia (en el film) blanca (cauacásica); actores que en su día no tuvieron la suerte de sus compañeros de profesión blancos. Puesta la premisa, se desarrolla el conflicto con una serie de diálogos deliciosos entre los personajes que pueblan la pantalla, diálogos que no tienen desperdicio. No voy a desvelar el final, prefiero, como siempre, que la veáis y opinéis por vosotros mismos. Y si sois muy cinéfilos, y os sobra algo de tiempo, podéis compararla con la nueva versión.

Este film, si no recuerdo mal, fue el último que protagonizó Spencer Tracy, ya enfermo de cáncer. De hecho, el film fue para él una terapia, como lo era (el rodaje de un film) para otros actores, alcohólicos empedernidos, y que cuando se ponían tras las cámaras se comportaban como profesionales, dedicándose en cuerpo y alma a la película. Hay un momento del film en que Katherine y Spencer salen de su casa y se van a comer un helado. La escena en que ese hombre saborea el helado, (o el producto que fuese para poder trabajar con los focos y altas temperaturas), me tiene enamorado. Spencer me convenció de que ese era el mejor helado del mundo. Hace fácil lo difícil, transmitir el gusto por la vida a través de un helado, con enorme sencillez, sin histrionismos ni exageraciones. Cada vez que veo esa escena me transporto y pienso en todo lo bueno de esta vida y en lo sencillo que es ser feliz. En ocasiones, lo reconozco, a pesar de que la película no tiene desperdicio, la he visto solo para saborear esta escena y deleitarme con un hombre saboreando un helado. Puro cine.

EL HOBBIT. LA BATALLA DE LOS CINCO EJÉRCITOS

EL HOBBIT. LA BATALLA DE LOS CINCO EJÉRCITOS

batalla

 

Hacía tiempo que no me aburría tanto con una película, por llamarla de alguna manera. Supongo que de aquí a que se pueda interactuar como si de un videojuego se tratase solo hay un paso, pues para mí se trata de un gran videojuego en el que un narrador omnisciente va saltando pantallas por ti. De todas maneras, yo estaba a la expectativa y un poco asustado, pues soy torpe con los videojuegos, por si en un momento dado, el espectador de mi lado me pasaba un mando. Por suerte no fue así, y el videojuego llegó hasta la pantalla final.

Infumable, insufrible, aburrida hasta decir basta, cargada de clichés de serie z, con escenas de “masas” vergonzosas, dónde a algún que otro extra solo le faltaba saludar a la cámara. Con decorados que cantaban más que un belga por soleares, sin la más mínima progresión dramática; ni la actuación de los actores, solvente, salvaba el despropósito de Peter Milloneti, no que es Jackson. Milloneti y caradureti para ofrecernos esta basura, que seguro batirá records de taquilla pero que es indigna de ser exhibida en una sala cinematográfica.

En mi recuerdo hay varias películas que en su día me gustaron, así como a muchas personas de mi generación, y que al transcurrir del tiempo y volverlas a ver, me avergüenza pensar que un día fui tan tonto como para ser embaucado por una entelequia insostenible. Creo que eso es lo que pasará con este producto absurdo, hiperbólico, excesivo, cutre que es la última parte de una trilogía, con más oscuros que claros, que Peter Jackson ha llevado a la gran pantalla.

Desde el primer film, que no estaba mal, creo que probablemente sea el mejor de los tres, ya dije que aquello no era el hobbit, era el sacacuartos Jackson. En ningún momento me convencieron los argumentos de que el director había echado mano de los apéndices y no sé cuántas cosas más. En ningún momento me dejé arrastrar por los que clamaban por más Tierra Media, como fuese y a cualquier precio. Desde el primer momento me pareció un despropósito artístico y narrativo.

En la segunda parte, me divertí, sabiendo que no iba a ver el hobbit, que iba a ver una película de aventuras inspirada en el breve relato de TolKien. Me divertí pero no para tirar cohetes. Me seguía pareciendo un despropósito y un ejercicio narrativo nefasto, en el que el director apostaba por una montaña rusa, antes que por una historia coherente, bien enlazada y con un guión sólido. No me basta que entre ejercicio acrobático y ejercicio acrobático digan cuatro frases de cliché con cara de función escolar de las cuatro de la tarde.

La tercera ya es el culmen de todos los errores acumulados a lo largo de este despropósito. Una pieza plana, sin emoción, sin intriga, sin clímax dramático, de chiste me parecen los burdos intentos de conflicto interior del rey enano, así como su rápida resolución. De opereta barata las conversaciones para evitar la guerra, a mi me daba igual si iban o no iban a la guerra, o si mataban o no a Tintin Jones y sus hijos, es más, quería que los matasen y acabasen rápido para que terminase tamaño despropósito.  Viendo como finalizaban algunas historias a las que la porquería de montaje, que supongo que una versión extendida mejorará, el final de Star Wars, La venganza de los Sith, que tanta controversia provocó en su día, me pareció una obra maestra.

Para terminar, diré que un artesano de estudio, medianamente hábil, no hablo de los grandes artesanos ni de los grandes maestros, le habría bastado hora y media para narrar la misma historia que se cuenta en estas tres películas de tres horas cada una, con más ritmo, brío y un buen clímax. Pero esta gente hacía películas, no videojuegos. (Que conste que no tengo nada contra los videojuegos; es más, ningún videojuego ha sido maltratado durante la confección de este artículo)

LA NOCHE DEL CAZADOR

LA NOCHE DEL CAZADOR DE CHARLES LAUGHTON

La noche

Aquí os dejo con una reseña con la que colaboré el último número de la Revista de Salto al Reverso, que podéis encontrar y descargar en el enlace, cosa que os recomiendo. Un abrazo y Feliz año nuevo.

Este film, dirigido por el gran actor Charles Laughton, me entusiasmó y atrapó desde la primera vez que lo vi. Digamos, que a la inversa de lo que hoy sucede con los cuentos vertidos al cine, en que para darles un enfoque diferente se intenta ir hasta los “pretendidos” orígenes de la historia para sacar a la luz los componentes reales de esta, La noche del cazador parte de sucesos ordinarios para explicar un cuento perverso y cruel. La película no es un cuento, es el cuento por excelencia, es la historia eterna con todos sus ingredientes: Un tesoro, una promesa, unos huérfanos, un monstruo, un camino, una niña desobediente, un hada buena, un rey, un heraldo que imparte justicia… lo tiene todo, al menos lo que yo considero esencial en los cuentos clásicos, incluida la magia.

¿Qué me atrapó de esta película, si lo que cuenta es lo que me contaba mi abuela, o mi madre, la misma historia oída (leída, vista) una y mil veces? La sencillez de su historia, la historia en sí y cómo es narrada. Cómo ilumina a los personajes, cómo juega con las luces y las sombras, cómo casan con la música, que seguramente no sea de las más célebres de la historia del cine pero forma un todo con el film. Y sus maravillosas interpretaciones, de todos y cada uno de los personajes, desde los principales hasta los anecdóticos. Charles Laughton hace maravillas con la sobriedad interpretativa de Robert Mitchum y nos regala una maravillosa interpretación de Lilliam Gish en el esplendor de su senectud.

Para acabar, ya sabéis que no suelo extenderme al comentar sobre películas, pues no me gusta destripar la historia para aquellos que aún no la han disfrutado, quiero hacer hincapié en el aire perverso de que sabe dotar a la historia. Decir que la historia transcurre durante la gran depresión del 29 en Estados Unidos, como tantas historias de ese maravilloso género, llamado cine negro. En la historia se dan cita elementos comunes al imaginario colectivo de la cultura yanqui (término que no quiere ser peyorativo). Dichos elementos, llevados al terreno del cuento, con una inteligencia perversa por parte de Charles Laughton, nos enfrenta a nuestra propia realidad, la realidad humana: “Película cuya historia (ya lo hemos dicho), transcurre en la gran depresión, en un momento en que Estados Unidos tiene varios frentes abiertos (caza de brujas, racismo, desigualdades sociales, la fobia al comunismo), sus creadores nos dicen con inteligencia dónde están los auténticos monstruos, solo hace falta mirarse a un espejo. O lo que es lo mismo, los actos, malos y buenos, tienen su origen en el ser humano.”