SOBRE LA VIOLENCIA EN EL FÚTBOL

SOBRE LA VIOLENCIA EN EL FÚTBOL

Ceremonia del te 237

 

De un tiempo a esta parte empiezan a darse noticias sobre determinados actos que parecían desterrados de los campos de fútbol y sus aledaños, aquí en este país de charanga y pandereta que es España. Es cierto que la violencia en torno al deporte, en este país, no ha cesado, no hay más que recorrerse algunos campos, los de categoría regional, en que suceden cosas. Se atemoriza al árbitro, y no solo con cánticos y amenazas verbales; se atemoriza al cancerbero visitante golpeando una navaja contra la valla e increpándole a que no se esmere en atajar el esférico; algún padre agrede a un jugador del equipo rival por haberse empleado con excesiva dureza contra su vástago… son cosas que pasan en ese otro fútbol, alejado de las pantallas, por más que lo nieguen y oculten desde la federación. En descargo del fútbol, diré que no es el único deporte en que esto pasa, aunque se lleve toda la fama. Con esto quiero decir, que no es oro todo lo que reluce, por más que se trate de mirar a otro lado en los despachos. Hay corrupción.

Pero no quiero hablar de ese fútbol, solo quería señalar que los malos modos y la violencia no han cesado, aunque se oculte y se tache de esporádica. Quiero hablar del fútbol de los millones y de las incidencias que ha habido en los campos, no las propias del juego, las que ocurren entre el público. Desde los medios se tacha de hechos aislados, de cosas de vándalos, de protestas contra una mala gestión directiva, de enfrentamiento entre ultras y algo de eso hay, pero ¿es todo? Me da en la nariz de que no; de que la violencia que se empieza a generar en los campos y sus aledaños es la de la insatisfacción e impotencia ciudadana contra la miseria que empieza a ser inaguantable entre la ciudadanía y que de momento se manifiesta y encauza en refriegas callejeras entre ultras, actos de sabotaje de partidos e intentos de agresión a directivos y jugadores vistos como sospechosos por los aficionados. La imposibilidad real de ir a por un político, encauza la violencia y la protesta hacia ciudadanos y lugares accesibles. Espero equivocarme pero solo es cuestión de tiempo que tengamos que lamentar una gran desgracia llevada a cabo por un ciudadano o grupo que, impotentes, ven cómo su vida y la de los suyos se hunde en la miseria sin remedio y negándoseles el recurso de la palabra, el derecho de justicia y sufriendo en sus carnes la imbecilidad y mofa de sus gobernantes, organicen un san Quintín sin sentido, allí donde vean la ocasión de dar rienda suelta a su rabia y frustración. Luego, los medios de desinformación dirán lo que quieran pero la realidad será que unos inocentes habrán pagado las iras acumuladas gracias a unos gobernantes ineptos, corruptos y maleducados, herederos del más rancio franquismo.