DE OFICIO, DECORADOR

DE OFICIO,  DECORADOR

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Un día el maestro preguntó en la escuela el oficio de los papás. Ángel no supo qué responder; hasta aquel momento no había pensado en que sus papás pudiesen tener un oficio con el que ganarse la vida. Eran sencillamente sus papás. Aquel día, al llegar a casa, lo primero que preguntó a su mamá fue el oficio que tenía:

— Ama de casa, — le respondió.

— ¿Y papá?

La mamá de Ángel no supo qué responder. A Ángel le pareció natural. Era evidente que para mamá, papá era simplemente papá, y que como él, su mamá no se había planteado que papá pudiese tener un oficio con el que ganarse la vida. Al llegar papá a la casa, Ángel fue a su encuentro y no perdió el tiempo en cortesías. Necesitaba saber el oficio de papá.

— Decorador, — respondió su papá con absoluta convicción.

Al día siguiente, Ángel pudo responder en el colegio, con alivio,  que su mamá era ama de casa y su papá decorador. Esas dos respuestas tan tontas afianzaron su confianza entre sus compañeros. Poco le importaba que los papás de sus compañeros tuviesen oficios con más caché y empaque. Se sentía normal e integrado.

Pasaron los años. Ángel nunca volvió a pensar en el oficio de sus papás. No lo necesitó y no le importaba demasiado. Lo único que le importaba es que eran sus papás. Un día, mandado por su mamá, fue a llamar a su papá para comer. Lo encontró en el cuarto de trabajo, al que no debía de pasar.

— ¿Qué haces?

— Busco inspiración para mi obra maestra.

De reojo vio una lámina de un cuadro de Goya en que este había pintado unos fusilamientos de población civil. En una esquina del escritorio reconoció el fotograma de una película en el que se había representado uno de tantos fusilamientos de la revolución mejicana.

— Mamá dice que la comida está lista.

— Vamos, — dijo su papá cerrando los documentos que consultaba.

La comida de aquel día era especial. Papá iba a estar fuera unos días, por cuestiones de trabajo. Después de comer fueron todos al cine, era una de las cosas que solían hacer juntos. Primero dieron un noticiario, luego unos adelantos y después una película de guerra. Aquella noche, Ángel, tras comerse un helado, se despidió de su papá antes de irse a la cama. Al día siguiente no lo vería.

Una semana más tarde, Ángel fue al cine con su mamá. En el noticiario, junto a la tapia de un cementerio reconoció la obra de arte que su padre estaba consultando cuando entró al despacho. Era clavadita a los fusilamientos de Goya. Los muertos, según el noticiario, eran terroristas y opositores al régimen de un presidente, oculto tras unas gafas de sol muy oscuras, de nombre impronunciable.

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