EN TORNO A LA EDUCACIÓN

EN TORNO A LA EDUCACIÓN

la torreta 088

La semana pasada se inició un curso de iluminación y sonido con alumnos para los que el sistema tradicional de educación reglada no tiene respuesta. Bueno, sí, una. Como todo mal político o toda mala empresa, la culpa y el problema está en ellos, no en el sistema que no les puede dar respuesta. No pretendo hacer una crítica de nuestros profesionales, que con los pocos medios que tienen  y con un entorno hostil hacen una labor loable. Cuando hablo de entorno hostil me refiero a los intereses del gran capital, y sus defensores: políticos, iglesia, grandes multinacionales, que quieren obedientes, no ciudadanos, y piden resultados que la educación en las aulas no puede dar, pues la educación no es adiestrar. La educación no puede ir al bandazo del último grito en demanda laboral, ni del último grito en ideología ni de la última parida del ministro de turno. La educación es un recorrido a largo plazo, cuyos frutos florecen a lo largo del recorrido de una vida con capacidad para elegir su camino de construcción. En ocasiones, los frutos de ese recorrido vital los saborea la generación posterior. En ese recorrido cada persona es un mundo y requiere unos tiempos de maduración, diferentes para cada uno, y totalmente reñidos con la uniformidad que pretende y busca el sistema. El mejor sistema es aquel que permite que todos lleguen al mismo punto, y no por bajada de niveles, sino porque es lo suficiente flexible para permitir la convivencia de chicos y chicas con intereses diferentes, etapas madurativas diferentes y por tanto, permita las entradas y salidas tantas veces como sean necesarias para que nadie se quede atrás. El sistema educativo no tiene que transmitir conocimiento, eso dependerá de los intereses de cada alumno a alumna, el sistema educativo tiene que capacitar para saber buscar y facilitar las herramientas para hacerlo, tiene que dar las herramientas para que los chicos aprendan a pensar, desenvolverse y adaptarse o adaptar.

El caso es que iniciado el curso se robó un móvil y una mochila. La respuesta fue administrativa, en busca de culpables y con la idea de la expulsión del curso. Esto me hizo pensar en que, en ocasiones, las personas que estamos en contacto con este mundo, el de la educación, muchas veces pensamos de una manera tradicional y administrativa. ¿De verdad la solución es expulsar a alguien sin haber comenzado a trabajar con él? ¿Excluir a un excluido? ¿Somos tan necios que pensamos que chicos y chicas que llevan años enfrentados al sistema y recibiendo un trato que los excluye, en tres días van a respetar las normas básicas de convivencia en un entorno que consideran hostil? Evidentemente que no estoy a favor del robo, ni de los peregrinos argumentos de los chicos y chicas, uno de ellos era que las personas afectadas eran responsables del robo por no haber puesto medios para impedirlo. No estoy a favor. Pero estoy a favor de la generosidad. Independientemente de si aparecen los objetos robados, estoy a favor de no excluir a nadie, que no es lo mismo que dejarlo estar. Estoy a favor de que la puerta continúe abierta y hacerles saber que es un gesto amable que espera una respuesta generosa por su parte. Estoy a favor de la posibilidad de que algún día ese gesto haga posible que extiendan su mano al compañero que tienen al lado.

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