LA DIADA. REFLEXIONES

LA DIADA. REFLEXIONES

 diada 109

He preferido que transcurriesen unos días antes de reflejar mi opinión sobre la cadena humana que se convocó en la Diada Nacional de Catalunya, a favor de un referéndum sobre la independencia de Catalunya. No quería que algunas de las tonterías oídas de boca de ciertas personas enturbiasen mi discurso. A lo dicho tengo que añadir que también ha contribuido a mi silencio, la agresión llevada a cabo en Madrid por parte de un grupo, perteneciente a una organización de carácter totalitario y bien organizada, a cara descubierta. Como hoy no quiero hablar de este hecho, solo diré que los nazis, por los que nadie daba un duro, empezaron así.

No voy a hablar sobre independencia sí o no. Estoy seguro de que Catalunya puede ser perfectamente independiente y de que ello no provocaría ningún cataclismo económico en Catalunya ni en el estado español, a menos que los traficantes de armas pusiesen los ojos sobre nuestro territorio para organizar un conflicto localizado, como ha sucedido en otros países de Europa no hace tanto. Por lo demás, las vidas de los ciudadanos continuarían igual, sin grandes cambios, unos, los independentistas, más felices aunque siguiesen sufriendo en sus carnes la corrupción de sus políticos; no confío en un proyecto independentista guiado por políticos, lo siento. Yo solo seré feliz si está liderado por ciudadanos. Otros, sufrirán cierto resquemor, según lo identificados que estén con la idea de España, producto de la honrilla de haber perdido un territorio. Nada que no cure el tiempo, la cultura, la educación y la necesidad de convivir.

Quiero hablar de la biblia, perdón, la constitución. El hecho de haber de recurrir a la constitución como argumento, me recuerda tanto a los tiempos en que la clase dominante se refugiaba en la palabra de dios como único argumento, sostenido, eso sí por la fuerza de las armas y la tortura. Refugiarse en la constitución, un texto que ya nació anquilosado, deforme, injusto, producto del miedo es retratarse. Refugiarse en la constitución, un texto farragoso, sin pasión, excesivamente legalista es querer mantener, contra viento y marea, cualquier avance en materia de derechos humanos, derechos civiles, derechos políticos. Refugiarse en la constitución, un texto hilvanado por la resistencia postfranquista, es querer seguir manteniendo el control de la población y de las ideas, cueste lo que cueste. Ampararse en la constitución, un texto protegido para que cualquier modificación sea una odisea kafkiana, es querer seguir manteniendo el país encorsetado en el oscurantismo, con un problema y es que las costuras del traje no aguantan.

Las costuras del traje no aguantan por mucho que se empeñe la clase dominante en privarnos de una educación de calidad; en dinamitar los servicios públicos, eso sí que es terrorismo, y de estado, por el que habrían de rendir cuentas ante un tribunal internacional; en poner trabas económicas al acceso a la cultura; en embrutecer a la población con reformas sin sentido e ineficaces, que ponen a los más desfavorecidos a los pies de sus señores: el gran capital. Las costuras revientan y no pueden impedir que pensemos, nos informemos y nos unamos para pedir las libertades y los derechos que nos niegan con la constitución en la mano. Cuando un texto solo sirve para oprimir, en todos los sentidos, y cuando sus sumos sacerdotes aplican las leyes arbitrariamente y sin sentido, anquilosando el aparato legislativo, la desobediencia civil, la lucha por las libertades ciudadanas y la búsqueda de nuevos horizontes políticos y legales es una necesidad vital. Esta es mi pequeña reflexión sobre la acción cívica que propuso la Asamblea Nacional Constituyente para la Diada Nacional de Catalunya.

Josep García

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2 thoughts on “LA DIADA. REFLEXIONES

  1. Benjamín Recacha 17 septiembre, 2013 / 23:42

    Quienes vivimos en Catalunya, Josep, y tenemos cierto espíritu constructivo, defendemos como algo que forma parte de la normalidad democrática convocar un referéndum que determine si ese sentimiento que se percibe como mayoritario en favor de la independencia realmente tiene una traducción numérica. Formaría parte de la normalidad democrática que quienes piensan que Catalunya debe seguir unida a España lo defiendan con argumentos constructivos que traten de convencer a los catalanes que no tienen clara su posición, con el objetivo de que su postura sea la mayoritaria en la consulta.
    Pero no, en la España actual la normalidad democrática no existe. Sistemáticamente se niegan los derechos más elementales a la ciudadanía, y no me refiero únicamente al derecho a la autodeterminación, que, en mi opinión, es mucho menos importante que el derecho a la educación, a la sanidad, al trabajo, a la vivienda, etc., pero que, en cualquier caso, es también un derecho fundamental.
    Esto que resulta tan evidente, la élite política y económica española no lo quiere entender. Nunca ha querido hacerlo. El rancio nacionalismo español forma parte de su ADN, cosa que resulta de lo más torpe porque es la principal causa de que el independentismo triunfe en Catalunya.
    Yo no soy independentista porque, básicamente, igual que no me identifico con los signos identitarios españoles, tampoco lo hago con los catalanes. No me gusta la estelada igual que no me gusta la bandera rojigualda. No siento la necesidad patriótica de que Catalunya tenga su propio Estado, así que, aunque resulte bastante ilógico, he optado por el camino difícil, el de intentar cambiar la alarmante realidad de un país al que sus dirigentes están hundiendo en la miseria. Saludos.

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    • salvela 18 septiembre, 2013 / 8:17

      Totalmente de acuerdo, Benjamín. Yo tampoco soy nacionalista. De hecho me causa repelús cualquier ideología que para reivindicarse exalte las diferencias, ponga por encima de otras manifestaciones sus valores y haga menosprecio de otras culturas.
      Para mí el referéndum sobre la autodeterminación representaría un pequeño triunfo de la cultura democrática. No voy a decir que el resultado me de igual. De hecho, la posibilidad de que Catalunya pueda alcanzar la independencia puede ser una oportunidad para sacudir los cimientos de un aparato estatal anclado en el post-franquismo (tienen narices que aún bailemos al son de un genocida), y se abran oportunidades, a priori, interesantes para la construcción desde la ciudadanía, (los políticos apestan), de un proyecto en donde la educación, la sanidad, el trabajo, la participación en las decisiones, la justicia y un largo etcétera estén al alcance de todos y no sea patrimonio exclusivo de cuatro señores feudales que los manejen a su antojo y conveniencia.

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