EL CHATARRERO

EL CHATARRERO

Ceremonia del te 222

El señor José hacía años que retiraba los sobrantes de las empresas de la zona. Llegaba, pesaba el material, pagaba y cargaba el camión. Luego se dedicaba a seleccionar el material que podía servir para  desmontar y aprovechar sus piezas, para darle otros usos, para reconvertirlo como añadido de otros productos y todo lo que suele hacer una persona que continuamente piensa en cómo ganarse la vida. El señor José y su familia, vivían del producto de este trabajo.

Un día, un hombre le ofreció a José que trabajase para él, que le pagaría y que no se tendría que preocupar de la continua fluctuación de sus ingresos. Siempre tendría un ingreso fijo, y un camión nuevo, proporcionado por la empresa. El señor José vio bien la oferta y empezó a trabajar para este hombre. Uno de los primeros cambios que hizo este hombre fue dejar de pagar por retirar los deshechos. Al principio, las empresas protestaron algo, pero como necesitaban a alguien que les retirase los sobrantes dejaron que el señor José se llevase los materiales gratuitamente. El señor José pensó, ¿por qué no se me habrá ocurrido a mí?

Al cabo de unos meses, el hombre que había contratado a José le contrató un ayudante. Le dijo, mira, para que te ayude. Así irás más aliviado. Con lo que me ahorro de pagar por retirar la chatarra, pago a este señor. El señor José se mostró muy contento, hasta que el ayudante hubo aprendido las rutas y se hubo hecho con los clientes, momento en que el señor José fue puesto de patitas en la calle.

-Me sales muy caro, José. No puede sostener tu puesto de trabajo. La empresa tiene pérdidas.

Con esto de las pérdidas solo quería decir que no tenía suficiente beneficio. Tras despedir a José, el hombre, dio un bloc de recibos al ayudante y le dijo:

-Esto es para que cobres por el servicio que hacemos de retirar los residuos. Toma, entregas en cada empresa una nota con nuestra tarifa y un comunicado para anunciar que no pasaremos a retirar la chatarra de aquellas que no paguen.

Las empresas protestaron pero acabaron cediendo, puesto que los desperdicios les estorbaban y no podían contratar a alguien para que se ocupase de ellos. Era más barato ceder a las pretensiones económicas de la empresa que les hacía el servicio.

Con el tiempo, esta empresa fue utilizando las mismas artes con chatarreros de zonas próximas, y obtuvo de los diferentes gobiernos aprobación de normas  que penalizasen los malos usos contra el medio ambiente, normas que convenciesen a las empresas de que era mejor pagar por el servicio que ser multadas.

Esta empresa fue un ejemplo de modernidad, pues sus beneficios estaban en sintonía con lo que preconizaban los gurús de las finanzas. Poco importaba que en el camino hubiesen quedado en la indigencia señores José y sus familias. Proletarios salvajes que no habían sabido adaptarse a los nuevos tiempos y que no tenían sitio en el nuevo orden.  Ojalá, esta empresa obtuviese pronto la concesión para la construcción de crematorios. Con gente salvaje e incivilizada nunca se sabe…

Fragmento de “Cuentos: desde el asombro” de Josep García

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