CADÁVERES EXQUISITOS

XVII
CONVERSACIONES

Taller Montaje 214

Dos días, apostado, y el detective no da señales de vida. Sabes que no se esconde, no es su estilo, y que no rehuye un nuevo encuentro, no es cobardía lo que has visto en sus ojos. Has cometido un ligero error. Para él no es importante vuestra batalla particular, él quiere resolver el caso, salir victorioso de la guerra, para ti lo importante es el rival, la batalla, poco te importa lo que se traigan entre manos unos y otros. Nunca te ha importado, siempre te has mantenido al margen de sus asuntos.

Alfred Molesto come y duerme. Solo come y duerme esperando a que Totlopot le reciba. No es un prisionero, es un invitado, el invitado de Totlopot… No sale de la habitación, como invitado no quiere desairar a Totlopot saliendo a tomar una copa o a cualquier otra cosa. ¿Por qué habría de hacerlo? En la habitación que le han asignado lo tiene todo, no necesita salir y se encuentra bien. El mueble bar está repleto, la comida es buena y se la traen, no necesita salir a comer fuera de la habitación. Además, de esta manera se concentra mejor y puede servir mejor a Totlopot. Se puede asear, afeitar, atender a sus necesidades, cambiarse de ropa… ¿qué más puede desear un hombre, un socio, un amigo de Totlopot que gozar de la confianza de compartir el mismo techo?

Lo tienes decidido, vas a abordar a la mujer. Será un divertimento sorprenderla y dejarla fuera de combate. En el anterior encuentro que tuviste con ella observaste que para otro adversario, un adversario normal, habría sido difícil dejarla fuera de juego. Ha sido entrenada, su musculatura está bien desarrollada y el físico es acto para el cuerpo a cuerpo. Como la vez anterior no debe de ver tu rostro, no quieres asesinarla. Estás rompiendo muchas normas estos días. Dejas rastro de tu presencia, no asesinas, respetas la vida de tu adversario. El quebranto de tanta norma supone un riesgo para ti. Asumes el riesgo. Tu adversario no debe de morir, y tampoco las personas cercanas a él. Antes de que ello suceda eres tú el que tiene que sumirse en la sombra y el olvido.

Alfred Molesto se pregunta en la soledad de la habitación que le han asignado si Totlopot le ha relegado al olvido. Es probable que así sea, es un hombre muy ocupado y que tiene la cabeza en muchas cosas. Es normal que se haya podido olvidar de un subordinado, por importante y cercano que pueda estar a Totlopot, es normal que este, centrada toda su atención, en el asunto que hace meses están preparando, no tenga tiempo e incluso se le halla ido de la cabeza la cita concertada. El hecho de que no se acuerde de la cita puede ser hasta bueno, es probable que haya olvidado los pequeños desajustes ocurridos en el pasado. Es más que probable que ni siquiera esté citado para rendir cuentas de los desajustes. Seguramente toda la operación, a pesar de los desajustes, vaya viento en popa y esté en espera de ser felicitado y debidamente recompensado por su valiosa contribución. Seguramente, las atenciones que le prodiga Totlopot se deben a que considera que él se ha ganado un merecido descanso antes de abordar el siguiente trabajo. Sería impensable que Totlopot no contase con un hombre de su experiencia para el siguiente proyecto.

-No hagas ningún esfuerzo, En estos momentos estás bloqueada, tus músculos no te obedecen. El bloqueo no durará mucho, no más allá de cinco minutos, probablemente menos, debido al duro entrenamiento al que has sometido a tu físico. Lo mejor es que te relajes y no fuerces, puedes lesionarte si fuerzas. No trates de ver mi rostro. Soy aquel que no existe, y así ha de seguir siendo. No quiero matarte, no eres mi objetivo. Tampoco quiero matar al ser que es tu compañero. Es mi objetivo, me han pagado para que le mate pero no pienso hacerlo, solo quiero derrotarle. Quiero saber dónde está.
-No lo sé. Pero si me dices dónde, estoy segura de que él te buscará para enfrentarse a ti, una vez que haya terminado nuestro trabajo. Para nosotros no es una diversión. Intentamos salvar vidas.
-Lo sé. Pero eso a mí me trae sin cuidado.
-¡Tanto talento desperdiciado…!
-Sin sermones. Yo no te sermoneo ni te juzgo, tú no lo hagas.
-De alguna manera, al decidir sobre nuestra vida, nos has juzgado a ambos.
-Solo me limito a no dañar. ¿Dónde te dijo que iba la última vez que hablasteis?
-No me lo dijo. Se limitó a darme una orden. Oficialmente yo ya no sigo en el caso, en este caso.
-¿Extraoficialmente?
-No. Sigo aquí para no dar palos de ciego. Tal vez puedas ayudarme.
-¿Intercambio de información?
-Lo siento. No pienso engañarte. No sé nada sobre el paradero de quien me preguntas. Si tú me quieres decir dónde está un agente nuestro desaparecido en la India…
-No te puedo ayudar.
-¿No puedes o no quieres?
Porta puede elegir la respuesta que desee, Taica no sigue en la habitación. El silencio y un escalofrío.

Llaman a la puerta y Alfred Molesto da su permiso. El, Alfred Molesto, da su permiso en una habitación en los dominios de Totlopot. Eso es poder. Lacayo Segundo entra con una pecera que le muestra a Alfred Molesto. Alfred Molesto interroga a Lacayo segundo con la mirada:
-El señor Totlopot quiere saber tu opinión sobre esta pecera.
-Por, ¿algún motivo en especial?
-La quiere poner en la sala del teléfono, ya sabes cual. Quiere saber tu opinión. ¿Te gusta?
-Sí, está bien. Es una pecera. Todas las peceras son iguales….
-No, las hay rectangulares. También las hay como ésta pero con formas en el interior o con el cristal en diferentes tonalidades. Al señor Totlopot le gusta esta, pero quiere saber tu opinión.
-Para ese sitio, creo que esta es la mejor. Sí, me gusta.
-Bien, se lo comunicaré al señor Totlopot.
-¿Cuándo…?
-Sí…-se gira Lacayo Segundo displicente.
-No, nada.
Lacayo Segundo cierra la puerta tras de sí.

-¿Cómo te llamas?- pregunta Li a su compañero de fuga.
-Puedes llamarme maldito, maldito hombre muerto. Eso es lo que soy.
-Puedo asegurar tu protección.
-¿También puedes asegurar la de mi familia? Desde el momento en que sentí miedo por mi vida condené a mi familia. Tengo una familia y la he vendido por mi miserable vida. Pase lo que pase a partir de ahora, soy un maldito y soy un hombre sin esperanza, un muerto que alarga sus días sobre el polvo.
Li mira a su compañero de fuga:
-Te ayudaré a salvar a tu familia. Lo vamos a intentar. ¿Hacia la ciudad?
-No, hacia una aldea en las montañas. No es una aldea, en realidad es una fortificación. Una especie de ciudadela en dónde residen los familiares del ejército particular de la empresa. Una cárcel para asegurarse fidelidad y un buen servicio.
-Indícame el camino.

Lacayo Segundo llama y pasa seguido de un hombre con bata blanca. “¡Menudo mariquita!”. Un bigotito bastante cuco sobre una cara excepcionalmente blanca bajo una mata de pelo muy bien cuidada.
-El estilista personal del señor Totlopot. El señor Totlopot desea que te atienda personalmente.
Menudo lujazo; para que no quepan dudas el mariconazo resulta ser el barbero particular de Totlopot. Alfred Molesto atiende la invitación del estilista y le sigue hasta el santuario de Totlopot. El estilista invita a Alfred Molesto a tomar asiento en un sillón de barbero. El estilista le afeita cuidadosamente, le arregla las cejas, le realiza un buen corte de pelo, le masajea los pómulos y le aplica un buen maquillaje. Cuando ha terminado le invita a contemplarse en un espejo:
-¿Le parece bien al señor?
Alfred Molesto se mira y asiente mientras piensa que no es maricón por que se guste de esa manera. El estilista le invita a relajarse y Alfred Molesto se prepara para que le hagan la manicura. El estilista se limita a poner la cabeza en la pecera elegida por Alfred Molesto mientras unos lacayos envuelven en un plástico, con sumo cuidado, lo que sobra.

Fragmento de Cadáveres Exquisitos de Josep García

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