Cadáveres Exquisitos

XV
EN LA SALA DE CONTROL

Copia (2) de Excursión Nîmes 016

Pides una entrevista con el secretario y tomas el camino del ministerio. Cuando llegas, pasas directamente al despacho. El secretario te aguarda.
-¿Sabe quién me atacó?
-No. Estamos investigando, pero tenemos pocos efectivos y no los podemos dedicar a…
-Ni lo haga, a menos que quiera ver cadáveres. Mi atacante se llama Taica. Es un profesional. No lo busque. No lo va a encontrar, a menos que quiera ser encontrado. Anteriormente había oído hablar de él, pero pensaba que era una leyenda… seguramente lo que él debía de pensar de mí. Es un maestro del asesinato. Vive por y para; en él, asesinar no es una cuestión de vida o muerte, es una arte…
-Habla de él como si sintiese cierta admiración.
-No admiro sus actos pero sí, admiro la perfección que ha conseguido en su trabajo. Fue educado por una sociedad secreta nipona, la mejor en su campo y la más temida y respetada.
-¿Quiere eso decir que los japoneses están detrás de atentar contra la cumbre?
-Eso no quiere decir nada. No creo que los japoneses estén detrás. No podemos descartar que una de sus sociedades criminales lo esté, aunque Taica es un agente libre. Desde luego, preparar toda la infraestructura de una operación del calibre que intuyo sólo lo puede hacer una gran organización y no descarto que se trate de la sociedad secreta que educó a Taica. A pesar de ser un agente libre, se debe a la sociedad que le educó y le hará tantos trabajos como le pidan. Créame cuando le digo que debemos centrar todos nuestros esfuerzos en la protección de la comisión nipona. Qué es lo que va a pasar no lo sé. Pero sí sé que el objetivo u objetivos son los miembros de la comisión nipona. Si estos sufriesen un atentado, la cumbre fracasaría y probablemente estallaría un conflicto armado global.
-La tercera guerra mundial…
-Sí, quiero que ponga a sus mejores efectivos protegiendo a la comisión japonesa.
-Lo ordenaré inmediatamente.
-Quiero estar presente en el proceso.
-No hay nada que objetar, – sentencia la voz que se deja oír por el intercomunicador.
Tu interlocutor se levanta mientras se abre la puerta disimulada en la pared. Te invita a seguirle:
-Creo recordar que la conoce, de nuestra última entrevista.
Haces un gesto afirmativo y aceptas su invitación. Cuando entras compruebas que se trata, como ya sospechabas, de un ascensor. Bajáis a las entrañas de la tierra. Cuando el ascensor se para y se abre la puerta ves un pasadizo con varias puertas blindadas, todas ellas custodiadas. Avanzáis hasta llegar a la sala de mando, una cámara con una mesa ovalada en la que esperan sentados los máximos responsables de la seguridad nacional. Permaneces en un segundo plano mientras el secretario del secretario del secretario se adelanta:
-Caballeros, empezamos a vislumbrar a lo que hacemos frente. En estos momentos tenemos fundadas sospechas de que una importante organización que podría ser definida como criminal, ya que actúa al margen de cualquier gobierno civilizado,-sonríes ante el uso del vocablo civilizado y el significado de este para los allí reunidos,- prepara un atentado contra la delegación japonesa. Hemos de establecer como nuestra máxima prioridad la protección de dicha delegación.
-¿Qué pruebas son las que avalan la teoría para tomar esta decisión?
-Sabemos con certeza que uno de los implicados en el asunto que nos ha traído de cabeza todo este tiempo es un asesino educado por una sociedad criminal japonesa. Es uno de los seres más letales que trabajan hoy en día. Solo lo hace por dinero o por obediencia a su sociedad secreta.
-Pero hasta ahora hemos tenido indicios de que las personas implicadas tenían diversa procedencia geográfica, incluso se utilizaban diversos enclaves geográficos para la comunicación u otros menesteres.
-Es cierto. Pero hasta el momento en que ha aparecido en escena este asesino no hemos tenido a un personaje de primera fila, y perdonen por la expresión. La teoría o hipótesis sobre la que fundamentamos nuestra decisión tiene un alto porcentaje de ser correcta.
-¿Quién es el asesino?
-Taica.
El silencio se adueña de la habitación. Todos han oído el nombre y saben a lo que se enfrentan. Una persona, varias personas que trabajan bajo el mismo nombre… los resultados son los mismos: muerte y sólo muerte.
-Si es cierto lo que conocemos de Taica, podemos estar más que tranquilos, -tomas la palabra-. Nuestra misión es imposible, está condenada al fracaso, no tendremos éxito. Creo que es un buen punto de partida saber que estamos derrotados antes de empezar. Hagamos lo que hagamos, Taica, conseguirá su objetivo. Hasta ahora no ha fallado nunca.
-No es del todo cierto, señor,- interviene un coronel, joven para el grado, según tus apreciaciones.- Con usted ha fallado.
-¿Era yo su objetivo? No lo sabemos. Probablemente solo frustré un objetivo o no tenía la intención de matarme, solo de anunciar su presencia.
-¿Cómo cree que debemos proceder?
-Como siempre lo hacen. No deben variar sus protocolos.
-No le entiendo, Debemos de aplicar nuestros protocolos, a pesar de que no vamos a tener éxito.
-No he dicho que no vaya a tener éxito lo que vamos a hacer, he dicho que no debemos preocuparnos por el fracaso, hagamos lo que hagamos nuestras posibilidades son casi nulas pero debemos hacerlo, el casi es una posibilidad, pequeña pero al fin y al cabo es algo. Quiero aprobar personalmente a todos y cada uno de los hombres que formarán parte del equipo.
-Pero esto no es lo habitual…
-Mi colaboración forma parte de ese casi.- Todos los rostros miran al secretario. Este asiente.
Te conceden una sala en donde miras los expedientes de las personas elegidas. Los lees sin demasiada atención. Recibes a los miembros y conversas con ellos. Aprovechas los descansos de las entrevistas para recorrer las instalaciones. Pareces poner interés en las tareas que realizan los hombres allí destinados. Te acercas a alguno y le realizas preguntas sobre su trabajo, te ganas su confianza y como quien no quiere la cosa deslizas preguntas sobre hábitos y sobre asuntos particulares. Pides un sitio para descansar. Te dan una habitación que tienes que compartir con tres personas más. Habitualmente nadie duerme en las instalaciones, lo hacen en sus casas, pero dada la situación, y tu presencia, se ven obligados a quedarse. Aprovechas la noche para recorrer las instalaciones sin ser visto. Sabes dónde están situadas las cámaras, dónde los controles de vigilancia y aprovechas tus características para desplazarte a través de los objetos. Estás cerca de tu objetivo pero debes mesurar las fuerzas, ya son dos días en los que no has utilizado la máquina y tampoco has visto la luz solar. El alimento que ingieres no es suficiente para reponer la energía que necesita tu cuerpo. Si Taica decidiese atacar, estarías muerto.

Fragmento de Cadáveres exquisitos de Josep García

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