Cadáveres Exquisitos

XIV

TORTURA

 Copia (2) de Excursión Nîmes 077

-Señor Li, ¿es ese su verdadero nombre?

-Sí.

-¿Es consciente de que cuanto antes acabemos menos sufrirá?

-Soy consciente de que me puedo dar por muerto.

-Me hubiese gustado llegar a un acuerdo, quería contar con un hombre como usted en mi organización, pero después de haber matado a cinco de mis mejores hombres tras rendirse no me queda otra opción que hacerle matar. Yo le voy a matar, bueno, no personalmente…

-Por supuesto, un cobarde con medios siempre puede contar con que otros le realicen el trabajo sucio.

-Sus insultos no me molestan. ¿Cree que se puede llegar hasta donde yo estoy y controlar toda esta organización sin tener un par de cojones?

-Le diré lo que creo. Antes de ponerme la mano encima, vaya a consultarlo con su amo, no sea que se enfade por no haber sido de su gusto el trato que me quiere dispensar.

-Diga sus bravuconadas, es lo único que le queda y muy pronto… o muy tarde, pero con mucho dolor, ni eso. Depende de usted.

Se abre una puerta y entra un individuo todo nervio, ni un ápice de grasa. Su tez es blanquecina, se nota que no está acostumbrada a recibir la luz solar. Es la tez de un hombre que se pasa las horas encerrado entre cuatro paredes, aún así no presenta la flacidez característica de la inacción.

-Le presento al doctor Wu. Su título no es honorífico, como el de tanto parásito occidental que medra en estos tiempos por esas decadentes cortes europeas. Es un verdadero doctor, en ambas acepciones, la académica y la práctica. Un gran conocedor del cuerpo humano. En su otra vida fue un gran sanador. Se lo disputaban los principales centros médicos.

-Papá se portó mal con mamá, a la que estaba muy unido y eso le llevó a la depresión, la bebida y la tortura…

-A mi padre no tuve el placer de conocerle. En cuanto a mi madre… fue una mujer extraordinaria. Mi afición a la tortura se debe a mis debilidades humanas. Gano mucho dinero ejercitando mi arte y eso me permite follar con las mujeres más bellas y darme una vida con la que no puede soñar ni el mejor pagado de mis colegas. Una historia anodina, sin interés y nada maléfica.

-Eso si que acojona. ¿Le puedo ofrecer un trato?

-Soy todo oídos, señor Li, aunque le seré sincero, cualquier trato se reduce a una muerte rápida y sin dolor.

-Bueno. Mis padres no estarían de acuerdo con eso… pero si es lo que hay…. Mire. Odio morir sin saber por qué. Usted me cuenta y yo le cuento…

-Diviértame, señor Li.

-Yo vine a averiguar quien era uno de sus clientes o si esta empresa estaba bajo la órbita de alguna organización criminal.

-No estamos bajo la órbita de ninguna organización. Somos una empresa independiente que trabajamos, eso sí que lo reconozco, para cualquier organización que ponga su dinero sobre la mesa.

-¿A qué cliente…?

-Señor Li, me toca preguntar a mí. –Li asiente – ¿Para quién trabaja?

-No trabajo para nadie… alquilo mis servicios.

-¿Y quién…?

-Respete las reglas del juego. – Ahmentollah calla.- Me toca preguntar a mí… ¿Quién es el cliente T, el que compró grandes cantidades de cobre que no figuran en los archivos oficiales?

-No lo sé. Es una tapadera europea, una empresa ficticia para realizar determinadas operaciones, no conozco nada más, recomendación de mi médico. – Ríe -. Ya empiezo a hacer chistes tan malos como los suyos. ¿Quién le ha pagado para que investigue mí empresa?

-Un país europeo preocupado por las importantes evasiones fiscales que está detectando en el sector del cobre. ¿A dónde hacen los envíos?

-A ningún sitio. Enviamos el material al muelle y allí se preocupan de embarcarlo. Aquí deja de interesarme el asunto. ¿Qué país le paga?

-Alemania. El ministerio de industria está muy preocupado por la competencia desleal de las empresas que evaden impuestos y dañan la estructura económica del país. ¿En qué puerto dejan los envíos de cobre del cliente T.?

-Hong Kong. ¿Cómo consiguió llegar hasta nuestra empresa?

-Por pura casualidad. Tenía que elegir entre las principales empresas abastecedoras. Creí que era a partir de empresas como la suya por dónde había que empezar a deshilachar la trama de corrupción administrativa. Tuve suerte que a la tercera fuese la vencida. ¿Me podría nombrar alguno de sus principales accionistas?

-Entre nuestros accionistas no hay ningún ciudadano alemán… ni ninguna empresa alemana. De hecho no hay ninguna empresa occidental como accionista. ¿Qué empresas había investigado con anterioridad a la nuestra?

-La G. C. E. C. y la E. A. C.  Entre sus accionistas, naturalmente, hay miembros de las mafias orientales.

-Naturalmente. Dígame el nombre de mis colegas en el cargo, en las compañías que ha citado.

-¿Ha comido con ellos últimamente? –Ahmentollah sonríe.

-Señor Wu, es todo suyo. Le aseguro que yo he respetado el trato.

-Lo sé. Le prometo inmunidad en cuanto salga. Haré todo lo posible para que sus socios no le molesten.

-Cómo echaré de menos sus ocurrencias.

-¡Qué hipócrita!

-Señor Li, – habla el señor Wu- empezaremos por algo suave. Amo mi trabajo y, como todos aquellos que aman su trabajo, no me gusta que la gente sufra sin necesidad. Mire este sencillo martillo. Si le golpeo aquí, -lo hace en la articulación de la rodilla,- su pierna se mueve en un acto reflejo que para los niños resulta gracioso. No es necesario golpear muy fuerte. Pero si aplico este mismo golpe aquí, -lo hace en los testículos.- con la misma intensidad, el resultado es el dolor. – Li se retuerce todo lo que le dejan las ligaduras. Cuando deja de retorcerse, Wu continúa con su monólogo. – ¿Está bien? ¿Ya pasó? ¿Ya no le duele? Imagine lo que puede ser si este mismo golpe lo aplico con bastante más fuerza. –Lo hace. Li se retuerce de dolor.- ¿Por qué imaginárselo cuando lo puede experimentar? La experimentación es la base de la ciencia. No se preocupe, de momento va a conservar sus testículos. No voy a seguir trabajando esa zona. Era sólo un avance de lo que le espera si no me da la información que quiere mi cliente. Lo que hay entre usted y yo no es nada personal. No le odio, sólo quiero cumplir mi contrato. Vamos a empezar por bajar la temperatura. Le mojaremos. Es increíble lo que baja la resistencia del organismo y, con esta, la voluntad de oposición del individuo con un poco de frío. Este gotero, convenientemente colocado, cumple la función de humedecer con una gota de agua su oreja. No duele, solo molesta. –Toma unas tenazas.- Esto es para demostrarle que no estoy en contra de la mutilación. También pienso llegar a ella. De momento va a recibir un aviso. – Le coge una uña de un dedo del pie y se la arranca.- No tiene por qué aguantar el grito. Puede desahogarse. Sé que duele. No tiene la necesidad de mostrarme indiferencia. Estamos entre profesionales. No es necesario que me oculte su dolor. ¿Quiere hablar? Lo suponía. Volveré dentro de unos minutos. Su capacidad de resistencia habrá disminuido y le volveré a hacer la misma pregunta. ¿Quiere hablar? Se que no me va a decepcionar.

Li oye cerrarse una puerta tras de sí. Escucha atentamente. Sabe que no está solo. Alguien le vigila. Su mente no se ocupa en  saber el tiempo que pasará o en si hablará o no. Por el momento esa posibilidad queda desechada. Como ha dicho Wu, su voluntad es aún firme. Solo tiene una cosa en la cabeza. Cómo liberarse y huir. Sus extremidades están inmovilizadas. Zafarse de las ligaduras que las inmovilizan es perder energía. Tiene que conservar su calma y esperar un error de sus captores. Observar atentamente y estar al acecho del primer error que puedan cometer. Ahora está en una silla. Es probable que para próximas torturas quieran trasladarlo a una bañera, a un palo, a una polea… Y es probable que cuando realicen el traslado se confíen en su número y en su deterioro físico. Aguantar, aguantar y observar, esa es la consigna… Concentrarse y no dejarse perturbar por la puta gotita que le está tocando los cojones. Debe liberar la mente para descansar.

Una puerta se abre y se cierra. Ha perdido la noción del tiempo. Allí, junto a él, vuelve a estar Wu. “¿Quiere hablar?” Li le mira. Esa es suficiente respuesta para Wu que le palmea con fuerza las orejas. El dolor es impresionante. Li intenta no retorcerse de dolor pero no lo consigue. Las ligaduras le hienden las carnes. Pasado un rato, la misma pregunta. “¿Quiere hablar?” Li ni se molesta en mirar. Sabe que mirar es enfurecer a su torturador y no quiere que su torturador muestre más saña de la necesaria. Li se esfuerza por ocultar su ira, no quiere que esta le asalte y le nuble la mente, quiere tener claridad de ideas, en la medida de lo posible. No le pegan, no le hacen nada. Nota que le empieza a subir el calor corporal. Le están haciendo entrar en calor.

-¿Se encuentra bien? ¿Podemos continuar? ¿Quiere hablar?

Ante su silencio, con un martillo,  le machacan el dedo pequeño del pie izquierdo. Dolor, mucho dolor y la misma pregunta y la misma puta gota y otra vez le mojan y le bajan la temperatura del cuerpo y otra vez la misma pregunta. Le dejan otra vez solo, con un dedo machacado, mucho frío y la gota cojonera. Cuando la puerta se vuelve a abrir los dientes le castañean y los huesos machacados le duelen lo indecible.

-¿Quiere hablar?- Aún no está todo perdido. Se contiene y de su boca no salen las verdades de los que han perdido toda esperanza. Calla. Observa los movimientos de su torturador y se prepara para recibir una palmada en las orejas. Nada, su verdugo se contiene y ni siquiera le roza. Se siente aliviado. En medio del alivio nota un pinchazo en el brazo y siente un líquido que le penetra. Le han inoculado algún tipo de suero. Han calculado que su voluntad ya está lista para recibir el suero de la verdad. Wu está parado ante Li, esperando que el suero surta su efecto. -¿Quiere hablar? – Li menea la cabeza ligeramente. – Sé que no quiere hablar, pero me temo que no esté en su mano el decidir lo que quiere y lo que no. Dígame, ¿cuál es su nombre?

-Me, ¿Cuál es su nombre?

-Estamos graciosos. Le vuelvo a preguntar. ¿Cuál es su nombre?

-Li, Señor Li.

-¿A qué se dedica señor Li?

-Soy ayudante de campo.

-¿Qué hace como ayudante de campo?

-Buscar información.

-¿De qué tipo?

-La que me pidan.

-¿Qué información buscaba en los archivos de la E. I. C.?

-Envíos de cobre fraudulentos.

-¿Para qué empresa investiga?

-No investigo para ninguna empresa.

-Para qué tipo de asociación jurídica.

A pesar de su enorme resistencia, el cansancio y el castigo físico le empiezan a pasar factura y es consciente de ello. Por más que se esfuerza en concentrarse las palabras brotan de su boca:

-Para una fundación.

Wu no puede resistirse, empieza a saborear el triunfo y descuida su tono de voz:

-¿Qué fundación?

Esas notas musicales de triunfo en la voz de Wu son las que encienden la chispa en el cansado y confundido cerebro de Li, y le proporcionan la reacción que se esfuerza por conseguir:

-¡La de tu puta madre!

Wu no puede ocultar su decepción, aunque, como buen profesional, reprime su rabia:

-Vamos, vamos, no es necesario insultar… no es necesario. Somos profesionales, lo nuestro no es nada personal. ¿Qué fundación? Yo no quiero que sufras más de lo necesario. Sabes que todo el sufrimiento va a ser inútil. Al final vas a hablar. Estás solo, nadie va a venir a socorrerte y nadie va a ser testigo de tu derrumbamiento. ¿Qué fundación? Yo, ya lo sé. Aunque te parezca mentira es una respuesta que ya me sé. Tengo la información, pero deseo, por tu bien, para que dejes de sufrir, para convencer a estos matarifes, oír la misma respuesta de tus labios. ¿Qué fundación?

Li desea contestar algo así como “No era un insulto, era la verdad…” o “Claro que sabes la respuesta, la mamaste de tu madre…” algo ingenioso pero sabe que eso no conduce a nada y que tiene que apostar por reservar fuerzas para la posibilidad que se le presente de escapar. Con aire de vencido, de colgado, de desubicado total mira lo que puede de la estancia y lo interioriza. Mientras piensa en la inexistencia de cámaras, apenas balbucea…:

-¿Qué fundación? La fundación. ¿Qué fundación…? ¿Y el pajarito…? La fundación…

-Sí, la fundación, concéntrate… dame el nombre de la fundación para la que trabajas…

-La fundación… nombre…

-Sí, solo un nombre y serás libre…

-¡Libre…! ¿Y podré darle recuerdos a tu madre? ¿Tú no serás mi hijo? –Li calcula todas y cada una de sus palabras. Procura decirlas con toda la calma del mundo, sin rabia ni ironía, no busca zaherir, quiere guardar fuerzas para el próximo escalón en la tortura. Hay una probabilidad de que quieran trasladarle para hacerle degustar una nueva exquisitez del chef Wu. Confía en que sus guardianes, confiados en su deterioro físico no tomen las precauciones debidas y si esto es así, esa será su oportunidad. Tras decir esta frase baja la cabeza. Guarda un silencio. La levanta y mirando sin mirar sonríe a Wu para dejarla caer de golpe y cerrar los ojos. Wu le da unos golpecitos en la mejilla. Li reacciona como un boxeador tocado. Wu toma la decisión, se ha tragado el anzuelo, pide a sus guardianes que se acerquen para cambiarlo de sitio. Ha decidido utilizar un aparato más sofisticado. Sus captores le quitan las ligaduras, lo levantan y cometen el último error de su vida. Li no tiene piedad, no se la puede permitir. Caen y con ellos cae Wu. No pierde ni un instante. Le quita la ropa a uno de ellos y se la pone. Se dirige a la puerta. La abre y ve un pasillo. Al final de este hay un guardián. Le hace una seña para que se acerque. Mientras se acerca comprueba que en el pasillo tampoco hay cámaras. Esté donde esté, sus captores no quieren pruebas fílmicas de tortura. Esa decisión le favorece.

-¿Qué pasa? –Pregunta el guardián que ha acudido a las señas de Li.

-Tú por la puerta.

Sin darle tiempo a reaccionar le reduce, le quita su arma y le apunta a la cabeza.

-Eres hombre muerto. Si no te mato yo lo hará Ahmentollah. Solo tienes una oportunidad y es escapar conmigo. Cuando estemos fuera de aquí, tu por tu lado y yo por el mío. Ahora me conducirás a la salida y…

-No podemos salir hasta que no llegue el relevo.

-¿Y si hubiese alguna emergencia?

-No podemos abandonar el puesto. Debemos aguantar, aguantar y aguantar.

-¿Cuánto queda para el próximo relevo?

-Dos horas.

-Bien, me vas a contar paso por paso cómo se realiza y cuántas personas vendrán por el pasillo. Tómatelo con calma y no olvides ningún detalle. Tenemos dos horas. Tu vida depende de tu memoria.

Anuncios

2 thoughts on “Cadáveres Exquisitos

  1. Carlos Efron Mur 3 junio, 2013 / 15:53

    me encanta. la descripción del sujeto que se encarga de torturar o el torturador, me encanta la historia que hasta me atrevo a decir que lo haces de una manera genial que más de uno sentimos envidia… abrazos

    Me gusta

  2. salvela 3 junio, 2013 / 18:54

    Muchas gracias por el comentario, más viniendo de alguien que, literalmente, babeo con lo que escribes. Nos seguimos leyendo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s