Cadáveres Exquisitos

XII
LA ENTREVISTA

eusi 024

Despiertas, si es que a tu puesta en marcha se le puede llamar despertar. Te desconectas del generador solar, te levantas y miras por la ventana. Siguen ahí, cumpliendo órdenes. Te diriges a la habitación de Porta, llamas, por deferencia, antes de entrar. Ya está junto a sus juguetes. Al mirarle a los ojos sabes que algo no va bien.
-¿Qué ha sucedido?
-No tenemos noticias de Li. La última señal captada por su localizador fue en las inmediaciones de la E. I. C. Sabemos que entró pero aún no ha salido, y de eso hace varias horas. – Le reprochas con la mirada.- Necesitabas descansar. Cuando comience la acción serás tú quien necesite estar en forma y para ello es necesario que descanses. Ya hemos puesto en marcha los mecanismos habituales de emergencia para localizarle.
-Has procedido con lógica. Bajemos a desayunar, hoy visitaremos a nuestro cliente.
-Ve tú, yo me quedaré por si hubiese novedades.
Una hora más tarde esperas en una antesala para ser recibido por un secretario de un secretario de un secretario de un empacado miembro del gobierno. Al cabo de unos instantes, cuando el secretario, que no tiene ningún trabajo, ha decidido que has pasado el tiempo de rigor en la espera, te hace pasar.
-Buenos días. Seré su contacto, como dicen ustedes. La persona con la que se comunicará, o mejor, la persona a través de la que se comunicará con mi superior. Por motivos que debe de comprender, mi superior no puede atenderle personalmente… un tema de discreción, no valla a imaginarse…
-Yo no imagino nada. No perdamos el tiempo en preámbulos y cuénteme. ¿Por qué se han contratado mis servicios?
-Creemos que es la persona adecuada…
-No le he pedido un panegírico.
-Sí, claro. Tenemos indicios de que una organización quiere desestabilizar la cumbre entre países que va a tener lugar estos días.
-¿Qué indicios?
-Operación Mercader William. Son unas palabras captadas al azar por nuestros servicios secretos. Captaron la atención de nuestros agentes de inteligencia, ya que podían referirse a Venecia. Se hizo un seguimiento y se pudo encontrar este nombre en clave en tres ocasiones más y en medios diferentes.
-¿Me puede dar más detalles? ¿Cuándo, dónde, en qué contexto?
-La primera vez fue en una conversación telefónica, hace cuatro meses.
-¿Tienen una grabación de la conversación?
-Sí, pero…
-Quiero que quede clara una cosa. Si me voy a encargar de una investigación y, probablemente, de tratar de impedir una acción de un grupo u organización no quiero que se me escatime ninguna información ni material. Como sabrá, no trabajo solo. Mi labor es la punta de iceberg de toda una organización. Para usted no es nada más que eso, una organización. Para mí son personas con nombres y apellidos, un grupo de gente en la que confío y cuyas vidas no puedo tratar con la ligereza que ustedes me proponen. Para seguir en el caso exijo toda la información y material sin ningún tipo de trabas. De no ser así, saldré por esa puerta y santas pascuas. ¿Qué me contesta su superior?
-Caballero…-se levanta indignado el secretario. Un altavoz le quita la palabra.
-Estamos de acuerdo con sus condiciones. Son razonables.
-Podrá acceder a todo el material que hemos recopilado, – se produce un cambio en la voz del secretario.- Tenemos grabación de la conversación.
-¿En qué contexto se citan las palabras que levantan las sospechas de su gobierno?
-Por lo que pudimos entender, hablaban de unos envíos de material. Este, había de estar a punto para la Operación Mercader William.
-¿Interlocutores?
-Dos.
-¿Algún sonido que pueda dar una pista sobre lugar u hora?
-No. No se producen sonidos exteriores.
-¿Cuáles fueron las medidas que tomaron?
-Las habituales, pero de una manera discreta. Controles aduaneros, vigilancia de las principales rutas de tránsito de mercaderías, búsqueda en los archivos policiales de sujetos y organizaciones que pudiesen encajar con un determinado perfil. También hicimos un barrido de prensa y medios de cualquier tipo en los que se hiciese referencia a la cumbre, en búsqueda de mensajes cifrados. La búsqueda obtuvo sus frutos y pudimos hallar un mensaje cifrado en un diario sueco, en las páginas de compra venta. Se buscaban promotores con experiencia en producción mass media para stands en Operación Mercader de Venecia. Daban un apartado de correos de una oficina alemana para los posibles interesados. Nuestros técnicos se aplicaron a discernir qué tipo de profesional buscaba el anuncio para infiltrar a uno de nuestros agentes. Llegaron a la conclusión de que promotor con experiencia en producción mass media hacía alusión a un ingeniero en temas de comunicación. Uno de nuestros agentes entró en contacto con la organización. Envió una carta con el recorte del anuncio y un apartado de correos de Escocia. Recibió unas llaves de una taquilla de un complejo deportivo de Castellbisbal, una población cercana a Barcelona. Junto a las llaves había una nota con una fecha y una revista de literatura húngara.
-¿Fue esta la tercera vez en la que se mencionó la Operación Mercader de Venecia?
-No. En la nota no había ninguna referencia a la operación. En la revista húngara tampoco había referencia alguna a la operación, solo unas instrucciones en la sección de anuncios por palabras, instrucciones que nuestro agente debía de seguir cada dos meses, hasta nueva orden. Se trataba de realizar una recogida de material en Castellbisbal y transportarlo hasta Venecia.
Unos golpes en una puerta simulada en la pared interrumpen la entrevista.
-Adelante.
Entra un militar, lo deduces por su porte, por la manera de moverse y por cómo te entrega una caja.
-Es el material que hemos recopilado en torno a la operación Mercader de Venecia, incluida la conversación telefónica. – Antes de dar un vistazo al material pides que te hable sobre la tercera aparición de las palabras clave.- La tercera vez fue en una carta. Se halla en la caja que tiene en las manos.
Abres la caja. Ves la trascripción de la conversación telefónica y un disco con una etiqueta que lo identifica como la grabación de la conversación. Ves un diario sueco y varias revistas, en fundas de plástico catalogadas. Al final ves la carta, también en una bolsa, convenientemente catalogada. La carta está manchada de sangre.
-Es la sangre de nuestro agente infiltrado. Lo supieron desde el principio. La carta estaba con el cadáver, que dejaron en el despacho del ministro del interior, presidiendo la mesa. La secretaria que lo encontró aún se encuentra bajo tratamiento médico.
-¿Es capaz de razonar?
-Sí. No perdió la razón, aunque estuvo unos días bajo un fuerte shoc que la dejó sin habla. A pesar de haber recuperado el habla, y del tiempo transcurrido, es un manojo de nervios y es aconsejable mantenerla apartada del ministerio. En estos momentos su vida transcurre entre su casa y un centro hospitalario. Puedo concertar una entrevista con la señora Úrsula.
-No lo descarto pero de momento dejaremos que se recupere. Lo que si deseo es ver el despacho en el que abandonaron el cadáver.
-Lo puedo arreglar pero sepa que cambiaron el mobiliario, la decoración y algunas cerraduras.
-¿Conservan todo lo que fue cambiado?
-Sí, en un almacén.
-De todas maneras quiero ver el despacho. También quiero un plano actual del edificio. ¿Para cuando podré disponer de ello?
Suena el altavoz:
-Si lo desea, hoy mismo. Ahora.
-De acuerdo.
Tu interlocutor descuelga el teléfono y pide un vehículo. Os levantáis. Salís del despacho y os dirigís a otra dependencia del mismo edificio, en una planta superior. Tu acompañante abre una puerta.
-Este es el despacho.
Te quedas en pie, junto a la puerta. Tienes una vista panorámica. Tres ventanas tras el escritorio. Te diriges a las ventanas y las examinas.
-¿Forzaron alguna ventana?
-No se encontraron señales de ello.
-¿Cerradas o abiertas?
-Cerradas dice en el informe. La señora Ursula, cuando pudo hablar, asegura que no las tocó.
-¿Han cambiado recientemente algún vidrio?
-No tengo constancia de ello.
Abres una de las ventanas y observas los vidrios por el exterior.
-¿Cada cuánto limpian los vidrios?
-Cada dos meses.
Observas en el poyo de la ventana. Pasas suavemente los dedos. Bajo la ventana, en el suelo, te arrodillas y observas. Te levantas y te diriges hacia unos sillones y un sofá que bordean una mesita de te.
-¿Cambiaron todo el mobiliario o solo el juego de escritorio?
Aunque los sillones de te no se vieron afectados por el incidente, se procedió a cambiar todo el mobiliario. Las supersticiones… ya sabe, por muy racionales que pretendamos ser, siempre queda ese poso de…
-Humanidad.
-Si, se puede ver de esa manera.
Sonríes ante la paradoja.
-¿Vamos a ver los muebles?
Tu interlocutor se acerca a una chimenea, acciona una palanca y se abre un pasadizo. Avanzáis por el pasadizo hasta un ascensor. El ascensor desciende hasta un parking. Tu cicerone se adelanta y te guía hasta un coche. Tomáis asiento en la parte trasera. El conductor debe de saber su destino ya que tu cicerone no le da ninguna indicación. El coche sale al exterior y toma una carretera secundaria. A pocos kilómetros se desvía siguiendo una indicación de área militar.
-Se que sobra la petición pero espero que entienda que se necesita que no comente…
-Señor… sobran las palabras.
El vehículo llega a un control. Para. Un militar se dirige al conductor, saluda y tras un intercambio de palabras da paso. El vehículo continúa. En el segundo control comprueban los pasajeros del asiento trasero. En el tercer control, a la entrada de un búnker, os tienen preparadas unas tarjetas de identificación. Pasáis al interior del búnker, descendéis del vehículo y subís en un montacargas. Este para en una nave. En medio de esta, entre pasillos de contenedores sellados, distingues un grupo de personas junto a un contenedor. Tras un intercambio de saludos protocolarios pasáis al interior y ves los objetos que hay en él. Examinas atentamente todos los asientos, la mesa de té y el escritorio. Centras la atención en cierto polvo. Das las gracias y haces una indicación a tu cicerone conforme ya has visto lo suficiente y estás dispuesto para la partida.
-¿Me puede dejar en mi hotel?
-Por supuesto.

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