VIOLACIONES Y ABUSOS

VIOLACIONES Y ABUSOS

Copia (2) de Excursión Nîmes 017

El otro día veía un reportaje sobre las mujeres en los marines de los Estados Unidos. En concreto era sobre los abusos, vejaciones y violaciones a las que sus compañeros, en muchos casos superiores en rango, las sometían. El documental dejaba claro que no solo las mujeres eran víctimas de esta situación, también los hombres. Las víctimas de estos tratos vejatorios y de esta violencia, si se atrevían, denunciaban los hechos. Esto hace pensar que es mucho más lo que no sale a la luz, por miedo o componendas, que lo que, con valentía y en ejercicio de un derecho, se denuncia, con la esperanza de conseguir justicia. Esto es, una compensación para las personas damnificadas, con secuelas de por vida en la mayor parte de casos, y una sanción para los agresores. Hasta aquí, todo normal, si se puede llamar normal una situación de continuas agresiones sexuales, de las que solo una mínima parte sale a la luz.

Dónde empieza lo anormal, lo escabroso, lo escandaloso, lo que clama al cielo. En la política de culpabilización, castigo, ostracismo e indefensión a la que son sometidas las víctimas que se atreven a denunciar, ensuciando el buen nombre de una institución que tiene que ser perfecta y en la que esas cosas no deberían de pasar. Las víctimas que reúnen el valor para denunciar, se ven acusadas y sometidas a una investigación, incluso enjuiciadas, por haberse saltado la cadena de mandos y haber atentado contra la honorabilidad de los agresores y, por extensión, de la institución. Agresores que no son sancionados, no son apartados de sus cargos, de manera que pueden seguir vejando y enseñando a vejar, y además son promocionados. Indignante.

Aquí viene lo peor, tras la indignación primera, me tranquilicé y pensé: “Es normal.” Todo esto es normal. Es lo que está pasando en todas partes. En nuestro propio estado, sin ir más lejos. Los abusones, tras vejar, humillar y chulear a la población, se van de rositas. Los que ponen sobre la mesa la denuncia son amenazados y, si la amenaza no funciona, castigados, culpabilizados, imputados y apartados de sus funciones y juzgados. Y esto es grave, y me avergüenzo profundamente de que esto me parezca normal, lo que hay. Y me avergüenzo de no ver solución o de no tener valor para, sabiendo la solución, llevarla a cabo. El poder está consiguiendo domesticarme, me temo que consiguiendo domesticar a buena parte de la población. Ha hecho bien su trabajo. Ver la injusticia como normal y habitual.

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