El Día de Descanso

EL DÍA DE DESCANSO

 Mercat i riera 221

Una vez que el todopoderoso andaba aburrido y sumido en sus propios pensamientos decidió manifestarse ante un grupo humano para divertirse haciendo nacer un nuevo culto. Salió de su guarida y se presentó ante un grupo de nómadas que se dedicaban al pastoreo y les habló en estos términos:

-Yo soy el todopoderoso y he decidido que vais a ser mi pueblo elegido.

Los nómadas le respondieron:

-Pero nosotros ya tenemos dios.

A lo que el todopoderoso contestó:

-Lo sé. Pero vuestro dios es un falso ídolo. Yo soy el verdadero. Y este es mi deseo. Quiero que me obedezcáis y me adoréis. Os daré varias leyes, que tendréis que seguir a rajatabla, y pobres de vosotros si no lo hacéis. Soy bastante exigente en ese aspecto. Pero os voy a ser sincero. Ahora no se me ocurre ninguna, no sé, estoy falto de inspiración, hoy no debe de ser mi día. Ya improvisaremos sobre la marcha. Claro, que vosotros me podéis ayudar un poco. Vuestra casta sacerdotal se puede poner las pilas y redactar unas cuantas leyes. Nada complicado, lo de siempre… no matar y esas cosillas por el estilo.

-¿Esta es tu primera orden? ¿Qué los sacerdotes te redacten las normas?

-Sí.

-Pero es que no tenemos sacerdotes. Cada uno tiene sus propias creencias y más o menos vamos haciendo.

-Mal,-dijo el todopoderoso.- ¿Así cómo podéis progresar? Tenéis que unificar creencias, es lo que se lleva ahora. Tú, ¿cómo te llamas?

-Patatías.

-Tú serás mi sacerdote. Pareces un chico espabilado. ¿Sabes escribir?

-No.

-¿Hay alguien entre vosotros que sepa escribir?

-Yo, todopoderoso.

-Solucionado. Tú, Patatías, le dictas lo que se te ocurre a él y tú lo escribes y haces que la gente se lo aprenda. ¿Veis qué sencillo? Ya tenemos una casta sacerdotal y una orden directa mía. Ya tenéis algo en lo que creer. Por cierto, en esa ley que redactéis tiene que haber un apartado para adorarme a mí. Soy muy coqueto y me gusto mucho, vamos que me amo. Me amo bastante, y vosotros también debéis hacerlo. Dedicaréis un día de la semana a descansar. Estará prohibido hacer ningún trabajo. Lo único que podéis hacer es adorarme. El jueves, el jueves será el día en que no podréis hacer ninguna actividad física. Todo el día me lo dedicaréis a mí.

Y tal como los abordó, los dejó con el propósito de observarlos por un tiempo y ver si le deparaban alguna diversión. Si no era así, ya se le ocurriría algún jueguecito, nada complicado, el pilla pilla con eliminados, al ahogado, al asesino, procurando que a nadie se le fuese la mano como la última vez, en que se mataron a dos mil primogénitos. Algo se le ocurriría, estaba muy cansado tras el esfuerzo de haberse manifestado.

Pasaron los días y Patatías acabó de dictar las leyes, su escriba las puso por escrito y decidieron que otro miembro de la comunidad las enseñase. Sobre todo hicieron mucho hincapié en lo del día de descanso. Como vieron que la cosa iba bien, los sacerdotes se animaron, y reclamaron que necesitaban más gente para atender el culto y hacer obedecer la ley del todopoderoso, a cada cual más arbitraria e idiota. Al todopoderoso le divertía ver la imaginación que derrochaban y cómo se tomaban tan en serio su papel de elegidos para interpretar sus designios.

Un día, un hombre estaba disfrutando del jueves en su tienda cuando oyó los mugidos de su rebaño. Salió de la tienda y se dirigió al lugar en dónde tenía el rebaño. Unos lobos lo estaban atacando y se lo estaban comiendo. El hombre se quedó a mirar cómo los lobos se daban un buen festín a cuenta de su rebaño. Ni se molestó en intervenir, ni en alertar a otros miembros del grupo. Era jueves, el día de descanso, no se podía trabajar y había que adorar al todopoderoso. El, personalmente, lo había ordenado y los sacerdotes tenían penas muy severas al respecto.

El todopoderoso contemplaba todo desde su guarida. Al final del festín, cuando no le quedaba ni una sola vaca con vida, se dirigió al todopoderoso en estos términos:

-Mira el fruto de mi amor por ti. No he movido un solo músculo para salvar el rebaño, en honor a ti y a tu día.

Y la voz del todopoderoso le respondió:

-Tú lo que eres es tonto. Búscate una buena excusa y que no lo sepan los sacerdotes, por que como lo sepan, contigo, hacen el agosto.

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