El Joven y El Todopoderoso

EL JOVEN Y EL TODOPODEROSO

 Ceremonia del te 183

En la reunión anual de todopoderosos, que tocaba ese año, en el planeta que hay a la derecha, según se sale por la izquierda y se entre en el pliegue espacio temporal que hay junto al planeta B-24, el todopoderoso que se encarga del planeta tierra, expuso una anécdota.

La anécdota optaba al premio anual de anécdotas divertidas. La del todopoderoso de la tierra era finalista, junto a la del todopoderoso de Ganímedes y la del todopoderoso de Lalandia.

“Un día envié a un representante mío a la tierra. Le mandé predicar que estábamos en este mundo para compartir. Es un experimento que os recomiendo para vuestros planetas. Hablad de compartir. Pero esto lo habéis de combinar con la oferta, a unos pobladores de la zona, de algo que esté especialmente destinado para ellos, como por ejemplo una tierra, un río, cualquier cosa. Los resultados son altamente hilarantes. Como os decía, envié a uno de mis subordinados para hablar de compartir. Aquellos que quisiesen estar a bien conmigo habían de compartir.

No llevaba mucho predicando, cuando se le acercó un joven, bastante bien parecido. Parecía de buena familia. Y le dijo a mi subordinado:

-Me gustan tus palabras. Me gustaría seguirte y ser fiel al todopoderoso. ¿Qué he de hacer?

A lo que mi trabajador, a quien por cierto, el otro día hice fijo (a los todopoderosos les gusta fardar del buen rollo que tienen con sus laborantes), le contestó:

-Para seguirme has de compartir tu casa.

A lo que el joven dijo que no había ningún problema.

-Además has de distribuir tus terrenos entre los que no tienen.

En lo que el joven estuvo de acuerdo.

-Además has de repartir tus animales, y tus vehículos, y tus libros…

Y en todo el joven se iba mostrando de acuerdo. Estaba entusiasmado, ya se veía como un nuevo seguidor de mi subordinado.

-Si tienes dos chaquetas, habrás de dar una al que no tiene.

Y el joven dijo:

-Hecho.

-Y si tienes ordenador, habrás de compartirlo con tus semejantes las horas que no lo utilices, para que estos se puedan beneficiar.

Entonces el joven cambió su rostro y se puso muy triste, por lo que mi subordinado le preguntó:

-¿Qué te pasa? ¿Por qué estás triste?

Y el joven le contestó:

-Por que ordenador sí que tengo.”

Todos los todopoderosos rieron a mandíbula suelta. Casi gana el concurso de esa edición. El cronómetro marcó que los todopoderosos estuvieron riendo durante ocho minutos y treinta segundos. La anécdota del todopoderoso de Ganímedes sobre poner la otra mejilla obtuvo cuatro segundos más de risas.

“Hay que tomarse la vida deportivamente. Lo importante es participar.”, se consoló el todopoderoso del sector tierra al ver pasar la estatuilla del premio para ir a parar a las manos de su colega de Ganímedes.

Josep García

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