Cadáveres Exquisitos

IV

EL TRATO

Mercat i riera 201

-Hace unos días la señora Sedipavor me pidió ayuda, ya que temía por su vida. En concreto temía que ustedes, ella no sabía nada del señor Rocatuno, la asesinasen. Sabía que usted, Laura, no quería el divorcio que le permitiría unirse a Rolando, que lo que quería era el dinero. Lo supo por una conversación accidental que sorprendió entre ustedes, sí, como anunciaba en el telegrama que usted, Rolando, encontró en su papelera, regresó un día antes para, escuchada su conversación, hacer mutis y reflexionar. Desde ese momento vivió en un estado de alerta contínuo, observando cualquier detalle, por nimio que fuese. Y todos los indicios le hacían ver que usted había aceptado la idea de asesinarla. Yo no pude impedirlo. Tenía los preparativos más avanzados de lo que supuse. El caso es que un día llamó su atención una ventana abierta. Ella se aproximó y en un espejo disimulado vio algo que la asustó y la hizo retroceder. En el suelo, ya había preparado algo con lo que tropezó y se precipitó al vacío. Usted no esperaba que se aferrase al alfeizar. Pero cuando lo hizo ella comprendió que había llegado su hora, así que mientras usted ayudaba a su defenestración, ella, en lugar de defender su vida, puso todo su empeña en arrancarle una prueba de que estaba siendo asesinada, y lo consiguió. – Muestras la cadena.- Al bajar a buscar la cadena, se encontró con la sorpresa de que alguien había llegado primero y se había llevado el cadáver. Y aquí es donde entra en juego el socio de Laura, Bruno Rocatuno. Estaban apostados en el exterior, usted le había comunicado a Laura el día y la hora en que arrojaría a la señora Sedipavor por la ventana. Laura y Bruno se escondieron entre la vegetación con la esperanza de poder sacar unas fotos que le incriminasen. Y tuvieron un premio, mayor del que esperaban. Tenían su cadena en la mano de la mujer asesinada. Sin pensárselo cargaron con el cadáver y lo arrastraron fuera de su vista. Y otra vez se dispusieron a esperar hasta tener la ocasión de meterlo en el maletero del coche. A poco que hubiese investigado, habría dado con el improvisado escondrijo pero los nervios le jugaron una mala pasada y decidió desaparecer, refugiarse en su fábrica y esperar acontecimientos. Llegada la noche, Laura y Bruno, transportaron el cadáver hasta el bosque en el que se halla. Revelaron las fotos y comprobaron que, estas, no les permitía incriminarlo pero no les importaba, tenían una prueba de primera. Al día siguiente, Laura contactó con usted y, después de ponerle al tanto de la situación, le recomendó que pusiese en conocimiento de las autoridades la desaparición de la señora Paula Sedipavor. Fue entonces cuando supe que había muerto, al ver en los diarios la noticia de su desaparición. Empecé mi investigación para esclarecer lo hechos, ya que no pude impedirlos. Bajo una de las ventanas de la casa, el terreno delataba movimiento, ligeras pisadas y signos de haber transportado algo que de vez en cuando arrastraba un poco. Supongo que el peso era excesivo para usted. En un seto vi que las ramas habían sido quebradas y obligadas por el paso de alguien, así como un pequeño agujero, del tamaño de un teleobjetivo a la altura en que una persona sentada debía de manejar una cámara. ¡Ah! dejaron un hilo de ropa que no pertenecía a un mono de trabajo. Por lo que deduje, que aquel tenía que haber sido el escondite.

Luego, todo fue investigar las habitaciones cuyas ventanas daban al espacio en que parecía haber habido tanto movimiento. Enseguida encontré la habitación en que se puso un espejo o un vidrio que actuó como tal. Había restos de marcas y un pequeño agujerito, así como en el suelo, había dos agujeritos para fijar el objeto con el que la víctima tropezó. Lo de que el cadáver fue escondido lo supe por la marca de su cuello. Imaginé que al haber tenido que empujar a la señora Sedipavor, en el forcejeo le arrancó algo que no tuvo tiempo de recuperar y hubo de esconder el cadáver. Más tarde, me enteré de que esconder el cadáver formaba parte del plan de Laura.

-¿Por qué nos cuenta todo esto en lugar de ir a la policía?

-Quiero que sepan que lo sé todo y quiero que sepan que tengo todas las pruebas para meterlos en prisión pero la pregunta es: ¿quieren ustedes ir a prisión?

-Un chantaje. ¿Qué quiere?

-Ofrecerles un trato. No creo en el sistema carcelario, pero estoy dispuesto a entregarlos si ambos no aceptan mi proposición. Usted, Rolando Sacapuintas, es un buen gestor. La empresa que dirige ha crecido a pesar de la crisis, y de su buen funcionamiento depende el pan de muchas familias. No puede ir a la cárcel, tiene que seguir dirigiendo la empresa pero a cambio de un salario, que no le va a permitir mantener el nivel de vida al que está acostumbrado. No quiero que renuncie a su nivel de vida. Lo puede volver a conseguir, pero partiendo de cero. Las acciones de Paula Sedipavor pasarán a los trabajadores y las suyas, junto con la mansión, pasarán a esta fundación. – Le entregas una tarjeta con un anagrama. – Usted Laura, trabajará en esta casa para sus nuevos habitantes. Esto o la cárcel.

-No nos queda mucho donde elegir. ¿Y cuándo encuentren el cadáver?

-Ya lo han encontrado. No se preocupen por los detalles, son cosa mía. Mañana vayan a esa dirección, un abogado se encargará de todo.

Josep García

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