La Sopa de Piedras

LA SOPA DE PIEDRAS

 Diuemnge en Mataró 034

El otro día, leyendo la prensa, me enteré de que habían encarcelado a un estafador de los considerados peligrosos. Entre los cargos, además de estafa, figuraba el de pederasta, secuestrador, inductor al hurto, desorden callejero, manifestación ilegal, vagabundeo, coacción, corruptor de menores y un largo etcétera.

Los hechos, según el diario, se sucedieron de la siguiente manera. Un hombre sin identificar, no tenía carné de identidad, y aún estaban comprobando la veracidad de su declaración tras la detención, se acercó a una plaza en donde estaban jugando unos niños. El hombre, vagabundo y maleante habitual, hacía tiempo que no daba un golpe y llevaba varios días sin comer. Al ver a los chicos, se metió en los parterres, obviando los carteles que lo prohibían y se dedicó a recoger piedras. Preguntado por un niño este le respondió:

-Recojo piedras para hacer una sopa. Me sale una sopa de piedras excepcional. ¿La quieres probar?

A lo que el niño, inocente y necesitado, son tiempos de hambruna, en la que todos nos hemos de apretar el cinturón, respondió que si. El imputado, procediendo a un tocamiento en la cabeza, según confesó el niño, le dijo:

-Avisa a tus amigos, que parece que tienen hambre y también la probaran.

Los niños, entusiasmados ante la promesa de una buena pitanza, se aproximaron al maleante, cosa que, el susodicho, aprovechó para dar comienzo a la extorsión, ya que les comentó que para hacer la sopa le era necesario un buen número de cacerolas. Los niños sustrajeron las cacerolas de sus casas y se las dieron al maleante, este las hizo llenar de agua pública que procedió a malbaratar con las piedras que había recogido.

Cuando tuvo las perolas llenas de agua y con las piedras en su interior, coaccionó a los púberes para que cometiesen un nuevo delito y le proporcionasen gas y cerillas para hacer fuego. Cuando lo tuvo, empezó a calentar el agua y procedió a probarla. Una vez probada comentó que le hacía falta sal, y los chicos y chicas reunidos, y en aquellos momentos, algún adulto, le proporcionaron sal y todos los elementos necesarios para un buen caldo, que el maleante fue pidiendo y los jóvenes sustrayendo de sus casas: Carne, panceta, garbanzos, pasta, chorizos, cebollas, patatas, butifarras, morcillas, papada. Aquí se hace constar que cada petición iba acompañada de un tocamiento en la cabeza, la espalda y otras partes del cuerpo, incluso de abrazos.

Cuando la sopa estuvo lista ya se había congregado mucha gente en la plaza, impidiendo el desarrollo normal de la convivencia ciudadana. Congregación para la que no había permiso, cosa que este diario ha comprobado. Aprovechando la numerosa congregación, repartió sopa entre la gente para implicarlos en los diversos crímenes en que había incurrido. Se sospecha, punto que se está comprobando, para ello se están analizando algunos restos de comida, que vertió alguna droga aditiva en la sopa con la intención de obtener futuros consumidores para los traficantes. Las sospechas se basan en las declaraciones de diversos agentes de la ley según las cuales:

-La gente estaba muy contenta, por encima de los parámetros normales. Empezaban a padecer síntomas claros de haber injerido alguna sustancia psicodélica, ya que se estaban alterando sus parámetros de la realidad.

Las declaraciones de los agentes las pudo confirmar nuestro periódico, ya que los que participaron en la manifestación ilegal haciéndose cómplices de los cargos que pesan sobre el maleante al que hemos hecho referencia, tenían alucinaciones y pensamientos recurrentes en torno al contacto humano en calles y plazas, cosa atroz e impúdica.

Con ayuda de efectivos, los agentes de servicio disolvieron la manifestación ilegal, incautaron el material delictivo, procedieron a varias detenciones preventivas y a la toma de declaración de testigos varios. Desde nuestro periódico felicitamos a los agentes del orden por su ejemplar intervención para cortar de raíz acciones vandálicas de esta índole, propias de países tercermundistas y atrasados. Individuos como los que perpetran dichas acciones, encaminadas a dañar la imagen de nuestro país ante los inversores internacionales, no merecen ser ciudadanos de nuestra ejemplar democracia.

Sonreí satisfecho ante la noticia y cabeceé varias veces mostrando mi acuerdo, no fuese que algún ejemplar ciudadano me estuviese observando y pudiese dar parte de mi indeferencia patriótica.

Josep García

Basado en un cuento de Xesco Boix

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