Cadáveres Exquisitos

III

EL CADÁVER DE PAULA SEDIPAVOR

 casa 039

El coche conducido por Bruno deja la carretera en el kilómetro cincuenta dos. Es un camino de tierra que se adentra en un bosque de pinos, robles y encinas. Al llegar a una falla del terreno detiene el coche y para el motor.

-¿No vas a bajar?

-Puedes hacerlo sólo. Es un cadáver.

-Prefiero que bajes conmigo.

-¿Tienes miedo?

-¿Lo tienes tú?

Laura, en respuesta, baja del coche. Bruno la sigue. Laura tiembla:

-Es frío.

-Te dije que te abrigases.

Les sigues de cerca. No te preocupa la distancia. Ellos están tan nerviosos que no notan tu presencia. Son canallas y les ciega la riqueza pero no son profesionales. Solo son un par de cretinos que han visto la oportunidad de su vida y se han aferrado a ella como a un clavo ardiendo. Bajan hasta el fondo de un barranco. Hay una fuente que apenas mana. Y en la oscuridad ves el túmulo. Ya sabes dónde está el cadáver, ahora tienes que actuar. Te adelantas y entras en el túmulo, hundiéndote como si bajases en un ascensor. Dentro de la bolsa reconoces la cara de la mujer que te visitó unos días antes para requerir tus servicios. Magullada, con la nariz rota, probablemente golpeada por su marido, es reconocible; no recibió el grueso del impacto al caer desde la ventana. La cadena, aferrada a su mano, con toda la fuerza de la que fue capaz en su último aliento. “Estaba convencido de que eras de las que mueren matando. No me has fallado. Yo a ti, sí.”

Sientes que Bruno y Laura se acercan a la tumba. Oyes con claridad sus pisadas. Cada vez están más cerca. Van a pagar por su crimen.

-¿Qué esperas? – Pregunta Laura.

-Tomo aire.

-Cuanto antes acabemos antes nos iremos.

-¡Qué fácil es hablar!

Bruno comienza a remover las piedras. Le coges la mano.

-¿Qué pasa? – Vuelve a preguntar Laura.

-Algo me ha cogido.

Laura sonríe. Cree que el miedo está pudiendo con Bruno. Cree que comienza a imaginar cosas. Bruno retira la mano. Una mano enguantada aferra su muñeca. En su retroceso te arrastra y te ve emerger de la tierra como un fantasma. El silencio de la noche queda roto por los gritos de terror de Bruno y Laura. Bruno cae. Le falla el corazón, ya no gritará más. Buscas su pulso en el cuello. No lo encuentras. Sientes su muerte. Te tomas tu tiempo para decidir mirar a Laura, que permanece quieta, sin aire, aterrorizada. Te tomas tu tiempo para hablar:

-Tu compañero ha muerto.

-¿Yo también voy a morir? – Pregunta Laura con la resignación del condenado.

-No.

Josep García

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