El Observador Y El Principiante

EL OBSERVADOR Y EL PRINCIPIANTE

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Cierta vez, un experto teórico en conflictos internacionales fue sacado de su almidonado edredón de lectura de diarios y visionado de telediarios para mediar en un conflicto en una pequeña nación de nombre impronunciable. De hecho, la existencia de dicha nación había sido una sorpresa para la sociedad de la comunicación y la información. Incluso cogió en fuera de juego a nuestro experto observador teórico en políticas internacionales.

Como no encontró ninguna información sobre este pequeño país en las fuentes tradicionales hubo de recurrir a contactos vistos con cierto recelo por los círculos que habitualmente frecuentaba. La información que recogió no le fue de mucha ayuda. Al parecer se trataba de un país que, para inmensa suerte propia, la última vez que había sido nombrado había sido en un documento de la burocracia del imperio romano. Desde entonces, su existencia había pasado desapercibida a los ojos de las grandes potencias que se iban sucediendo en el devenir histórico. Para su desgracia, su existencia se había rebelado al mundo debido a un pequeño desacuerdo entre dos facciones rivales que había degenerado en brotes violentos. El experto observador teórico, a pesar de que no sabía absolutamente nada, confió en su experiencia para limar las asperezas entre las facciones rivales. Según él, solo se trataba de establecer un paralelismo entre otros países de la zona.

Para llevar a cabo su misión se le adjudicó un ayudante. Un joven bien vestido, segundón de una obsoleta dinastía con un nombre parecido al de una bebida alcohólica. Sus méritos habían consistido en representar a su país, con cargo a los presupuestos del estado, en alguna competición deportiva, de esas a las que van los más fuertes, los más altos y toda esa verborrea para justificar lo injustificable. Nuestro experto observador teórico le auguró una gran carrera en el panorama de las relaciones internacionales:

-Siga vistiendo así, joven. Con ese porte tiene aseguradas las misiones internacionales.

El joven se limitó a mostrar una estúpida sonrisa, largamente ensayada con ayuda de pedagogos de alto prestigio internacional. “Es lo que hay”, pensó el observador.

Tomaron un vuelo que les llevó a las inmediaciones de la zona, a un país vecino. A lo que parecía, el país era tan pequeño y atrasado que no tenía aeropuertos. Al llegar se entrevistaron con la facción en el poder, que les expuso sus quejas:

-Que si la riqueza del país estaba en peligro, que si la oposición echaría a perder las rutas de comercio y los tratados para la exportación de los minerales, que eran el sostén del país. Que la única garantía para que las grandes potencias tuviesen garantizado el abastecimiento eran ellos, el gobierno legalmente constituido.

El observador y el principiante escucharon atentamente las razones de la comisión gubernamental. Al finalizar la exposición, el observador les dirigió unas amables palabras y les dio la razón en todo lo expuesto. La comisión gubernamental se retiró satisfecha por el resultado de la entrevista, y así lo manifestó en los medios.

Al día siguiente, el experto observador teórico y su ayudante, recibieron a la facción en la oposición, que expuso sus quejas en torno al partido gobernante:

-Que si la riqueza del país estaba en peligro, que si el gobierno echaría a perder las rutas de comercio y los tratados para la exportación de los minerales, que eran el sostén del país. Que la única garantía para que las grandes potencias tuviesen garantizado el abastecimiento eran ellos, la leal oposición al gobierno anquilosado por los años de permanencia en el poder.

El observador y el principiante escucharon atentamente las razones de la comisión nombrada por la oposición. Al finalizar la exposición, el observador les dirigió unas amables palabras y les dio la razón en todo lo expuesto. La comisión de la oposición se retiró satisfecha por el resultado de la entrevista, y así lo manifestó en los medios.

Durante la cena privada que mantuvieron el observador y su aprendiz, el primero le preguntó al segundo:

-¿Qué te sucede? Tienes mala cara. Tu sonrisa ha desparecido de ella. ¿Te encuentras mal?

A lo que el aprendiz respondió:

-No. Sencillamente estoy confundido. ¿Cómo les has podido dar la razón a las dos facciones? ¿No es un poco inmoral?

A lo que el observador respondió:

-Sí.

-¿Y?,-preguntó el joven.

-Estate tranquilo. La misión va viento en popa. La riqueza mineral de este país desconocido es de nuestras multinacionales.

Josep García

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