La Amnistía

LA AMNISTÍA

Excursión Nîmes 148

Por aquellos días, el ejecutivo discutía una ley sobre amnistía fiscal. Se trataba de recaudar dinero perdonando a todos aquellos que hubiesen hecho acumulación de capital sin declarar. A cambio, los defraudadores habrían de regularizar su situación, o mandar a un leguleyo que lo hiciese por ellos. Al fin y al cabo, los estafadores son gente importante y no pueden perder tiempo haciendo colas como hacen los descamisados que necesitan papeles. La cifra de partida para ser amnistiado y ceñirse a la ley era de diez mil euros. Al decirla, sonó un mensaje en el teléfono del portavoz, y este consultó al Presidente. Tras su consentimiento, elevó la cifra a quince mil euros.

El ministro de economía, nervioso, sacó su móvil y se comunicó mediante wasap con el Presidente, que pidió, vigilando que la megafonía no le traicionase, al portavoz, que volviese a elevar la cifra. Puesta en veinte mil euros, el que se puso nervioso fue el ministro de justicia, que procedió a comunicar con su presidente. Este, hizo elevar la cifra a cincuenta mil euros. La diputada que se sentaba detrás del ministro de educación, mandó un mensaje a papá. Papá, enseguida comunicó con el secretario. El secretario, le dijo al Presidente que no podían enfadar al padre de la diputada, ya que era uno de los benefactores del partido, a cambio de que su hija, la inútil de la familia, medrase en este. El Presidente volvió a elevar la cota. Se declaraba defraudador a todo aquel que superase los setenta y cinco mil euros.

Entonces, el ministro de defensa recibió un wassap de un diputado del partido de la oposición. El Presidente lo ignoró en un principio, hasta que le hicieron caer en la cuenta de que era el tránsfuga que necesitaban para ganar la votación, así que el Presidente volvió a subir la cantidad para establecerla en ciento veinticinco mil euros. En ese mismo momento, la mujer del Presidente, que había puesto el canal parlamentario, envió un mensaje a su marido diciéndole: “¿Tú estás tonto, Zutano?”, a lo que el presidente, cayendo en la cuenta, elevó la cantidad a ciento cincuenta mil euros.

En esos momentos, entró en el hemiciclo un page con una nota que enseñó al presidente y procedió a comerse. De doscientos mil euros fue la nueva cuota fijada, pero no la última. Varios empresarios, una multinacional, con las que hay que estar a bien, varias entidades bancarias, siguieron llamando hasta establecer la cuota final y definitiva en doscientos millones de euros diarios.

La amnistía fue aplaudida por varias entidades financieras, constructoras y algunas empresas. El ejecutivo se felicitó por el buen trabajo realizado. La oposición sorprendió a propios y extraños al abstenerse de hacer los acostumbrados comentarios negativos. Según algunos quisquillosos, varios miembros de esta respiraban aliviados conforme subía la cantidad para ser declarado defraudador y amnistiado.

Como era de esperar, la amnistía fue un éxito absoluto. Se acogieron dos constructoras, varios bancos y algunos terratenientes de rancio abolengo, que declararon el fraude y se regularizaron declarándose en quiebra financiera, por lo que hubo que rescatarlos con dinero del erario público, derecho al que podían acogerse al ser empresas honestas que respetaban escrupulosamente la ley. Estos, prometieron dedicar el dinero del rescate a crear trabajo. Cinco años después, los obreros en paro aún están esperando.

Josep García

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